La otra mejilla

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis el mal; antes a cualquiera que te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y a cualquiera que te demandare ante la ley y tomare tu túnica, déjale tomar también la capa; y cualquiera que te obligare a ir una milla, ve con él dos. Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no le rehúses.

Esta es una de las escrituras que más provoca mofa entre creyentes y no creyentes. Para unos es la muestra de la ingenuidad total, para otros es una regla prácticamente imposible de cumplir. Unos quieres aprovecharse de ella y otros violarla. El Maestro ha abrogado la famosa ley del talión y en su lugar ha impuesto un principio superior: mantén cualquier relación en paz. No es que estas palabras signifiquen sólo sumisión total, también quieren decir paz entre hermanos. Jesús parece decir: detén cualquier pleito a cualquier precio. Hay un recuerdo de la bienaventuranza a los pacíficos.

Pacificadores, buscadores de armonía, ¿por qué peleamos entre cristianos? ¿Por qué decir que uno cree en Jesús equivale a decir nada? Los seguidores del Rabí hemos caído una y otra vez en la tendencia hedonista de la modernidad. Mientras que otros valores del ser cristiano son deliberadamente exaltados en la política, los negocios e incluso el arte, este de sumisión es sospechosamente escondido. Definitivamente nuestro concepto de justicia moderna pasó por alto esta parte del sermón de la montaña. Aquí somos más fariseos que los fariseos. “Si me la haces, me la pagas”: frase emblemática de las guerras de hoy y siempre. Y cuando hablamos de guerra nos referimos directamente a este mandato. Porque aquí el Maestro no está refiriendo a un ambiente tranquilo, donde todos conviven con armonía. No, aquí todos los casos son de cristianos acusados por adversarios. Idealmente, todos cristiano acusado lo sería por practicar la verdad. Así que, no resistir al mal significa que nos mantenemos congruentes.

Sin embargo, pareciera que cuando un cristiano pelea lo hace de manera proporcionalmente inversa de lo pacífico que debiera ser. Es vergonzoso que la ley del talión sea utilizada por los piadosos modernos. La disfrazan de justicia, aducen a la debilidad humana, piensan que es mejor pedir perdón a pedir permiso. Háblame de cosas bonitas, háblame de lo que me espera en el cielo, anúnciame al Mesías. ¡Eso es lo que hacemos cuando decimos deja que te golpeen en la otra mejilla! No podemos edulcorar el camino cristiano. Debemos gritarlo fuerte: ser seguidor de Jesús es más que ser parte de un movimiento bonito, más bien es dejar que el Señor nos guíe incluso en los momentos de mayor tensión. Y si el Señor dice no sólo que dejemos las cosas en paz sino que demos más, ¿lo seguiremos? ¿Nos quedaremos sólo si hay milagros y comida gratis?

Pero, si somos congruentes, también hay que dejar anotado que Jesús está haciendo uso de la hipérbole, un método retórico que consiste en exagerar lo que uno habla. No es pues que el Maestro enseñe a ser mártires voluntarios sino a que sus seguidores sean pacíficos y dóciles. En otro lugar dirá que sean astutos como serpientes y mansos como palomas. Encontrar el punto medio sin torcer el sentido del mensaje es el reto para el creyente comprometido a vivir en la luz del Evangelio. Por eso, ser religioso no es sinónimo de ser piadoso, la piedad se demuestra cuando ponemos la otra mejilla al recibir insultos.

 

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