Religiosos

Los días guadalupanos, que en México son el 11 y 12 de diciembre, me conmueven mucho… tanto como cuando recuerdo esos días en que nos desvelábamos y no dormíamos por orar y leer la Biblia; cuando no comíamos porque era comprar la comida o dar la ofrenda; cuando nos subíamos a vender dulces porque iniciaríamos una “misión”; cuando los domingos nos levantábamos temprano para el pre pre pre servicio; o como cuando corríamos al Metro porque nos dejaba el último; o cuando hacíamos guardia cerca de la casa del hermano débil para cazarlo y decirle que si no iba era caída; o cuando a la hermana soltera se le decía que siguiera orando porque su pareja tenía que ser de la misma secta; o como cuando a nuestra familia le decíamos que nuestra verdadera familia eran los de la secta y no ellos…

La única diferencia es que nosotros presumíamos de hacerlo siempre, no una vez al año… eso y que nadie nos daba cafecito gratis en la calle (salvo el 11 de diciembre cuando sí nos daban porque caminábamos por las mismas calles que los guadalupanos).

Cumpleaños

Cuando era más joven me preguntaba por qué nos felicitamos cuando cumplimos años. Pensaba que ni siquiera tenemos muy claro cuándo nosotros somos los que somos. Quizá fuera más conveniente festejar el día que las células paternas y maternas se unían, nueve meses antes de ver la luz de este planeta. Otra respuesta, más bien de teoría de la conspiración, era que en realidad el cumpleaños era un rito velado a las deidades del sol. Al fin y al cabo, nuestros calendarios son solares y cuando cumplimos un año hemos dado una vuelta completa al sol. Como fuera, ¿por qué nos decimos “feliz cumpleaños”? Todavía no sé si existe una respuesta clara y contundente. Pero suelo pensar que los cumpleaños en realidad son celebraciones a la vida. El abrazo sincero, las palabras, las fiestas de cumpleaños sirven para gritar a los cuatro vientos: ¡qué bueno que estás vivo! Ese día una mujer sufría para que yo naciera. Ese día un hombre esperaba paciente pero ansiosamente la llegada de lo que él había ayudado a crear. Es un día en que recordamos que la anatomía completa parece conspirar sospechosamente contra la muerte: los órganos femeninos parecen misteriosamente acomodados para guardar vida. El nacimiento y su recordatorio anual es, entonces, un canto de victoria a la muerte.

Pero el cumpleaños es también, idealmente, un recordatorio que los demás nos dan de algo que, con la cotidianidad, se nos olvida: ¡qué maravilla estar cerca de ti! ¡Es grandioso tenerte como hermano, hijo, pariente, amigo, compañero, camarada! Sólo podemos tener amigos en la vida. Nos abrazamos porque el amor tiene una fuerza de atracción poderosa. Las personas que se quieren, quieren estar cerca. Al abrazar al cumpleañero le ganamos, aunque sea por 24 horas, al reino del mal y la oscuridad. El cumpleaños es también la fiesta que tenemos porque queremos a otra persona.

Y también es, qué remedio, el recordatorio anual de que el tiempo pasa, de que nos vamos haciendo viejos, de que la tumba nos espera pacientemente. Aquí es donde la creencia juega un papel fundamental: el cristiano cree que la muerte no es más que un estado intermedio antes de habitar eternamente a su Dios. De hecho, el cristiano dice que “se va a dormir” y que cuando despierte, lo primero que verá es al Maestro.

