Los de corazón limpio

Bienaventurados los de limpio corazón; porque ellos verán a Dios.

En otro pasaje, Jesús dirá que todo aquel que no tenga el corazón de un niño no podrá entrar al Reino de los cielos. Si tú cuentas con una actitud recta, sin dobles intenciones, sin hipocresías, honesta; felicidades, verás a Dios. Y es que si lo pensamos más detalladamente, el creyente que desea tener una relación con Dios sabe de antemano que deberá contar con un corazón libre de suciedad. Una de esas formas de intimidad con el Padre es por medio de la oración. ¿Cómo llegar a una cita tan importante con el Ser más importante del Universo si no es con una actitud clara y honesta?

Sin embargo, no basta con tener una actitud franca con el Señor. Porque si fuera así, cualquier criminal que reza todos los días para que salgan sus negocios tendrían razón al decir: gracias a Dios me fue bien este día, cuando bien significa robos, asesinatos y maldad perpretada. Un hermano me contó esa anécdota: vivía en un lugar que parecía la cueva de los 40 ladrones. Me cuenta que invitó a uno de ellos a conocer de Cristo. El individuo no quiso pero un día se encontró con el hermano por la mañana y le pidió que orara para que le fuera bien en su trabajo. En la noche, el hermano lo volvió a ver ya con el botín en sus manos. Mira, gracias a Dios me fue bien hoy. Es una historia real. La historia del cinismo, la estupidez y la ignorancia sobre lo que Dios quiere y puede hacer.

El ladrón estaba equivocado: no fue Dios quien cumplió con su maldad, fue él mismo y sus instintos animales. Porque para presentarse ante el Crador sólo hay una forma: Jesús. Con esta bienaventuranza, el Maesto prepara el camino para el gran final de la primera parte de su sermón. No hay forma de acercarce a Dios con una justicia humana porque no alcanzaría. El ser humano sin Jesús es como ese ladrón cínico, que no quiere darse cuenta que la palabra Dios es eso, una simple palabra para paliar su conciencia. Para ver a Dios un día, el camino es Cristo. Y cuando decimos que el camino es Cristo decimos que hemos de morir a nuestra propia naturaleza pecadora, no por nosotros mismos sino precisamente por esa fe que no es otra cosa que decir sí al camino que vino a enseñar el Maestro.

Cuando uno sigue a Jesús y todos los días pide por un limpio corazón, lo que pedirá a Dios no serán asuntos meramente egoístas. No usará a Dios como un analgésico. Todo lo contrario: lo hará el centro de su vida. Ciertamente, es el Padre quien provee, quien sana, quien repara y quien crea, pero el hombre sólo debería tener fe en que el Padre lo hará a pesar suyo. Dios da a los de corazón limpio incluso cuando éstos no se lo piden.

Pasamos otra vez de lo externo (los misericordiosos) a lo interno: los de corazón limpio. Como los niños, los cristianos saben que sin el Padre estarían muertos. Ello lo van a ver un día.

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