Muertes y huidas

Mateo 2:13-23

Continuamos con la historia de los primeros días de Jesús. Los sabios logran burlar la trampa de Herodes y éste, en venganza, manda asesinar a todos los niños menores de dos años de Belén. Mientras, la familia de José huye a Egipto, prevenido aquel por un ángel y en sueños. José tiene un carácter extraño que consiste en dejarse guiar por los sueños que le llegan desde que decidió casarse con María. No queda claro si sabía qué estaba pasando, pero obedece. Regresará a Israel sólo cuando Dios lo ayuda a vencer sus miedos. Entonces llegan “a una ciudad llamada Nazaret”. Con ello, Jesús adquiere su ciudad de residencia. Desde entonces será conocido como Jesús de Nazaret, hijo de José y María.

Este relato debe prácticamente todos sus características al relato de la infancia de Moisés. Queda claro que el autor nos quiere avisar que estamos hablando, como mínimo, de un profeta mayor. Sólo en Moisés se mezclan los relatos de intervenciones providenciales que terminan en la formación de un personaje sui generis destinado a ser el gran profeta de los israelitas. Como Moisés, el ministerio de Jesús será itinerante desde el inicio. Y como el profeta por antonomasia, Jesús será perseguido y mal entendido por su propio pueblo. Los cristianos provenientes del judaísmo que leyeran estos primeros capítulos captarán todos los guiños del evangelista a su historia.

La imaginación de occidente ha idealizado estos pasajes hasta el grado de que a la pregunta: ¿por qué Dios permite que mueran inocentes cuando nacen sus profetas? Se responde: “porque Herodes era malo y despiadado y Dios no viola el libre albedrío”. Porque, si queremos ser honestos, no podemos dejar de pasar este inquietante pasaje. Herodes asesinó a niños. Habrá alguno que prefiera que no nazcan mesías si eso significa la muerte de otros que no tienen más que la culpa de haber nacido en el momento equivocado. La historia oficial, huelga decirlo, tampoco refiere este sangriento pasaje. Acaso porque no hay documentos que todavía se hayan descubiertos, acaso porque esa polvorienta provincia de Roma no importaba mucho a sus cronistas. En cualquier caso, vemos desde los primeros capítulos del evangelio ese elemento que no agradará a muchos pero que es consustancial al cristianismo: la sangre. Si en su nacimiento serían asesinados inocentes, en su muerte, Jesús moriría inocente por la vida de muchos culpables.

No faltará hacer notar que el pasaje enfatiza la importancia de la familia. El Hijo de Dios se movió siempre protegido por un joven matrimonio que acaso no entendía más que sus sueños. Ellos fueron los primeros en creer en el nombre de Jesús: Yahvé salva. Y ese Dios lo cumplió de principio a fin.

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