Los Doce

Mateo 10:1-15

¿Quiénes son estos doce? No tenían nada de extraordinario, no había en ellos algo que los hiciera sobresalir de los demás. De los primeros cuatro sabemos por los primeros capítulos que eran hermanos y paisanos de Jesús. De la suegra de Cefas sabemos sus dolencias y su salud recobrada. Los cuatro primeros eran pescadores, Mateo cobrador de impuestos, Tomás un escéptico, Simón un guerrillero, Judas un traidor. Salvo la suegra de Pedro, ninguno aquí ha experimentado algún milagro en su propia persona. Creían en Jesús. No hay porqué especular mucho en el asunto. Ninguno de los que Jesús elige como sus Apóstoles (enviados) parecen ser más que seguidores del Maestro desde el inicio. Y a ellos, Jesús les transfiere autoridad y poder para que hicieran lo que él hacía.

La instrucción que les da es clara: enfóquense sólo en el pueblo de Israel y anuncien que “el Reino de los cielos ha llegado”. Utilicen lo que sea para demostrar que lo que dicen es cierto. No cobren por dar porque tampoco pagaron por recibir. Apliquen lo que escucharon en la montaña sobre la acción providencial del Padre. No se aferren en un lugar que no lo quieran. El rechazo de esa casa tendrá consecuencias funestas. Y, volvamos a preguntar: ¿esos doce seguidores comprendían la repercusión de lo que decía Jesús? Quizá no. Más adelante veremos que ese poder parece fallar al momento de querer utilizarlo. Pero desde este momento, ninguno de esos Doce elegidos volverían a ser los mismos. Habían llegado a un punto de no retorno donde Jesús les ordenaba y les marcaba el resto de su vida: serían enviados para enseñar y convertir a las personas. El Maestro podría haber resumido esta introducción diciendo: “hagan lo que yo hago”. En eso se resumen las instrucciones que Jesús ordena a sus Apóstoles.

¿Queda espacio para hablar sobre la eterna polémica de que siga existiendo el cargo de Apóstol? Muchas iglesias tienen el atrevimiento de juzgar como falsas a otras si responden negativa o positivamente a esa pregunta. Para empezar, la Iglesia no está aquí ni por asomo. No hay en griego una sola palabra que tenga cercanía a lo que hoy conocemos como iglesia. Ni siquiera era un puesto. Más bien, estos Doce seguidores tenían ahora claro que aquello era una vocación. A partir de entonces, su vida consistiría en caminar, predicar y sanar. Es ocioso seguir con una discusión que al final no tendrá solución. Si hay o no apóstoles en una iglesia, ¿hará la diferencia el día del juicio? Si usted es apóstol pero nadie lo reconoce, ¿no bastaría con que el Padre lo reconozca? Si usted cree que los Doce fueron llamados una sola vez en la historia del cristianismo, ¿eso determina su salvación eterna? ¡Qué lejos de esas discusiones interesantes pero inútiles se encuentra Jesús! Hasta este momento, no hay ni rastros de que el Maestro quisiera dar una preferencia superior a los Apóstoles. Los llama, eso sí, a servir de forma superior. Los llama a ser los perseguidos por excelencia. Nada de imposiciones de manos, de atuendos, de ritos. Aquí está un carpintero y doce hombres de diferentes profesiones que inician un ministerio de servicio para su sociedad. Así de sencillo.

Lo que parece estar fuera de discusión es que el Maestro sigue llamando hoy, sin importar el título que quiera ostentar. El Rabí de Galilea sigue llamando a pescar hombres a quien quiera serlo. Qué privilegio estar cara a cara con Jesús. Pero también, que bendición estar espíritu con espíritu con el Señor. A eso nos atenemos los cristianos del siglo XXI.

 

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2 comentarios

  1. Así es. A propósito de “Los Ddoce”, comparto ahora, un poema que escribí a las columnas de de la Iglesia Católica:

    San Pedro y San Pablo

    Oh, Santos San Pedro y San Pablo
    sois vosotros las columnas perfectas
    sobre las que el Dios de la vida reposó
    nuestra Santa Madre Iglesia Católica.

    Y, sois también vosotros mismos que;
    con vuestra entrega, hasta el martirio y
    la propia la muerte, dos lumbreras que
    refulgentes iluminan el cielo de la fe.

    ¡No más oscuridad¡!No más desesperanza!.
    Hágase la luz en nuestras vidas; y, os lo
    rogamos; permitidnos imitaros en nuestra
    humilde procesión al cielo y así gozar de
    la eternidad de la vida, junto a vosotros.

    © 2008 by Luis Ernesto Chacón Delgado
    _______________
    Gracias por compartir “Los Doce” y una vez más congratulaciones por el blog.

  2. Antonio MTZ · · Responder

    hola luis gracias por de
    dicarte a jesucristo

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