El juicio hipócrita

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os volverán a medir. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí, una viga en tu propio ojo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, entonces mirarás claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros; ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Si ya antes, Jesús había acusado a los que se preocupan de las riquezas por su poca fe, ahora lo vemos en un momento que contrasta con el tono del sermón. El Maestro ahora apunta los dardos hacia los hipócritas. Así que aquellos que han considerado a Jesús más parecido a los hippies que al Mesías que vemos los cristianos tendrán acá su golpe de gracia. Jesús demanda la atención total de sus seguidores. Y también pide un comportamiento integral.

¿Cómo podría un cristiano levantarse de orar y empezar a criticar al hermano? Por eso la comparación es tan contrastante. Si uno cree que puede andar por el mundo con una actitud de perfección y de una pureza tal que se sienta con el poder de juzgar a otros, su juicio será terrible. Una caída que el mismo Maestro previene. Porque es claro que si nos comparamos contra el hermano que peca, saldremos ganando. Sin embargo, cuando uno ha escuchado un mensaje donde se habla de compasión, de ayuda al prójimo, de religiosidad íntima, ¿cómo podrá juzgar a otro cuando uno mismo sabe de dónde lo ha rescatado el Señor? Jesús enseña que no debemos sino juzgar nuestro propios actos y cuidar que nuestras palabras no sean ley para otros. La única ley que al final juzgará será la del Maestro.

El sentido común dicta que para ayudar a otra persona, uno debe estar consciente de sus limitaciones. Si tú no sabes de primeros auxilios, lo mejor que puedes hacer en un accidente es no estorbar. Lo mismo ocurre con los juicios morales. La hipocresía consiste en creer que el otro es malo y no merece sino castigo cuando el pecado del improvisado juez es su orgullo. Las peores criaturas son los cristianos hipócritas. En nombre de su religión son capaces de cometer crímenes.

La siguiente ocasión que lances una sentencia contra tu hermano, piensa en cómo te sentenciaría Dios. No es este una receta de la complicidad. Acaso por eso, al final, se habla de cuidar las perlas y no darlas a animales inmundos. Quizá, en esta fuerte comparación, se encierre el secreto del verdadero celo cristiano. Al final de cuentas, ni el más grande de los santos podría hablar cara a cara con el Padre. Esto sólo se logra cuando Jesús extrae vigas de nuestros ojos. Si uno ha experimentado esta extracción, sabrá ayudar cuando el otro tan sólo padezca de astillas.

 

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Un comentario

  1. elba luz melendez · · Responder

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