Libertad a los presos

A Kikín, hermano, hijo, discípulo, guerrero

Según Lucas 4.16-22 Jesús vio en esta Escritura la razón de ser de su misión: dar buenas noticias. Pero esas buenas nuevas se enmarcaban en un ambiente de opresión. Jesús no vino pues con lo sanos. Si hoy sientes que tu vida no tiene nada qué cambiar, si te crees sano y si piensas que por donde vas es el camino correcto; el mensaje de Jesús no es para ti. Jesús vino por los “pobres, presos, ciegos y oprimidos” de este mundo. Todos los cristianos tuvimo que pasar primero por una etapa de reconocer nuestra necesidad. Es decir, sin que nosotros digamos con convicción “te necesito Jesús”, nada ocurrirá. Ahora bien, incluso si te sientes en inmejorable salud espiritual, te invito a que reflexiones en tu congruencia moral, en tus metas finales. ¿Tienes algo por lo que realmente valga la pena vivir?

Hombres que reconocieron su necesidad

Ningún ser humano que tuvo contacto con Jesús se fue como regresó. Aquí te presento algunos ejemplos de los muchos que abundan en los Evangelios.

En Lucas 4.31-37 un demonio quiere enfrentar a Jesús y él acepta el reto. La consecuencia es un hombre sin demonios. Hagamos un símil, dejando de lado las sutilezas clínicas, teológicas y hermenéuticas del pasaje. Muchos cristianos llegamos como verdaderos demonios. Estábamos sometidos por vicios, costumbres dañinas, rutinas de destrucción. No sólo fuimos alcohólicos o drogadictos, también fuimos adictos a los pleitos, las vulgaridades, la infidelidad. Algunos hombres llegaron al extremos de golpear a sus esposas. Mujeres histéricas que terminaban desquitándose con los hijos. Solteros sometidos a fiestas, parrandas, lujuria y materialismo. Para nuestras familias era un sufrimiento vernos llegar a casa. Pero Jesús nos sacó todos esos demonios modernos. Con Jesús todos esos poderes parecen nada. Como el espíritu de la escritura, ellos salieron sin hacernos “más” daño. Creían que podían contar con nosotros por siempre pero Jesús los sometió. Sólo Jesús pudo hacer lo que ninguna fuerza natural humana había hecho antes. Intentamos de todo, pero cuando llegó Jesús dijimos: “él es mi Salvador”. Y Él hizo todo. Como ese hombre del pasaje bíblico, nuetra vida quedó transformada.

Hay también en los evangelios los “consentidos” de Jesús: enfermos. En Lucas 7:11-15 Jesús llega a Naín y se topa con un entierro. Un joven había muerto. La madre lloraba y Jesús al verla tuvo compasión de ella. Resucita al hijo y “lo entrega a su madre”. Otra vez un ejemplo con el que podemos imaginarnos a nosotros mismos. La consecuencia final de una vida pecaminosa es la muerte. ¿No pasó esto a los cristianos? Ya sea por ignorancia o por premeditación, nuestra alma se enfermó. De maldad. Los demonios nos dejaron en un estado lamentable incluso de salud física, de la mental y espiritual ni se diga. Pero Jesús tuvo compasión de nosotros. Nuestra vida no es más que un soplo, pero Jesús tuvo compasión, nos dio una razón de ser, nos dio salvación y aquí estamos. Jesús sana si nosotros creemos en Él. No hay vuelta de hoja en este asunto. Ni el mejor médico de este planeta podrá sanar todas las heridas que tengas. Lo que te hiciero ya quedó en el pasado. Jesús libera de esos traumas a los que creen en Él y en sus promesas con los ojos cerrados. Este mundo no tendrá poder sobre tu vida cuando decides hacerlo Señor de tu vida. Es una promesa: Él ha sometido la muerte y nos da esa promesa. ¿Lo crees? La madre y el hijo en este pasaja jamás volvieron a ser los mismos. Si tienes fe, pasa. Pero fe en Jesús.

Otro ejemplo de cómo Jesús cumplió en su vida lo que anunció desde el inicio de su ministerio está en Lucas 19:1-10. Acá está un hombre que ha hecho sus riquezas de manera muy poco legal. Pero sabe que Jesús va a pasar por ahí. Él sólo quería verlo. Por eso y por su baja estatura sube a un árbol y desde ahí lo ve el Maestro. Lo manda bajar, le anuncia que se quedará en sus casa y ahí, sin mediar orden de Jesús, Zaqueo decide dejar todo por Jesús. El maestro anuncia la Salvación y el perdón de Zaqueo. He aquí el ejemplo de muchos de nosotros. Los que ahora somos cristianos solemos traer pasados no muy gratos. Detrás de nuestra fachada de hombres de bien se esconden historias truculentas. Pero Jesús lo sabe. Él quiere entrar a tu casa. Mira lo que hace cuando alguien lo deja entrar: lo transforma. Y esa transformación debe ser obvia o es sospechosa de ser “pirata”. Zaqueo, movido por su fe, hizo algo. Nosotros debemos ser así. La fe verdadera se muestra y demuestra con hechos poderosos. No es por presumir, por alardear o por hacer el espectáculo: es la respuesta natural de un hombre perdonado. Si no fuera por Jesús seguiríamos sumidos en la superficialidad y en lo efímero de este mundo. Pero él nos perdonó todo, llenó nuestro corazón, nos dio un rumbo. Sólo por gracia. Y por lo mismo, por gracia, debemos actuar. No esperes la llegada de una voz de ultratumba que te haga cambiar, mejor imita a Zaqueo. Hizo algo movido por su necesidad y por sus ansias de conocer a Jesús. ¿Quieres conocer a Jesús? ¡Él también a tí! Sólo déjalo entrar. Zaqueo lo dejó entrar y con él vino todo lo demás.

Si Jesús lo hizo hace dos mil años, hoy también lo puede hacer. Su misión se sigue cumpliendo en este tiempo. Sólo requieres fe en Él. Esa es nuestra proclamación: que hay una opción para los esclavos, enfermos y muertos, que es sólo una opción. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Y lo creo porque la Escritura lo dice…

Libertad a los presos (versión PDF).

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Un comentario

  1. Justo ayer ( de camino a la escuela en el metroskyo) un libro que estoy leyendo me hacia referencia a esta escritura. Gracias por la dedicatoria. Me ha dejado bastante que razonar.

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