Paradojas de la compasión

La palabra compasión no me gustó por mucho tiempo. Se me hacía peligrosamente similar a lástima y esta palabra, por razones que ya ni siquiera recuerdo, me causaba repulsión. Dice la Real Academia:

lástima.
(De lastimar).
1. f. Enternecimiento y compasión excitados por los males de alguien.
2. f. Objeto que excita la compasión.
3. f. Quejido, lamento, expresión lastimera.
4. f. Cosa que causa disgusto, aunque sea ligero. Es lástima que no hayamos venido más temprano.

compasión.
(Del lat. compassĭo, -ōnis).
1. f. Sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias.

La Academia más o menos componía la situación. En la iglesia escuché siempre más la palabra compasión que lástima y algunos hermanos en el púlpito decían que ambas eran diferentes. Pero, aunque esto es obvio (hay diferentes letras acomodadas de diferentes maneras), nunca supe bien a bien por qué ellos decían que compasión era algo superior a lástima.  Ahora supongo que era porque la traducción de la Biblia que leemos siempre dice compasión en lugar de lástima.

Un día  leí una explicación más o menos concluyente de Milán Kundera. Explicaba que compasión viene de una raíz etimológica que, luego de más explicaciones, resultaba ser un acto de empatía, un acto de ponerse en el lugar de otro y prácticamente sufrir lo que el otro estaba sufriendo. Parecía que lástima era un sentimiento más alejado que compasión. Es más, la primera se relacionaba más con un aspecto moral frío y la segunda con un acto de cercanía con los males de alguien.

No sé si las definiciones de la RAE terminen siendo lo mismo que dice Kundera, pero el hecho es que compasión sigue siendo la palabra más usada por los cristianos de habla hispana. Creo, sin embargo, que ambas palabras quieren decir lo mismo y que eso no es nada de lo que uno tenga porqué sentir pena de decirlo.

En el tiempo que llevo de ser cristiano, cerca de diez años, he asistido a infinidad de actividades que organiza la iglesia para ayudar a los pobres. Primero teníamos una fundación llamada CASA, luego se convirtió en HOPE, parte de una fundación global con base en los Estados Unidos. Todavía sigo sintiendo compasión en cada una de estas actividades.

Sé que lo que hacemos es ponerle una vendoleta a un enfermo de cáncer, que regalar juguetes, ropa, consultas médicas, no va a solucionar ni de lejos el problema de la pobreza. Sé además que muchos pobres parecen hacer uso excesivo de una suerte de privilegios de la pobreza. Sé que el Estado debe trabajar para erradicarla, que eso es una parte de su chamba (por eso ya mejor me río cuando algunos gobernadores salen en la tele pidiendo ayuda a ¡todos los mexicanos! para que cooperen al Teletón… mira que cinismo, si ese es su trabajo). Pero, a pesar de ello, como parte de mi cristianismo, de mis propias convicciones, lo sigo haciendo.

Sí. El sábado pasado fuimos a una comunidad con uno de los índices de pobreza más elevados del Estado de México. Ahí, HOPE ha construido un desayunador no excento de la delincuencia que abunda en la zona. Ahí, con uno de mis compañeros de trabajo que llevó a toda su familia para participar, fui parte de un esfuerzo por paliar ese azote que es la pobreza. Otra vez me quedo con la satisfacción de que uno o dos o cinco o veinte (porque entonces aparecen niños por todas partes) se fueron con una sonrisa… es sentir compasión, es pensar que uno no es superior a todos ellos porque tenga un ingreso percapita superior, es sentirse en los pies (porque algunos no llegan a zapatos) de esos matrimonios jóvenes que quizá son la quinta generación de pobres que aparece en la zona con la sexta generación en sus brazos.

Regalos, piñatas, comida no son las solciones a la pobreza. Es más, un cristiano ni siquiera tendría que tener en mente que eso pueda ayudar a domar los remordimientos, como si fuera una manda, como si por cada pecado cometido se tuviera que ayudar a un pobre. Pero ¡qué satisfacción sentir tan tangible, tan real, aquello de la mano derecha que da sin que se entere la izquierda!  Esas decenas de niños en cuya cara se lee miseria, desesperanza, enfermedad, dolor, no saben cómo se llaman esos desconocidos que a veces tienen que poner mano y rostro duro porque si no todos se avalanzan sobre los juguetes, la ropa. Se forman incluso los riquillos de la colonia y los demás se quejan. Es justo: llega una mamá con cinco hijos y es obvio que ella tendrá más juguetes, más ropa que la que sólo llega con dos. Por eso digo que hay gente para quien la pobreza parece ser un carnet de privilegios.

Las actividades de HOPE están llenas de paradojas para alguien acostumbrado, educado en la creencia de que el Estado debe ser eficiente en el manejo de fondos (aunque sean mínimos) y poder ayudar  a sus ciudadanos más pobres. Cada que vamos a esas colonias constato lo atrasado, corrupto e ineficiente que ha sido el Estado mexicano en reducir la pobreza. Todavía hay millones de niños que no desayunan. Los que llegan al desayunador allá en el oriente del Estado de México son una afrenta a los programas sociales de todos los gobiernos que hemos tenido.

Para erradicar la pobreza debemos influir y presionar en la aplicación de políticas públicas eficientes. Sin embargo, incluso cuando están llegasen a implementarse un día en nuestro país, el cristiano no debe perder nunca ese sentimiento tan humano, o tan cristiano, llamada compasión. Pocas cosas son tan difíciles de describir como lo que uno siente cuando ve que su trabajo, su cansancio, sus gritos, su sed y su hambre sirven para que otros no sufran, o para que otros olviden por un momento su dolor, su hambre, su sed, su pobreza. No importa que sea por un momento, no importa que uno diga: “qué bien me siento, pero que mal que un día regrese nuevamente”. Porque el ideal de un voluntario que lucha contra la pobreza es que un día deje de serlo, lo contrario, ser toda su vida voluntario, no será más que la constatación que sus esfuerzos de poco han servido. Sí, eso es paradójico. Pero no importa: si la semilla no muere, no puede dar fruto. Y Él, el de Nazareth que hoy ganaría premios al voluntariado, Él, sigue siendo nuestro modelo a seguir.

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2 comentarios

  1. Raúl Galíndez · · Responder

    Hola, hermano.¿Como estás? Ya se que esta nota (Paradojas de la compasión) es un tanto vieja, tiene poco menos de dos años publicada, pero es que las paradojas alrededor de la compasión siguen. Yo desde hace algún tiempo he estado involucrado en trabajos sociales, dirigidos a comunidades de bajos recursos económicos (Tal vez porque yo pertenezco a una de ellas), tanto antes como después de convertirme en un seguidor de Cristo, un discípulo y se a que te refiers.
    El proyecto del desayunador se ve bien interesante, aunque no se si aún lo mantienen. Yo vi un video acerca del proyecto en Youtube y me gustaría saber más acerca de este. Por favor, si puedes, hazme llegar detalles del proyecto te lo agradecería.
    Un abrazo
    Desde Caracas-Venezuela
    Raúl Galíndez

  2. Hasta hoy a la mañana tomaba la palabra compasión como un insulto, pero de ahora en adelante la tomaré así:

    Compasión: Con Pasión. Hacer las cosas con pasión. No empatizarce con el dolor y el sufriminto del otro, elevar al otro hasta tu condición. Esto s posible al margen de la cultura por que estamos hablando de sensaciones.

    Lástima: En el mal sentrido de la palabra, Lastima. En el buen sentido de la palabra, es sentir el dolor y el sufrimiento del otro.

    Bye.

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