Salados e iluminados

Mateo 5:13-16

Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.

Dice la famosa wikipedia: “La sal es el condimento más antiguo usado por el hombre y su importancia para la vida es tal que ha marcado el desarrollo de la historia en diversas fases”. Para Jesús sus seguidores deberían ser el condimento más importante, los que marcan la historia, quienes dan sabor a la historia. Los discípulos del Maestro galileo son importantes y él lo enfatiza en este pasaje.

¿Por qué Lutero se asustó tanto de las “obras”? La respuesta daría pistas sobre el momento histórico de la reforma protestante y del talante teológico del monje agustino. Jesús lo dice claramente en este evangelio: el cristiano no lo es por una disposición exclusiva de la mente o el corazón (o donde se aloje la fe). Por eso las comparaciones con dos de los elementos más importantes para la vida humana. Lo que está enfatizando es la utilidad. La sal sin sabor no es más que polvo incómodo y la luz escondida es lo mismo que la oscuridad manifiesta. Así son los cristianos que se esconden detrás del amuleto de la sola fide para excusarse de las buenas obras que aquí promueve Jesús.

No hay forma de ser cristiano y pasar desapercibido. Pero es interesante que la luz y la sal aquí tienen que ver con las acciones, con las obras. El Maestro vuelve a enfatizar las “buenas obras”, que un cristiano brille en medio de un mundo oscuro. Lo más importante no es la obra en sí misma, sino que con ello, el Dios de los cristianos se lleva el honor.

¿Es esto una receta para entrometerse en todo tipo de asuntos políticos de este mundo? Personalmente sospecho de los justicieros cristianos de hoy que salen en las portadas de los diarios con la cruz por delante. Dicen que le dan sabor a la sociedad moderna. Gritan que son la luz del mundo y que los tomadores de decisiones tienen la mente entorpecida. Puede ser. Pero lo que repugna es el protagonismo manifiesto de muchos de ellos. Al final, la sal y la luz son usadas por otros. Lo triste es que este desfile de egos (eso sí, muy cristianos) no es más que el espectáculo que muchos se niegan a ver: que el cristianismo ha perdido terreno en la vida diaria del mundo occidental, que ahora los cristianos corremos tras la ciencia y la tecnología, que muchos jerarcas cristianos han condenado esos avances como obra del diablo y que, en el peor de los espectáculos, han preferido su terquedad antes de someterse a lo que al menos tres siglos atestiguan, como motor de la vida diaria, el cristianismo está a la defensiva.

Pero el Maestro tampoco está dando una receta para la tan mentada “excelencia”, “superación”. He sido testigo de que esta escritura es usada para decir a los cristianos: “¿ya ven? ¡Los cristianos deben ser los mejores donde quieran que se paren!”. ¿Los mejores según quién? Yo no leo aquí a un azuzador de la superación personal sino a un Rabino galileo que anima a realizar buenas obras a favor del prójimo. No lo olvidemos: los que están escuchando son ya sus discípulos. Así que el seguidor de Jesús debe recorrer el camino de la humildad para darle sabor a las vidas insípidas y oscuras de sus prójimos.

Es revelador que el Maestro aconseja que prediquemos con hechos. No dice: “digan a los hombres que son mis seguidores”. Dice: “demuestren que son hijos de Dios”. De lo contrario pasa lo que muchos creyentes están pasando ahora mismo: son pisoteados por el mundo. El cristiano que alardea de serlo, de que él ya es santo y puro, que está a un paso de la perfección es regularmente el primero en caer, en demostrar lo patético que puede ser el que ostenta el nombre de cristiano pero con apellido de falso. Entonces viene el siempre cruel mundo a pisotear a esos que han perdido su sabor. Un final triste que el mismo Maestro advierte.

La luz. No tinieblas, no amargura, no tristeza. ¿Alguien conoce a un creyente cuya cara parece siempre de luto? ¿Uno que se aterroriza ante la comedia humana? Eso no enseñó el Maestro. Si la alegría es luz, su estado de ánimo debiera parecer de constante fiesta. Ahora pensemos en los cristianos congruentes, en esos cuyos actos discretos tienen un impacto más grande que los show-christians, en esos a los que quisiéramos preguntar qué hacen para tener ese ánimo. ¡Son verdaderas luz cuando todo parece venirse abajo!

Rehagamos la frase de la wikipedia: los cristianos son el condimento más antiguo en occidente. Su importancia ha sido tan importante para la humanidad que han marcado la historia del género… y lo siguen haciendo.

 

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