Diez cosas que los padres responsables deberían saber sobre Kip McKean y su movimiento

Tomado de: http://www.exicc.org/2014/10/concerned-parents-kip-mckean-icc.html Traducción libre:

10. Dos terceras partes de la Iglesia Cristiana Internacional (ICC, por sus siglas en inglés) está compuesta por estudiantes universitarios de entre 18 y 22 años. Muchos son echados de la universidad porque son incapaces de gestionar la escuela y la rigurosa agenda de la iglesia que cada miembro tiene la obligación de cumplir: iglesia el domingo, servicio a mitad de semana el miércoles, charla bíblica el viernes discipulado (D-Times en inglés), reuniones, evangelismo o “compartir” varias horas al día, estudios bíblicos con nuevos reclutas, “servir” a líderes pagados haciendo labores de limpieza de su casa, cuidado de niños, recados para ellos, etc. Si no se cumplen estas exigencias, los estudiantes son sometidos a sesiones de quebrantamiento donde se les hace sentir que tienen un mal corazón y que son egoístas por no poner a la iglesia en primer lugar y como resultado se ponen en riesgo de ir al infierno.

9. Los tres hijos de Kip McKean fueron a escuelas privadas, se graduaron de colegios de la Ivy League, y fueron a escuelas de posgrado. Los hijos de Kip dejaron la organización y no quieren saber nada de la iglesia. Nota al margen: durante sus años de universidad, la hija mayor de Kip sufría ataques de depresión y pensamientos suicidas debido a la presión y el escrutinio intenso para e buen desempeño, características del liderazgo y la cultura de la iglesia de Kip. Dado que muchos dentro de la ICC (incluyendo altos dirigentes), así como ex miembros han compartido que ellos también han experimentado estas emociones como resultado de su afiliación a la iglesia, Kip se sintió obligado a escribir un artículo sobre el tema de “La Acedía, el pecado olvidado” para desviar su responsabilidad en cultivar un ambiente en donde la depresión es común porque los miembros no sienten que sean capaces de hacer lo suficiente o que estén a la altura de la norma de Kip.

8. El colegio interno de la organización, ICCM, no está acreditado. Varios estudiantes han abandonado sus universidades para inscribirse en el ICCM.

7. Muchos de los principales líderes de la Iglesia Internacional Cristiana (Líderes de Sector Mundial) está compuesto de hombres que se han casado varias veces, engendrados hijos fuera del matrimonio, y pasado tiempo en la cárcel por fraude. Un líder de sector mundial una vez cometió adulterio dos veces con prostitutas. Cuando se le preguntó acerca de la falta de credibilidad y la experiencia de los hombres y mujeres que él había nombrado para supervisar las iglesias y los sectores del mundo, la respuesta de Kip es “La iglesia simplemente no tiene el talento …”

6. Se pide a los miembros que “boteen” (de pie en las esquinas o intersecciones concurridas pidiendo dinero) para recaudar fondos para las misiones especiales y un sinfín de retiros, conferencias, talleres, etc organizados por la iglesia. Es común para los estudiantes universitarios que usen su dinero de la ayuda financiera para su meta para las Misiones Especiales. La presión para financiar estos proyectos a menudo es tan grande que el hijo de una pareja de pastoreo de alto rango fue arrestado por robar relojes de una tienda departamental para hacer su contribución especial de misiones.

5. La iglesia a menudo predica que si alguien no da “fruto” regularmente (que invite personalmente a alguien, que “estudie la Biblia” y que lo bautice), será separado de Jesús y arrojado al infierno. Sin embargo, nadie puede recordar la última vez que la esposa de Kip, Elena McKean, haya dado fruto personal ni ninguno de sus discípulos directos. Al parecer, Juan 15: 5-8 no se aplica a ellos.

4. La iglesia sistemáticamente infantiliza a sus miembros, al exigirles que tengan el permiso (es decir “pedir consejo”) de los líderes de la iglesia sobre cualquier cosa en sus vidas: dónde vivir, dónde trabajar, dónde ir a la escuela, con quién tener novia, con quién se casan, si pueden o no ir de vacaciones. A los estudiantes, en particular, no se les anima a ir a casa durante las vacaciones de la escuela para visitar a la familia.

