La ley y Jesús

Mateo 5:17-21
No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo sea cumplido. De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Siempre me ha intrigado este pasaje. Lo leí por primera vez hace más de diez años y sentí una especie de vértigo luego de leer las bienaventuranzas. ¿Qué quería decir Jesús con eso de que no venía a abolir la ley? ¿Por qué Pablo parece contradecir este pasaje? ¿No leemos en la interpretación paulina que la Ley y los profetas se resumen en Jesús? Si abolimos la circuncisión, el sabath, el diezmo, ¿no estamos quebrantando la ley y los profetas? Y todavía más punzante: ¿debemos ser más estrictos en el cumplimiento de la ley que los “odiosos” fariseos y escribas? Más de uno podría concluir que para entrar al reino de los cielos uno debe ser sumamente religioso. Estas palabras no son de digestión sencilla.

Lo primero que hay que notar es que estas palabras son una especie de introducción a las enseñanzas que estaba a punto de decir. También hay que recordar que este evangelio tenía un auditorio con trasfondo judío. Estas palabras son ese cartel que tiene el cristianismo: el cristianismo tiene un Dios judío, un profeta judío, un Mesías judío, unos adherentes judíos. Jesús fue circuncidado, pagó el diezmo al Templo, sabía la Ley de Moisés, recitó el “Shelá Israel”. Bajo el yugo romano, Jerusalén seguía sintiéndose judía. El pueblo de Israel, ese que se decía a sí mismo como el elegido del único Dios, esa comunidad antiquísima dio a luz (quizá sin saberlo, quizá a su pesar) una religión propia que se hace llamar cristianismo.

Jesús previene a sus discípulos: el cristianismo es una religión con raíces profundamente judías. Acaso esa fue la razón por la que, ante las acciones radicales de Marción, la Iglesia apostólica decidió adoptar la Tanakh como propia. Los cristianos no deberíamos olvidar que más de la mitad de ese libro que llevamos a la iglesia es judío. El antisemitismo es el fruto de la ignorancia, la ceguera espiritual y cultural, el fanatismo y el rencor, es una acción profundamente anticristiana. Así que el racista, xenófobo y antisemita es un anticristo aunque se disfrace con la cruz.

Todo apunta a Jesús. El verdadero sentido de la Ley se hace realidad en la persona de Jesucristo. En Él se ha encarnado la Ley y los profetas, todos juntos. Él mismo tuvo que cumplir con esa ley que al final lo mató. Jesús personalizó el cumplimiento de una ley que, interpretada por el establishment religioso, se hacía cada vez más un monumento, un fin, una cadena. El pleno valor de la ley se resume en el amor. La ley no es un fin sino el medio con el que Dios se comunicó con su pueblo. El hombre no se hizo para la ley, los profetas no restituyeron templos muertos sino que hablaron desde una realidad más profunda que dos trozos de piedra. Llamémosle corazón. El corazón, he ahí el motivo de la Biblia entera. Ni una tilde ni una jota deberían abrogarse de esa legislación porque en Jesús se haría viva.

El legalismo de los fariseos, de los escribas y al final de una religión anquilosada es cómodo. Uno se desdobla de la moral, de la vida interna y se dedica a llenar una check list y listo. Pero lo que Jesús afirma es más complicado: ser creyente involucra mente, alma, espíritu. La totalidad del ser humano. Pero esa justicia no es alcanzable por medios humanos sino por gracia de Dios. No somos más justos por ser cristianos sino que somos cristianos porque el Padre nos ha justificado. Y esa justificación, esa declaración de inocencia, sólo fue posible por el sacrificio de Jesús. El legalismo religioso se ha abolido por la legislación del amor divino hecho persona en el Rabí de Galilea. Y ésta es superior a la de los escribas y fariseos.

Pensemos en nuestra propia experiencia: ¿en realidad vivimos, experimentamos esa justicia superior? Algunos cristianos han convertido el mensaje del de Nazareth en un montón de reglas insípidas y tenebrosas, han hecho que la fiesta que es ser cristiano se vuelva una penitencia. Han confundido, con los fariseos de todas las épocas, el medio con el fin. El medio es el amor y el fin el cielo. Yo sospecho por método de todos los que ostentan el título honorífico de cristianos-comprometidos-puros-santos y que al mismo tiempo dan como fruto un legalismo frío y formal. Detrás de esa supuesta pureza se puede esconder una amargura, frustración, envidia que no pueden ocultar con sus acciones.

Así que Jesús no dice “sean más legalistas que los religiosos” dice: “sigan el camino de la verdadera ley, la del amor”. Seguirlo y enseñarlo: grandes son los que enseñan incluso el más pequeño de los mandamientos.

 

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2 comentarios

  1. Julián López · · Responder

    Hermano Luis Venegas, hoy 26 de marzo de 2009, buscando algo referente a este tema me encuentro con tu artículo. Te quiero compartir algo que refiere la enciclopedia Ilumina “La Tôrah, una de las palabras más importantes del Antiguo Testamento, se deriva de yarah. Si lo analizamos con el antecedente del verbo yarah, se hace evidente que Tôrah es mucho más que ley o que una serie de reglas. Tôrah no es restricción ni impedimento, sino todo lo contrario, el medio por el que se puede lograr una meta u objetivo. En su sentido más puro, Tôrah se le dio a Israel para permitir que llegara a ser en realidad el pueblo especial de Dios y permaneciera como tal. Se podría decir que al guardar la Tôrah, Israel se resguardaba. Es lamentable, pero Israel cayó en la trampa de guardar la Tôrah como algo impuesto, un objeto en sí, en vez de ser un medio para llegar a ser lo que Dios se propuso con ella. El fin llegó a ser un medio. En vez de percibir la Tôrah como una orientación, se desvirtuó en un cuerpo externo de reglamentos y, por tanto, una carga en lugar de un poder liberador y orientador…” Hoy en la era de la gracia considero que la ley si es el fin, y el medio es JESUCRISTO, por eso dijo “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Bendiciones…

    1. Muchísimas gracias por compartir esto. Claro: Jesús viene a redimensionar la Thorá, a sacudirle el polvo, a quitarle los adornos y a dejarla en estado puro. De acuerdo contigo.

      Bendiciones.

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