Señales de iglesias espiritualmente abusivas

[Comparto el artículo que apareció en julio de 2014 en la revista electrónica, El Sembrador]

La escritora Mary DeMuth escribió una lista muy interesante sobre iglesias espiritualmente abusadoras. En mi artículo pasado escribí sobre las sectas y considero que las sectas son abusivas por definición. Pero hay iglesias que, sin ser sectas, presentan síntomas muy parecidos. Cada cristiano debería estar atento a este tipo de señales.

Aquí mi traducción de la lista de DeMuth:

1. Tienen una visión distorsionada del respeto
Olvidan el refrán de que el respeto se gana, no se impone. Los líderes abusivos demandan respeto sin haberlo ganado por su forma de vida honesta y buena.

2. Demandan lealtad como prueba de la lealtad del seguidor a Cristo
Es su camino o no hay camino. Y si un seguidor se desvía, es culpable de desviarse de Jesús.

3. Uso de un lenguaje de exclusividad
“Somos el único ministerio que realmente sigue a Jesús”. “Toda nuestra teología es correcta”. Creen que su manera de hacer las cosas, de pensar teológicamente o de tratar el ministerio y la iglesia es la única manera correcta. Todos los demás están equivocados, desviados o estúpidamente inocentes.

4. Crean una cultura de miedo y vergüenza.
Frecuentemente, no hay gracia para alguien que falla en las expectativas de la iglesia o el ministerio. Y si alguien se sale de las reglas, frecuentemente no escritas, los líderes los avergüenzan para que entren en razón. No pueden admitir las fallas pero frecuentemente buscan las fallas en los otros y usan eso para mantenerlos en miedo y esclavos. Frecuentemente citan Escrituras sobre no tocar al ungido del Señor o de acusar a los ancianos. Pero ellos frecuentemente confrontan el pecado en otros, particularmente en los que traen asuntos legítimos de la Biblia. O dejan que su círculo de influencia traten este tema y silencian las críticas.

5. Generalmente tienen un líder carismático al frente que inicia bien pero que cae en la arrogancia, proteccionismo y orgullo
Un líder puede iniciar mostrando interés en los problemas de los otros o tratando personalmente a los hermanos, pero él/ella poco a poco se retira a un pequeño grupo de personas que a todo dicen que sí. Se aísla así de las necesidades de los demás. Cultiva un culto a la personalidad, es decir, enseña que si él/ella se va del ministerio o de la iglesia, todo se vendrá abajo como si el sistema dependiera por completo en una persona.

6. Cultivan una dependencia hacia uno o varios líderes para que reciban información espiritual
El discipulado individual no se estimula. Con frecuencia, la Biblia se queda en las fronteras que el líder principal establece y enseña.

7. Demandan servicio de sus seguidores pero ellos viven vidas llenas de privilegios y lujos
Viven al margen de sus seguidores y justifican sus extravagancias como muestras del favor y la aprobación de Dios a su ministerio. A diferencia de las instrucciones de Jesús de tomar el último lugar, ellos más bien se sientan en los primeros asientos en los eventos y patios de otros para que les den privilegios.

8. Se esconden de la crítica al tener gente cercana que sólo obedecen al líder.
Ven a quienes traen problemas como enemigos. Aquellos que una vez fueron amigos/aliados rápidamente se vuelven enemigos una vez que plantean una preocupación. Algunas veces esas personas son desterrados y condenados a guardar silencio o serán acusados de rebelión.

9. Exaltan un desempeño externo pero rechazan la espiritualidad auténtica
Imponen a sus seguidores a actuar de cierta manera, vestirse de una manera aceptable y tener un estilo de vida aceptable.

10. Utilizan la exclusividad sólo si les obedecen
Los seguidores cercanos al líder o a los líderes se sienten iniciados. Todos los demás son externos a pesar de que quieran estar dentro del primer círculo de los líderes.

Hasta aquí la traducción. Ahora, ¿cuántos de estos síntomas hay en su ministerio/iglesia? ¿Cómo cree usted que Dios pueda cambiar ese ambiente? ¿Qué papel debiera jugar usted? Algunos han estado en esa situación y es un sentimiento opresor porque las opciones implican dolor: por una parte, usted puede decidir alejarse, pero, la misma culpa que le han inculcado, lo hará sentir cobarde y traidor. Por otra parte, puede quedarse, pero si levanta la voz, será visto como desobediente, rebelde y hasta amargado. En cualquier caso, mi sugerencia es simple: espere pacientemente que Dios le muestre el camino a seguir. Y una vez que así sea, ¡no se detenga! Su Padre siempre lo cuidará.