Por mi parte, he descubierto que me encanta el día de cumpleaños. Celebro a la vida. Celebro a mis amigos y conocidos. Espero con ansia dar una vuelta más, a ver qué más pasa. Y sí, también digo con Pablo:

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 5:55)

Donde está tu tesoro está tu corazón

Porque donde esté su tesoro, allí estará también su corazón (Mateo 6:21)

Para el pensamiento hebreo, “corazón” es el centro mismo del pensamiento. No es donde están los sentimientos ni los estados de ánimo, para eso está el estómago, las vísceras, los riñones, pero en el corazón residen los pensamientos más profundos de una persona. Ahí están las certezas, las creencias, la seguridad de lo que uno hace, quiere y, al final, lo que uno es. Por otro lado, está el tesoro. Un tesoro constituye una riqueza, seguridad no sólo en el presente sino en el futuro. Un tesoro tiene una importancia increíblemente grande y, típicamente, está bien guardado. Aunque es valioso por sí mismo, el tesoro tiene la cualidad de poder ser cambiado por otras cosas: prosperidad, viajes, satisfacciones personales. El Maestro nos está diciendo que nuestros pensamientos y nuestros tesoros están íntimamente ligados. El examen para saber cuáles son mis tesoros es muy sencillo; sólo hay que preguntar esto: ¿en qué cosa es en la que más pienso en el día? ¿Por qué hago lo que hago? Mientras que para algunos son “los placeres” del mundo, fácilmente criticables por los cristianos de la vela perpetua; hay otros tesoros igualmente mundanos pero políticamente correctos, incluso motivados por ¡cristianos piadosos! Puede ser, por ejemplo, en las ganas de “tener un nombre”, en esas cosas que dan prestigio, que hacen sentir a uno importante. Ya se sabe: la trascendencia, la fama intelectual, el reconocimiento. Es mi caso y he tenido que entablar una dura lucha contra eso. Mientras mi tesoro no sea única y exclusivamente mi Señor, mi Salvador, ni siquiera voy a valorar los “lingotes de oro” que, de hecho, ya me está dando ahora mismo. Y no me puedo confundir en medio de las actividades religiosas que pueda tener. Incluso el mejor de los sermones, el que de más bendición a mis hermanos, pudo tener un origen egoísta: recibir el aplauso generoso de mis hermanos. Si realmente quiero crecer en las ligas espirituales, debo salir de las ligas mundanas. Hasta que no ocurra eso, mi mente, mi corazón, seguirá vagando en medio de planes y objetivos más o menos mundanos, más o menos piadosos. Hasta entonces no seré más que otro creyente mediocre.

Carta abierta a la Iglesia de Cristo en México AR (ICMAR)

[Escribí esta carta a la comunidad que pertenecí y la hice pública el 11 de febrero de 2013.]

Queridos hermanos,

He pasado 16 años de mi vida en esta comunidad cristiana y hoy anuncio la salida mía y de mi esposa. Escribo estas líneas para tratar de explicar lo que han significado todos estos años ahí, para tratar de transmitir lo que estoy pensando ahora mismo. La mitad de mi vida la he pasado en la ICMAR. No tengo palabras para agradecer a Dios todo lo que me enseñó estos años. Aquí conocí a mi esposa, a mis mejores amigos, a seres extraordinarios, llenos de fe y gracia. Fue dentro de la ICMAR donde pasé los años más fascinantes de mi vida; llegué a la mitad del bachillerato, cursé todos mis estudios profesionales, obtuve mi primer empleo; de ser un muchacho a la mitad de la pubertad a ser ahora un adulto con responsabilidades. ¡Cómo no sentirme conmovido por eso! ¡Cómo no recordar a la ICMAR con gran emoción y gratitud! Es más, fue aquí mismo donde mi sed de Dios, mi hambre espiritual inició. Toda mi formación religiosa se la debo a la ICMAR.

CAMBIO 2: Deja de perder el tiempo

Del libro: 52 Cambios de Leo Babauta:

EL CAMBIO

Practica no perder el tiempo por sólo 10 a 15 minutos al día.