3. Quitando a los estudiantes universitarios, el resto de la iglesia se compone de los “trabajadores pobres”. Individuos y familias que apenas pueden llegar a fin de mes todavía se les exige sacrificar todo lo que tienen a la iglesia con la promesa de que Dios se encargará de ellos. Sin embargo, las únicas personas que Dios parece estar “cuidando” son aquellas en el liderazgo superior.

2. La iglesia no bautiza extranjeros a menos que acepten regresar a su país de origen con el único propósito de ampliar la Iglesia Cristiana Internacional.

1. Kip cree que él es un “apóstol de hoy”, “la mano derecha de Dios”, y un “sumo sacerdote”. A menudo utiliza Deuteronomio 17: 12-13 para infundir miedo y obediencia en aquellos que son lo suficientemente “arrogantes” como para cuestionar sus decisiones y acciones:

“La persona que actúa con arrogancia, negándose a escuchar bien al sacerdote que está allí sirviendo al Señor, tu Dios, o al juez, debe morir. Así quitarás el mal de Israel. Y todo el pueblo oirá sobre ello, tener miedo , y ya no comportarse con arrogancia “.

America Is More of a Club Than a Family

Originalmente publicado en TIME:

Over the course of the last 15 years or so, there’s been an explosion in the number of charter schools around the country. According to the latest figures (from 2012), some 2.1 million students are enrolled in schools run by private groups awarded public money. The schools bear optimistic names like “YES Prep North Central” (in Houston) and “Animo Leadership High” (in Inglewood, California). Beyond the specific concerns about education, the charter school movement is powered by a particularly American world-view, one rooted in the ethos of the dissident Protestant churches that were the foundation of early American culture: Citizens opting out of a hierarchical system to pursue personal goals by joining together in a local, voluntary society.

This ideological impulse – which I and others call “voluntarism” – is a cultural trait that helps explain why the United States remains different from comparable wealthy, western nations. Broadly speaking…

Ver original 1.230 palabras más

Morning Must Reads: September 24

Originalmente publicado en TIME:

Fresh Air Strikes Hit ISIS in Syria

Military aircraft carried out raids against ISIS in northern Syria on Tuesday night, according to a monitoring group. Reports say planes hit Sunni militants near Kobani, where thousands of civilians are fleeing. Since Friday, almost 140,000 refugees have crossed the border into Turkey

College: Pricier Than You Think

Nearly 9 out of 10 freshmen think they’ll earn their bachelor’s degrees within four years, according to a nationwide survey. In reality, fewer than half will

Coke, Pepsi Pledge Calorie Cuts

The U.S.’s three largest soda companies promised on Tuesday to reduce the calories in sugary drinks by 20% over the next decade

A Quarter of Millennials Will Never Get Married

The number of Americans who have always been single and will never marry is at a historic high, according to a new Pew Research report, partly because they don’t have jobs and partly because…

Ver original 434 palabras más

Placebos

Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente (Mateo 9:17)

El gran problema cuando se vive en un sistema religioso abusivo es que muchos de las soluciones de hermanos bien intencionados son sólo calmantes. Es querer curar el cáncer con agua oxigenada. Lo viví y lo sigo viendo. ¿Por qué no funcionaba la campaña evangelística? ¿Por qué los hermanos seguían igual después de la velada de oración? ¿Por qué los hermanos seguían faltando y no daban sus ofrendas y “pecaban”? ¡Porque todo el sistema estaba quebrado! Había hermanos que tenían muy buenas ideas, muy buenas propuestas. Pero llegaban a las manos de los líderes y todo lo que ese plan tenía de vivo se convertía en algo acartonado, seco, aburrido, tibio. Eso, si pasaba por la autorización de los superiores. Si decidían hacerlo “por la libre” y simplemente lo empezaban, no faltaba el día en que la jerarquía se enteraba y terminaban con el plan, con el hermano y con toda idea que no tuviera su bendición. No es que no creyeran en los hermanos entusiastas. No. Lo hacían todo en nombre del orden, el progreso y la paz de su iglesia. Estos hermanos de buen corazón siguen existiendo. Todo mundo los conoce… y todo mundo sabe que ahí no serán libres de aplicar su idea hasta que lleguen a cierto nivel de liderazgo y, entonces, se tendrán que cuadrar a lo que otros liderazgos autoricen. En los sistemas jerárquicos, los cambios suelen venir siempre de arriba hacia abajo. Pero de muy arriba. Es ahí donde el sistema se mantiene. En esos puestos, algunos líderes se suelen quejar de lo apático de los hermanos. Piden alguna propuesta y nadie propone. Dan a conocer un plan y todos dicen que sí. ¿Cómo pretenden que los hermanos opinen cuando nadie les ha enseñado a hacerlo? ¿Cómo va alguien a dar una idea cuando los han oprimido por años? ¡No saben volar! Así que esos lindos planes no son más que placebos. El Espíritu de los hermanos no es alimentado. Lo pueden ver en cientos de congregaciones: las cosas se hacen así porque así se han hecho por décadas. El hermano entusiasta más tarde o temprano se da cuenta de eso. A veces concluye que el malo del cuento es él. No. El sistema está rebasado, no funciona, no sirve. El responsable, hay que decirlo, es el liderazgo. Son ellos y no el hermano bien intencionado los que sojuzgan a la Iglesia. Pero, como lo hemos visto también, el creyente un día se da cuenta que las alas nunca se las cortaron y simplemente vuela. ¡Qué maravilloso día ese!