Si quiere revisar el artículo original, puede leerlo aquí: http://www.churchleaders.com/pastors/pastor-articles/155481-10-ways-to-spot-spiritual-abuse.html

Una reflexión sobre las sectas

[Este artículo apareció primero en la revista electrónica, El Sembrador, un nuevo proyecto que suena muy interesante. Apareció recientemente su primer número. Uno no necesariamente está de acuerdo con los artículos pero el ejercicio es loable]

Uno de los temas más difíciles de tratar es el de las sectas. Para empezar, la palabra tiene una carga negativa aunque su sentido original no sea necesariamente así. En los estudios sociológicos, por ejemplo, se habla de sectas como una clasificación de grupos religiosos. En inglés hay una palabra que sí tiene una carga negativa, incluso de peligro: “cult”. No tiene sentido traducirlo al español porque la palabra “culto” tiene otro significado diametralmente distinto. Acá si alguien dice “voy al culto” no está diciendo que va a una secta peligrosa sino simplemente que ve a un servicio religioso.

Digamos entonces que cuando decimos “secta”, de manera general, nos referimos a grupos cerrados que abusan del individuo y que de hecho, se colocan encima del individuo: “el grupo (iglesia) es más importante que el creyente”. Estas sectas transformarán al individuo, lo harán renegar de toda su vida pasada, lo harán sentir mejor y único. Antes estaba en una cloaca y ahora está en el paraíso en la Tierra gracias a la secta. Por lo tanto, su vida, su tiempo, su dinero le pertenecen a la secta. Los que quedan atrapados en estos grupos tienen un miedo tremendo a estar fuera porque eso significa perder todos los supuestos privilegios que hoy tienen. Expulsar a un miembro de la secta es quizá el peor de los castigos que se pueda concebir. El congregante de esas sectas le debe todo a su secta… y a sus líderes.

Los líderes de las sectas suelen ser carismáticos y no en el sentido bíblico sino a la manera que clasificó el sociólogo Max Weber una de las fuentes del poder. Es decir, los líderes apelan a una revelación personal, única y exclusiva. Aunque no es la regla, la gran mayoría de esos líderes ven con desconfianza a quien estudia e investiga en las Escrituras. Su interpretación es la única. Ellos tienen la verdad. Tener acceso a ellos significa estar más cerca de las nuevas revelaciones. El adepto a la secta está ansioso si el líder no lo ve, no lo saluda, no lo considera. Y al revés igual: “el amado líder me saludó, se acuerda de mi nombre, oró por mi”. La estructura de liderazgo puede dar la impresión de ser abierta pero no lo es. Hay un pequeño grupo, si no es que sólo hay un único y exclusivo líder, cerrado, elitista y enquistado en el poder. Enseñan que dirigir una iglesia no es un asunto democrático y que ellos han pasado sacrificios inenarrables: no sólo tienen una revelación divina única, se la han ganado. Cualquier intento de crítica, de cambio es visto como traición, herejía, meterse con el ungido. Muchas veces el crítico termina siendo el criticado y los errores del líder son en realidad, los errores de los testigos: la secta es perfecta, los imperfectos son los sectarios.

En todo esto hay una distorsión de la realidad, de la historia, de la Biblia. Llegar ahí requiere grandes dosis de manipulación, de ambición por el poder y de inyectar miedo, mucho miedo. Los enemigos de las sectas no son los ateos sino el mundo religioso. La secta enseña que todas las otras expresiones religiosas están equivocadas y que son esas iglesias las responsables del lamentable estado de cosas del cristianismo. El discurso de la secta es de reivindicación, de rescate, de salvación del mundo religioso. Hay sectas que afirman que son las sucesoras del cristianismo del Nuevo Testamento, que son las que rescatan a quienes traicionaron ese cristianismo por ahí del sigo II. Hay sectas que salen de otras sectas porque la secta madre se desvió. Si el mundo está en oscuridad es porque los hijos de la luz se han apagado: la secta encenderá ese mundo. Su problema, su enemigo real es la religión fría, tibia o mediocre.

Generalmente, las sectas no tienen teólogos. A los líderes les conviene la ignorancia porque eso provoca dependencia. El congregante de una secta depende de los líderes. Si el líder no sabe griego o hebreo es mejor. Dicen que son esos “maestros hipócritas” los que han desviado al pueblo. El que conoce algo más que el promedio siempre es sospechoso. Desde el púlpito se lanzarán invectivas en contra de “los sepulcros blanqueados”. No usarán la palabra “hereje” porque saben que ellos mismos lo son, pero la esencia es la misma: los traidores son los peores porque, habiendo saboreado las mieles de la secta, se fueron. Son herejes dentro de herejes, peligrosos porque sus palabras pueden desviar el corazón de los hermanos… y, claro, los líderes tendrían poco o nada que hacer.