CÓMO

  1. Aparta algún tiempo cada día para dejar de perder el tiempo. Inicia con 5 minutos en los días 1 y 2, y 10 minutos en los días 3-7. Déjalo en una hora específica, por ejemplo, 9 a.m.
  2. Antes de que inicies tu tiempo, ten una tarea importante por hacer. Sólo una tarea. Sólo necesitas hacerlo por 5 (o 10) minutos.
  3. Limpia las distracciones. Apaga el internet, cierra todos los programas no necesarios, conecta algunos audífonos y pon música si lo necesitas. Haz todo esto antes de que inicie el tiempo.
  4. Cuando notes esa urgencia para irte a algo más cómodo, detente. No hagas nada, sólo observa. Está bien tener esa urgencia, pero lo que es importante es aprender que esa urgencia no te controla. Sólo puedes observar, incluso si eso es un poco incómodo. Observa la urgencia, respira y regresa a la tarea importante.
  5. Repite los pasos de arriba  tantas veces como sean necesarias.
  6. Disfruta el proceso. Cuando le tememos a algo, nos desanimamos, pero en cambio, si podemos aprender a disfrutar eso, no va a ser tan duro o terrible.
  7. Enfócate en el momento y disfruta la misión. Aléjate del miedo y enfócate en lo agradable, lo pleno, la alegría de hacer cosas.

He traducido la palabra «procrastination» («¿procrastinación?») como «perder el tiempo».

Los cristianos solemos perder el tiempo en miles de pequeñas tareas que no son nada importantes. Que si levantar las manos en la música o no, que si las mujeres se visten como monjas o no, que si la consubstancialidad o no… ¡Hay otras miles de tareas realmente importantes y nosotros perdiendo el tiempo con eso!

Hebreos 3:13

Al contrario, anímense unos a otros cada día, mientras dura ese «hoy» de que habla la Escritura…

CAMBIO 1. MEDITA

Del libro: 52 Cambios de Leo Babauta:

EL CAMBIO

Busca un lugar tranquilo y siéntate por 2 minutos, enfócate en tu respiración. Esta es una forma sencilla de meditación.

CÓMO

  1. Comprométete a que sean sólo 2 minutos al día.
  2. Elige una hora y un recordatorio.
  3. Encuentra un lugar tranquilo.
  4. Siéntate cómodamente.
  5. Inicia con sólo 2 minutos.
  6. Enfócate en tu respiración.

La meditación, diríamos los cristianos, es simplemente concentrarse en el Dios en el que creemos. Es dejar todo a un lado, y poner pensamiento, respiración y concentración en la sintonía espiritual del Padre al que Jesús le llamaba Abba. ¿Quieres escuchar a Dios? ¡Cállate!

Salmo 37:7

Guarda silencio ante YHWH y espera en Él.

Feliz inicio de década

Pues llegamos a la segunda década del tercer milenio. ¿Qué nos espera los próximos diez años? La gran incógnita, la gran pregunta, el gran empeño del hombre: intentar predecir, jugar al profeta. No lo sabemos porque ni siquiera estamos seguros de la existencia del destino. Así que salgamos a enfrentar los retos. No olvidemos que el Señor está listo a hablar y que sólo necesitamos tener la frecuencia correcta para escucharlo. Lo que sigue sí es decisión nuestra: o lo obedecemos o no. Mi humilde recomendación es que lo obedezcamos.

Bendiciones para el 2011.

Bendiciones para el 2009

El mundo se prepara para recibir una de las crisis más anunciadas de los últimos años. Por aquí y por allá escuchamos noticias de caídas, de temblores, de explosiones. Los nubarrones se ven amenazantes. Pero a Jesús le prometimos ser fieles en la prosperidad y en la adversidad.

Este año, casi seguro, miles querrán conocer al Dios que parece lejano en la tormenta pero que en realidad está más cerca de lo que pensamos. Almas sedientas y hambrientas de llenar un vacío que engañosamente cubrieron en la abundancia. ¿Qué les diremos? ¿Les hablaremos bonito o les proclamaremos el evangelio cristiano?

Les diremos que el Maestro no ofrece un calmente, una píldora que se toma en caso de necesidad. Les diremos que ese Maestro pide todo de nosotros y que promete vida eterna. Les recordaremos que en la tumba todos somos iguales y que a los cristianos no nos intimida la idea de morir no por ser suicidas o deprimidos sino porque la muerte es la santificación, el encuentro con el Padre. Todo eso y más habremos de predicar este año. Y quizá lo hagamos mientras recitamos el Padre Nuestro o aquel Salmo que tiene de número 23 y que empieza así:

Jehová es mi pastor

nada me faltará...