¿Y los pobres?

Pero vosotros habéis menospreciado al pobre (Santiago 2:6)

“Todo se lo debes a la iglesia”. Una y otra vez me lo dijeron. Cuando estaba dentro, esta frase funcionaba para que no me fuera. Cuando estuve fuera, era un reproche por lo malagradecido que había sido. Ellos lo creían. Había algunas evidencias de que era cierto. Muchas personas llegan ahí con vidas destruidas, con una visión terrible de sí mismas, con dependencias enfermizas hacia sustancias, personas, grupos. El típico converso viene de un desastre personal y su último recurso es la religión. Es ahí, en esa institución, donde le llenan de sentido, donde le dan una guía para que sienta que pisa en suelo firme. Es ahí donde tiene esa epifanía, esa revelación de que hay algo por lo que vale la pena seguir vivo. Esa persona vive con entusiasmo y con pasión su nueva vida. ¿Cómo alguien se atreve a cuestionar su ancla a la felicidad? Si esa persona, además, empieza a tener autoridad, afirmación, la institución tiene ganada la lealtad casi absoluta del converso. Porque, además, en algunos casos, esos conversos se vuelven profundamente incompetentes en la sociedad. Mientras que la sociedad los mira como mediocres por no pasar de ser taxistas, albañiles o profesores, en su iglesia aparentemente los valoran y puede ocurrir que el taxista sea el líder espiritual del gerente de una poderosa empresa. Pero esto es una excepción y no la regla.

Cuando uno mira a los verdaderos jefes de la institución y observa con detenimiento sus intereses y ambiciones, se lleva sorpresas. ¿Cuántos siguen diciendo que dejaron mucho por estar en la iglesia? ¿Cuántos son mirados como “héroes” por rechazar el nombramiento de alguna corporación y dedicarse de “tiempo completo” a su iglesia? Los hermanos que no son dueños de títulos y dinero son, a lo más, buenos servidores, leales, pero no verdaderos “líderes”. Noten cómo la ambición de muchos de esos pastores es tener la misma vida que un alto directivo de una empresa. Y en el fondo, el taxista leal jamás es reconocido ni en la sociedad (cosa que no le importa) ni en su iglesia (tragedia total). Les duele saber esto: las grandes decisiones no son tomadas por ellos sino por los que ambicionan tener la vida que el mundo según ellos les daría de no estar ahí. Sus autos, casas, viajes, ropa lo demuestran: estos pastores desprecian y miran hacia abajo al converso entusiasta pero pobre.

No. Tan feo como es, en esas iglesias donde se ambiciona un estatus en el mundo más que uno en el cielo, no tienen cabida los que simplemente quieren atesorar oro en el cielo. Unos viven en el más acá y otros en el más allá. Y visto así, a muchos de esos líderes les queda perfecta la frase: ellos sí le deben todo a su iglesia. Y por tanto, no dejarán ni soltarán el negocio.

