La adoración de los sabios

Mateo 2:1-12

Jesús nació en Belén. Su estrella inquietó a un rey y atrajo a sabios. En esa casa donde una mujer convalecía luego del parto, Dios mismo se expresaba, paradójicamente en la fragilidad de la vida de un niño, en su dependencia absoluta en sus padres. De pronto, tres hombres tocan la puerta donde María cuidaba al Hijo de Dios y observa cómo se arrodillan y le rinden tributo. La escena, tan extraña por esa mezcla de elementos religiosos (niño, reyes, sabios, estrellas, ofrendas) nos hace pensar que estamos leyendo un relato diferente a todo el evangelio cristiano. ¿No contrasta todo este inicio espectacular con el fin ignominioso en la cruz?

Tenemos ante nosotros el espectáculo de la Natividad. La imaginación occidental ha reinterpretado una y otra vez toda esta escena. Los lectores me comprenderán si vuelvo a citar la corrección que algunos niños me hicieron hace tiempo, en plena época navideña. Les pregunté qué les traerían los reyes magos. Su respuesta encierra una controversia de palabras: “no eran reyes ni eran magos, ni venían montados en camello, elefante y caballo respectivamente, eran tres sabios de oriente”. Me sorprendió que sus maestros cristianos se preocuparan por sus precisión de sus alumnos. Pero tenían razón. Quiero creer que todos estos elementos no hacen sino colocar un lindo marco al evangelio: Jesús estaba llamado a ser no sólo el Mesías del pueblo de Israel sino de toda la humanidad. Y desde el inicio mostrará su vocación controversial. Desde sus primeros días en esta tierra, Jesús sería perseguido por uno que se ostentaba como Rey de los judíos. Así que ya podemos identificar la tensión con los hijos de Israel.

Encontramos también una cita que encierra una profecía y una característica del mesianismode Jesús: su gobierno consiste en pastorear al pueblo de Israel. No será un Rey déspota, sino preocupado por sus súbditos. Dejemos a los polítologos la clasificación de este tipo de régimen y concentrémonos en la promesa de un Señor diferente al resto de los gobernantes de la tierra. Él se preocupa por sus ovejas y las cuida con su propia vida.

Allá en el oriente nació un niño cuya estrella siguen las personas sabias. No las que saben más sino las que quieren obedecer a Dios. Esa estrella sigue iluminando hoy en día a millones de creyentes que se detienen ante el espectáculo más sobrecogedor que exista: un niño recién nacido en los brazos de su madre.

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