666

Ya que hemos leído a Eco, ya que estamos vivos, ya que pasó no sólo las 6 horas, 6 minutos, 6 segundos, del día 6 del mes 6 del año…. 2006, ya que el trabajo continúa (o el desempleo), ya que no se acabó el mundo: ¿todavía queda un ingenuo que crea en la numerología popular?

El 666 es, según la mayoría de las versiones, pero no todas, el número que Juan asocia con una bestia en el libro de Apocalipsis. En el capítulo 13 (seguimos con las referencias a la mala suerte), versículo 18, se puede leer:

Aquí se verá la sabiduría; el que entienda, calcule el número del monstruo, que es número de hombre. Ese número es el 666

Algunos manuscritos dicen 616. En todo caso, nunca se ha sabido bien a bien a qué se refiere este número. Para algunos (creo yo que la mayoría) es una especie de clave para referirse a Nerón, el gran enemigo de los cristianos (antes de Diocleciano) que quemó buena parte de Roma y luego acusó a los cristiano. La “bestia”, o el monstruo estaba entonces en Roma, gobernando a uno de los mayores imperios de la historia y oprimiendo a un grupo cada vez más grande pero todavía reducido. Y esa bestia no creía en la “libertad de expresión” (eso es algo muy reciente): el autor de Apocalipsis tiene que usar referencias que, sin embargo, sus lectores sí entendían. Para nosotros, lectores de un libro escrito hace cerca de dos mil años, ese número ya no dice nada, pero para los cristianos del primer siglo sí.

Pero el número no indica que nacerá el anticristo, ni que el mundo se terminará, ni que llegará el último día. El número, en el contexto, era tan solo una especie de marca que la bestia imprimía a sus súbditos. Así que tampoco quiere decir nada de inicios ni de fines.

¿Cómo se llegó a convertir un libro de esperanza en uno de miedo y misterios? Es un proceso largo, que incluye la asimilación de sagas, leyendas y supersticiones de todos los pueblos donde llegó el cristianismo. Este sincretismo más la invisible separación de la autoridad religiosa y la política, fomentada por el catolicismo de la Edad Media, además de que el emperador se conviritió en una especie de patrón de la Iglesia y Roma se convirtió poco a poco en la sede del principal obispado de la cristiandad, todo eso dejó en la mente popular un miedo al Apocalipsis: el último libro del canon cristiano dejó de ser “la revelación” para convertirse en sinónimo de fin.

La figura del diablo, fascinante, se fue asociando a los “malos” desde que ser cristiano fue lo más natural en este mundo. La bestia, el anticristo, ha sido Nerón, Atila, Napoleón, Hitler, Saddam Hussein… el 666 es parte de ese hartazgo de la sociedad occidental. Porque si en el primer mundo las ciudades son aburridísimas (en comparación con las del Tercer Mundo), en el mundo pobre también hay ansiedades: que se acabe el hambre, que se erradique el SIDA, que los políticos no roben, que no haya tráfico, que no me roben cuando salga de mi casa. Se espera el fin.

Claro, no se espera el fin de este mundo. Ahítos de remordimientos, lo seres humanos le temen a un fin típicamente cristiano donde habrá juicios, castigos y premios. Que se acabe, sí, pero para los malos. ¿Y si uno cree que es malo? Empieza la angustia.

Este es un bonito día, irrepetible… bueno, dentro de mil años (si el ser humano no se termina entre sí) se repetirá. ¿Lo hará? Mera lógica: este segundo, este momento, es irrepetible. El 666 es el coco de todo ser humano inseguro. Ni siquiera del atrasado o ignorante, sino del que no sabe si lo que está haciendo es bueno, malo o todo lo contrario. Aunque para éstos cualquier 666 es bueno.

Y cuando uno se pone escatológico, sólo hay que ver las noticias de Australia: si allá ya amaneció, el mundo no se ha terminado. Y hoy, ya ameneció en Australia: hoy es ya mañana.

¡Y que sigan las ventas!

PS. No pudo elegirse mejor fecha para el debate entre candidatos presidenciales en México. Hoy será el 666 de uno (o varios de ellos). A pesar de mi renuencia a escribir sobre eso, creo que en estos días estaré escribiendo algo sobre política en el país.

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2 comentarios

  1. heiker mendoza · · Responder

    solo pido que me dejen en paz

  2. No es 666 es DCLXVI y dilige

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