Bendiciones, queridos lectores, y nos vemos mañana en la batalla.

Estampas

Pues si es cierto que segundos antes de morir uno recuerda todo lo que ha vivido, ¿qué recordaría yo? La pregunta parece un tanto ociosa e incluso hasta inútil. Acaso imposible. Hoy mismo creo que vería cientos de rostros, de los que han pretendido hacerme mal (muy pocos) y de los que siempre han tenido una sonrisa y un gesto amable (los más). Ahí estarían rostros y nombres y de seguro que habría una sonrisa de complicidad con aquellos que han compartido pequeñas transgresiones a la cotidianeidad. Estoy seguro que cada día podría ser recordado como el día de una persona. Por supuesto, miles de días tendrían el mismo nombre: el día de mi madre se repetiría casi igual que el día de mi padre y el día de mi hermana. Y claro, el día de los amigos. En los últimos 2555 días, un nombre dominaría, omnipresente, catalizador: Esperanza. Y así.

También, de seguro, recordaría las millones de horas que la literatura me ha transportado fuera de este mundo inverosímil. ¿También se recordará en esa última hora el tiempo que uno duerme? Quizá algunos atardeceres, algunas mañanas, muchas noches, algo de cine, música, mucha música.

Sí: también las lágrimas que uno suelta por su cursilería, por dolor, por alegría. ¿Las ocasiones que uno llora por la risa, por la alegría que le causa estar a lado de un amigo? Seguro que sí.

Y lo espiritual: el Dios que ha estado ahí casi la mitad de mi vida, o siempre. Siempre y nunca: palabras resbaladizas. Muerte y vida: lo concreto. La vida como juego, aburrido, sí, pero disfrutable. No exento de suspiros, resignaciones y entusiasmos.

Vaya pues desde este humilde espacio un saludo fraternal a los compañeros de ruta, los que sobreviven, los que se fueron, los que he olvidado por odiosa costumbre adquirida en algún momento de esta ruta. Los homenajeo en estos días aciagos.

Por cierto, hoy, 25 de agosto, cumplo un año más de vida.

Los perseguidos por causa de Jesús

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Regocijaos y alegraos; porque vuestro galardón es grande en el cielo; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Aquí está la parte que muchos quisieran saltarse. La parte comprometedora del mensaje. El círculo se cierra: Jesús es la verdad y por la verdad vale la pena ser insultado y perseguido. Es el compromiso máximo de un seguidor. Un discípulo de Cristo lo seguirá cuando esté en las buenas y, principalmente, en las malas. Los grandes hombres han sido siempre perseguidos, incluso los profetas, personas que «el mundo no merecía», fueron acerrados por la mitad, apedreados, maldecidos por la sociedad. Jesús mismo padecería la más ignominiosa de todas las muertes imaginables en esa sociedad del siglo I.

Es cierto que estas verdades son universales. Escuchemos al crítico que, con el Eclesiastés dirá, no hay nada nuevo bajo el sol, ya Buda lo había enseñado antes. Quizá. Pero lo que el Maestro está diciendo aquí es una prevención contra los malos entendidos: este es el camino que el Hijo de Dios está trazando y sus seguidores deberán pasarlo les guste o no. Ahí, en obedecer al Señor, se demuestra quién es cristiano de verdad y quién cristiano de teatro. Porque, hasta la bienaventuranza anterior, todo el mundo podría estar de acuerdo. Podríamos crear un programa ético y cultural basado en estas pequeñas sentencias. Está de moda aquello del multiculturalismo, tolerancia, responsabilidad social. Pues bien, el programa del Maestro podría ser planteado por un no creyente y todos aplaudirían. La izquierda diría que ese es el programa histórico de los movimientos progresistas de todas las épocas. La derecha diría que ese es el objetivo final de toda política pública. Secularicemos el sermón de la montaña y seamos felices.

Más

Mateo 5:1

Y viendo las multitudes, subió al monte; y sentándose, sus discípulos vinieron a Él. 

