Los primeros signos. Multitudes

Mateo 8:14-17

Lo sorprendente es que todo lo que estamos viendo sucedió en un día. Muchas emociones, muchas vidas transformadas en un sólo día. El pasaje concluye con la salud recobrada de la suegra de Pedro que de inmediato se levanta para servirle. Y, como para no seguir con una lista interminable de personas enfermas que milagrosamente recobran la salud, el evangelista sólo nos dice que muchos fueron a verlo y en ese mismo día se cumplió una promesa mesiánica: “Él tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades”.

En esa Escritura se enseña algo también básico: Jesús es el Señor del perdón y de la empatía. El Mesías no sólo dará buenos mensajes sino que participará activamente en activar la paz de las personas. Como dirían hoy los gurús de la mercadotecnia: era un Maestro integral. Sin embargo, este pasaje también puede ser interpretado de manera tendenciosa. ¿Está insinuando Jesús que todos los cristianos de todas las épocas tendrán que tener ese don de sanar para probar su calibre espiritual? Dejando a un lado lo creíble que puede ser uno de estos signos, (es decir, pasando por alto una probable alegoría del escritor bíblico), lo que el pasaje nos enseña es que el Rabí también cumple con la función de llevar las cargas espirituales del creyente. Ahí está, al fin, lo que la religión provee al hombre moderno: la conciencia de que no está sólo en este mundo, la confianza de creer en un poder superior a sus fuerzas. Jesús no es sustituto hoy del psiquiatra, oftalmólogo, ginecólogo o cualquier médico. La salud a la que se refiere al evangelista rebasa la carne. Si sólo se enfocara en sanar la carne, Jesús no habría pasado a la historia sino como un curandero más. Todas las personas que sanó, murieron, fueron a dar a la tumba. De eso no cabe la menor duda. Pero lo que terminó haciendo a los testigos fue dar señales de que Él verdaderamente era el Hijo de Dios.

Así que Jesús toma las necesidades espirituales de los que tienen fe. No hay aquí una contradicción entre la fe y las obras. No hay en Jesús una actitud pasiva hacia los que creen. En este sentido, Jesús no fue un rabino que vino d dar una interpretación nueva de la Tanakh. Más bien, se puso al nivel de los sencillos para demostrar todo lo que Dios más allá del texto. O dicho en otras palabras, Jesús expuso al Padre en su totalidad. Un Padre que se preocupa de sus hijos y que puede hacer milagros si el creyente es verdadero. Ahí, en creer en Jesús se funda el cristianismo.

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