¿Se puede reformar una secta? No. Al contrario de lo que dice aquella ley física, una secta se crea y se destruye, pero no se transforma. Y no lo hace porque al hacerlo caerán en la categoría de lo que siempre han criticado. Vista desde dentro, una reforma siempre es una traición: para ellos, reformar la secta es volverla tibia y rebajarla al nivel de los religiosos hipócritas que ellos detestan. Reformar es un síntoma de debilidad. Muchos congregantes, azuzados por los líderes, dirán que eso de reformar es de cobardes o de traidores. Incluso cuando se les demuestre que están en un peligro, ellos van a hacer referencia a su sucia vida anterior y la compararán con el paraíso donde viven hoy. “No veo a los hombres” se convierte en una frase escudo, en un mantra que los cubre de cualquiera que les quiera enseñar lo obvio: han abusado de ellos.

Hay varias prácticas dentro de la secta disfrazadas de convicción y de Biblia:

  • no se pueden casar con gente que no sea de la secta (“qué tiene en común la oscuridad con la luz”)
  • dar dinero a la secta es dárselo a Dios (“compartían todo lo que tenían”)
  • criticar a los amados líderes es meterse con Dios (“maldito el que se oponga al Ungido del Señor”)
  • dejar de participar en sus reuniones es pecado mortal (“no dejen de faltar a las reuniones”)
  • juntarse con otros cristianos los hace perder su cristianismo (“no le den perlas a los cerdos”)
  • reclutar a más miembros para la secta es salvar el mundo (“vayan y hagan discípulos”)
  • quien no nos apoya está es nuestro enemigo (“el que no está a muestro favor…”).
  • si quieres regresar, debes pedir perdón a la secta (como el hijo pródigo).

La lista es larga y algunas sectas suben el nivel de exigencia o ponen nuevas reglas. En todo caso, hay un disfraz de cristianismo detrás de sectarismo.

Justo porque “parece” cristiano, es difícil ayudar a personas que, para colmo, han sido intoxicadas con el miedo, el castigo, la represión si piensan diferente a la secta. Ni siquiera ayuda pedirles que ellos mismos busquen información porque sus líderes les han enseñado que esa información es mala información propagada por enemigos y por traidores. Por ejemplo, cuando se habla de manipulación, ellos dirán “¿a quién de ustedes hemos obligado para hacer tal o cual cosa? ¿A quién le pusimos una pistola en la cabeza para que dijeran que sí?”. Les han enseñado que dejar la secta es como morir de hambre. La dependencia es tal, que cualquier cosa mala que les pase es un castigo de Dios por dejar a los iluminados.

Yo diría que hay tres formas de ayudar a los hermano atrapados en la secta.

  1. Orar

Dios no deja sin escuchar a su pueblo. Los que lo buscan lo van a encontrar. El cristiano debe orar por los hermanos de las sectas. Por paciencia. Por amor.

  1. Informar

Hay que propagar las Escrituras. Informar sobre las creencias históricas del cristianismo, sobre las varias interpretaciones de diferentes pasajes bíblicos. Enseñar los horrores del sectarismo en diferentes momentos de la historia. Convertirse en un maestro cristiano.

  1. Ser luz

Quizá sea la herramienta más eficaz y más compleja. Si queremos mostrar la densidad de la oscuridad de las sectas, debemos iluminar con nuestra vida espiritual. Mostrar la luz y no sólo mencionar la luz. Ser uno mismo el evangelio del amor, la libertad, la gracia, el perdón. Demostrar, con nuestra vida plena, que la secta es prima-hermana del demonio.

En cualquier caso, sólo el amor, la paciencia y el perdón podrán desenmascarar las diferentes caras del sectarismo. No es una tarea sencilla ni popular. Pero Dios sabe honrar a los que trabajan por la paz.

The Great Commission Part 3: Application

Luis Venegas:

La tercera parte de la serie sobre La Gran Comisión. Una aplicación para los cristianos de hoy. Interesante.

Originalmente publicado en Daniel B. Wallace:

This is the third of three blogs on the Great Commission (Matt 28.19–20). In the first one I talked about the grammar of this passage and concluded that the standard English translation, “Go and make disciples… baptizing… teaching” is an accurate representation of the idioms of the Greek text. In the second blog I discussed the historical setting and noted that the command was given to the disciples to evangelize by going out of Jerusalem and to the Gentiles. The mission was eccentric rather than ethnocentric. That is to say, the apostles were to go out of their way to bring the good news of Jesus Christ to those outside of Jerusalem, including non-Jews. We also argued that in doing this, the apostles had to abandon 1400 years of food laws that had been ingrained in them, in their history, in their traditions. The gospel was for all people and…

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