Una sola carne

Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne (Génesis 2:24)

Hay a quien le encantaría que este versículo dijera: “Por tanto el hombre irá ante un representante de Dios o del Estado para que les de la bendición, dejará a su padre y a su madre y serán una sola carne”. Me he topado con parejas bien establecidas, que por años han vivido juntos, que han criado a sus hijos e incluso ya son abuelos. Pero nunca nadie les dio una autorización, una bendición, un papel que dijera que esos tales son un matrimonio. Entonces, un día el papá le dice a la hija “me voy a casar con tu mamá”. Inicia una bonita celebración familiar donde los padres se van a casar porque por veinte años quién sabe qué eran. Cuando esto se traslada a la iglesia, la situación es todavía más dramática. No sólo no son matrimonio: están en pecado. Y mientras no se casen, Dios no los mira con agrado. Por supuesto, en nuestras culturas, una boda no sólo es ir ante el juez o ante el ministro a solicitar su oficio de autorización. No. También es gastar para la celebración. Como algunos no pueden o no quieren hacer tal gasto, esa pareja no casada pero viviendo juntos, termina siendo la apestada de la iglesia. No puede ni siquiera aspirar a un puesto dentro de la estructura: incluso su mismo cristianismo está bajo sospecha. He visto casos de verdadero terror emocional: “si no te casas, sigues siendo una hija del diablo”, “Dios te vomita y no puedes ser su hija porque vives con un hombre”, “tu pecado se llama fornicación y mientras no lo dejes, estás lejos de la gracia”. Las parejas así, terminan fuera porque la presión para tener el papelito es muy fuerte. O bien, terminan rendidos ante lo evidente: si quieren ser parte del club de fans de Dios, deben obedecer las reglas de dicho club. Esta obsesión por las obras, disfrazada de piedad, es una trampa del demonio, es lo peor que le puede pasar al cristianismo. Metidos en un lío de confusión de cultura, religión y buenas intenciones, el matrimonio ritualista se convierte en un instrumento de dominación y manipulación constante. Me gustaría decirle a esas personas engañadas: no, Dios no lo ama menos porque no tiene el papel del juzgado civil. Dios lo ama porque sí, porque así quiere. Goce de ese amor… y del amor de su pareja.

Buenos pretextos

Centrarse en uno mismo es lo contrario de centrarse en Dios. Cualquiera completamente absorto en sí mismo, no tiene en cuenta a Dios; termina pensando más en sí mismo que en Dios. Esa persona ignora quién es Dios y lo que Dios está haciendo (Romanos 8:7)

“Yo estoy aquí por Dios, no por los hombres”. Un día me di cuenta que en realidad seguía ahí porque pensaba más en mí mismo que en Dios. Todos mis pretextos caían en un círculo vicioso en donde me condenaba trágicamente a estar en ese lugar porque me daba miedo salir. Y ese miedo me paralizaba. Me hacía posponer lo que ya era inminente: ese no era mi lugar. También ponía de pretexto que Dios no era claro en lo que me pedía. ¡Pero sí que lo era! Sólo que mi ego me ponía una barrera ficticia. Me daba cuenta de que su doctrina era perversa. Sabía de los abusos hacia hermanos. No desconocía los desastres en el manejo del dinero. La falta de crecimiento era grotescamente evidente. Y yo seguía ahí. No podía huir. No podía ser un traidor. No podía ser un cobarde ni malagradecido ni amargado ni rencoroso. Me habían atado pero yo había encontrado la llave y no la usaba. Entonces venía la culpa: sí estaba huyendo, siendo traidor, cobarde… pero conmigo mismo. La sensación de estar en un lugar donde todos tienen caras felices y tú no es insoportable. “Quizá yo esté mal y ellos bien”. Así pasaron meses enteros. Tenía que poner cara de felicidad pero en la intimidad de mi recámara, mi vida espiritual agonizaba. Estaba seguro, además, de que no era el único.

Pero llegó el día. Nadie me trató mal. Nadie me hizo un gesto de desagrado. Simplemente vi con claridad que seguir sometiendo mi voluntad y mis decisiones a hombres con buenas intenciones pero con espiritualidad tendiente a cero, era una estupidez mayúscula. Se trataría a partir de ahí en centrarme en mi o en centrarme en Dios. No tenía que ver ni siquiera con el lugar en sí mismo porque siempre he sabido que hay más de uno ahí dentro con una gran relación con Dios. No. Era mi propio llamado. Esa voz que me había dicho desde hacía tiempo que yo tenía que salir. Era eso que el mundo llama “intuición”, “corazonada”, “sensación”; pero que yo llamo simplemente Dios. Salir de ese lugar, para mí, representó en realidad ponerme ante el reto de seguir ocupado en mi carne o estar ocupado en los asuntos espirituales. Es mi oración que usted adivine cuál le conviene más. Así será.