Los discípulos de Jesús: este fue el auditorio, el grupo al que enseñó y predicó el Maestro este sermón. Según los versículos anteriores, aquí Jesús ya tenía un grupo de seguidores a los que antes había prometido convertirlos en pescadores de hombres (Mateo 4:18). Pero además de estos cuatro hermanos (Pedro y Andrés, Santiago y Juan), había gente atraída por la fama de aquel sanador de Galilea que además de exorcizar, proclamaba «arrepiéntanse porque el Reino de los cielos ha llegado». El galileo decía que esta era una buena noticia. El Rabí hacía y decía, enseñaba y actuaba. Pero, ¿de qué tenían que arrepentirse?, ¿qué era ese Reino de los cielos?, ¿quiénes eran sus súbditos?, ¿quién era el Rey? Acaso pocos de los que estaban en ese monte querían saber las respuestas. Quizá sólo deseaban ver el espectáculo: «¿verdades doctrinales?, ¡eso es para los teólogos! Dame de comer, quítame esta enfermedad, consuélame, resucita a alguien…».

«Los discípulos se acercaron». Sus seguidores , aquellos a los que algunos años después les llamarían cristianos, la comunidad de los cercanos de Jesús; ellos fueron los que escucharon este mensaje. Jesús evangelizó en primer lugar a sus seguidores. ¿Por qué se nos olvida ese mensaje a sus seguidores del siglo XXI?

¿Para qué un ministerio de solteros?

En los dos últimos años he sido parte de un grupo compuesto de solteros. Esta es una tendencia en varias iglesias que se organizan de acuerdo a características comunes de sus miembros. En casi todas las organizaciones hay un grupo de jóvenes. En otras, como la mía, también hay grupos de matrimonios, de viudas y de solteros. La idea detrás de esta organización es que los integrantes del grupo pueden ayudarse porque comparten necesidades comunes.

Hace unas semanas propuse a los hermanos que nos preguntáramos ¿para qué un ministerio de solteros? Y es que muchas veces damos por hecho que las cosas son así por un mandato divino. Ciertamente la mano de Dios se mueve en toda la historia. Esta visión la heredamos los cristianos de los judíos del Antiguo Testamento. Pero también es cierto que el hombre tiene la oportunidad de tomar decisiones y con ello la responsabilidad de las consecuencias. En todo caso, no hay un modelo único de iglesia «según la Biblia»: ni Jesús, ni Pedro, ni Juan, ni Pablo nos dejaron instrucciones claras de cómo organizar la iglesia. Así que algunos proponen que ahí donde la Biblia calla, nosotros podemos hablar. Y al parecer este el caso.

Recién casado, pensé que mi respuesta a esa pregunta podría parecer sesgada. Quizá. Porque, siguiendo la propuesta de otro artículo, les dije: el ministerio de solteros existe para buscar una pareja y establecer las bases para un matrimonio sano. Más de uno (y de una) abrieron los ojos y arquearon las cejas en señal inequívoca de duda. Ahí estaba el reto y la provocación. De vez en cuando en nuestra vida cristiana debemos parar y preguntarnos lo básico ya sea para reforzar lo que estamos haciendo o para cambiar el rumbo. Si no lo hacemos, podríamos estar intentando atrapar el viento. La respuesta es sencilla. La explicación no tanto.

Más

Un gran día. Bautizo de mi hermana

Mi hermana fue bautizada hoy. Mi madre fue por primera vez a una reunión cristiana en diez años. ¿Qué más le puedo pedir a Dios este día? ¿Este año? ¿Qué palabras son las indicadas para expresar lo inmensamente feliz que hoy me siento? Sí. No creemos en fantasmitas en el cielo. Creemos en el Dios verdadero. Estoy feliz.

En favor de la libre decisión

Artículo aparecido en Expresión espiritual. Este artículo no pretende ser más que mi sincera y honesta posición personal ante el tema de la despenalización del aborto. No agota el tema y habría que añadir un segundo texto: «Contra el aborto«. Pero de todas formas, sale aquí con toda la crítica que esto traerá. Gracias al equipo de Expresión Espiritual por su publicación.

