Una secta llegó a México hace treinta años. Afirmaba que se apegaba cien por ciento «a la Biblia». Vamos a hacer dos simples preguntas, un sencillo examen.
- ¿Cuánto tiempo tardó la Iglesia del primer siglo en nombrar diáconos, maestros, ancianos, pastores, profetas? (Si se quieren ver más quisquillosos, podrían preguntarse si realmente existía la «ordenación» en esa primera Iglesia). ¿Se tardó treinta años?
- ¿Cuál es la manera bíblica de «nombrar», entrenar, educar o como se le quiera llamar a esos puestos, oficios, funciones? ¿Iban a una escuela? ¿Se elegían por mecanismos democráticos? ¿Los nombraba un apóstol?
Sí lo ven, ¿verdad? La Biblia no es un manual de construcción de instituciones religiosas. Pero, en todo caso, «fundar iglesias» y luego «nombrar líderes» es creer que la carreta va a dirigir a las mulas, con todo respeto.
Pero, venga, no hay bronca, llámenle «evento histórico», describan cómo llegar en transporte público, pidan que no lleven niños (una iglesia que nombra «Ancianos» y que no logra educar a sus niños, oukei) y tomen muchas, muchas fotos y selfis. 😉