EN FAVOR DE LA LIBRE DECISIÓN

Por Luis F. Venegas

A menos de que algún inquisidor me venga a examinar y me repruebe, puedo decir que soy cristiano. Y sé lo que significa decir eso en un mundo que presume ser cada vez más secular aunque en la práctica uno se sorprenda de la religiosidad que aflora por todos lados, a veces en su versión más tristemente radical. Pues bien, yo, que soy cristiano, me declaro en favor de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo hasta antes de la semana doce. !Que enredo! ¿Por qué no decir que estoy a favor del aborto? ¡Pues porque no lo estoy! No se trata de cuidar el lenguaje, de escribir con asepsia para no terminar de herir las sensibilidades de aquellos que quizá no lleguen a esta línea. No. Basta de eufemismos y de darle la vuelta al tema: estoy a favor de que una mujer decida libremente, es decir, sin temor de ir a la cárcel, qué hacer con su cuerpo. Pero, y he aquí el meollo, yo no lo recomendaría ni lo practicaría: estoy a favor de la vida y de que el ser humano tome responsabilidad de sus actos.

Más

Sobre el aborto

Quise escribir alguna reflexión sobre el tema del aborto. Quizá lo haga. Pero, mientras, les paso estos vínculos. Leo Zuckermann escribió tres artículos esta semana que resumen la visión que tengo sobre el tema. Son buenísimos y cómo me hubiera gustado escribirlos.

Que quede claro: esta es MI postura y no pretendo que sea la voz oficial de ningún otro cristiano. Sé que me arriesgo a ser criticado con acidez. Antes de eso, lean con cuidado el artículo de Zuckermann y luego debatimos. Aquí transcribo el último párrafo:

Regreso, entonces, a mi posición. Mientras no haya un consenso de cuándo comienza la vida, el aborto es un problema moral que el Estado no puede resolver y que, por tanto, debe dejar en manos de cada individuo. Los grupos pro vida, en lugar de estar queriendo imponer su visión a toda la sociedad a través de una prohibición legal, deberían dedicarse a persuadir a las mujeres a que no aborten. Si lo logran, bien por ellos. Si no, que respeten la postura de gente que piensa diferente que ellos. Y si creen que Dios castigará a las mujeres que abortan por haber cometido un pecado, pues que le dejen ese trabajo a la autoridad divina y no a la terrenal.

Y aquí los tres artículos (espero que no los quiten):

Argumentos pro vida
Argumentos pro legalización
Conclusión

Festejo, cumpleaños diez

Seré breve: hace diez años fui bautizado por immersión y desde entonces me hago llamar cristiano. Sigo a Jesús, Cristo, Salvador, Señor.  Con todos los riesgos que eso representa. Pronto pondré un artículo más amplio para quien quiera leer más.

Hoy, hace diez años, Jesús y su evangelios me convirtieron… y soy feliz.

Hospitalidad y amistad

Los judíos comparten con todo los pueblos semitas la hospitalidad. Para decirlo de una vez: los pueblos semitas son anfitriones fantásticos. Hoy todavía corren leyendas sobre la proverbial hospitalidad de los beduinos. De hecho, podemos leer en el Génesis la forma apasionada (y un tanto misógina) con la Lot defiende a sus huéspedes. “Algunos sin saberlo hospedaron ángeles”, dice Pablo cientos de años después.

Más

El hombre dividió a Cristo

Durante esta semana me he imaginado como seria si volviésemos a los tiempos de la Iglesia del Primer Siglo. Más allá de la persecución que sufrieron muchos, pensaba en que para ellos solo había un objetivo: difundir la muerte y resurrección de Jesús. En ese en cuanto a cual era el mensaje que se debía predicar. Es triste ver que hoy en día, los verdaderos cristianos son casi extintos, mientras que si existen católicos, evangélicos, bautistas, presbiterianos, vamos, demasiadas denominaciones. El hombre siempre tergiversa todo para su favor. El hombre dividió a Cristo.

Regresemos a las raices. Regresemos más a la biblia.

Gracias.

Enrique Kikin RexRaptor