La persecuciones por venir

Mateo 10:16-15

Astutos e inocentes, cuídense, no se preocupen: palabras de Jesús a los Doce en un momento en que lo peor por venir parece lejano. Porque, además de las críticas de los religiosos, no ha habido ningún momento en que la vida de estos doce haya estado en peligro. Hasta este momento, lo más que pueden presumir los apóstoles es de estar cerca de Jesús, como una suerte de servidores, de ayudantes o de administradores. No debían preocuparse por sermones o signos del Reino, ellos eran testigos de lujo. Habían dejado casa y familia para ser algo que el Maestro llamaba “pescadores de hombres”. Comían gratis, eran respetados por los curiosos y no tenían que preocuparse por su salud. Y sin embargo, el Maestro cambia el tono del discurso y pasa del gozo al anuncio de desgracias.

¿Eran desgracias? En una de las bienaventuranzas ya había felicitado a los que sufren por su causa. Pero aquí es más concreto. A los Apóstoles (ahora sí con mayúsculas) les irá muy mal a causa del evangelio. Ser cristiano podría ser pagado con la vida. Las familias no sólo no estarán unidas sino que incluso hermanos traicionarán a otros a causa de Jesús. Les pedirán cuentas, les cuestionarán. Entonces vendrá la prueba de fe. Porque cuando estaban en la etapa próspera de Jesús, no tenían nada de qué preocuparse: lo veían y esperaban la respuesta adecuada. En los tiempos por venir no será así: deberán esperar la inspiración que viene del Espíritu. El que resista hasta el final será salvo. Sí: en la crítica, en el odio es cuando uno sabe si sólo llama “Señor, Señor” en las buenas o si es discípulo a pesar de todo.

Jesús, pues, se está revelando en toda su majestad divina. Si el Evangelio terminara en el capítulo nueve, uno podría concluir que Jesús es uno de los grandes reformadores religiosos, un Rabí que ha llevado a las últimas consecuencias la moral judaica. Pero no, en la instrucción a los Doce está la médula del cristianismo. Aquí aparecen los tópicos que más inspiran a los creyentes y que más suspicacia provocan en el escéptico. Uno podría preguntar muchas cosas luego de leer esta advertencia: ¿por qué habría que perder la vida por una religión? ¿Por qué el Maestro subió tanto el compromiso de sus creyentes? ¿Por qué algunos cristianos parecen pasar por alto eso de “huir de una ciudad donde son perseguidos”? ¿Por qué se predicó el evangelio en las ciudades de Israel y no regresó el Hijo del Hombre? ¿Por qué no podría un discípulo ser más que el maestro? Muchas preguntas que no tendrán respuesta fácil ni cómoda. El hecho incontrovertible es que aquí Jesús ya insinúa con todas sus palabras que Él es el elegido.

Muy caro habría de salir esta revelación a los Apóstoles. Aunque si al propio Jesús lo llamaron Beelzebú, ¿qué podríamos esperar sus seguidores? Porque claro que no es sólo a los Apóstoles quienes habrán de sufrir todas las consecuencias de portar el nombre cristiano. Hoy por hoy, nosotros, gentiles, también debemos de pasar por procesos más o menos angustiosos por ser cristianos. Además de los creyentes que siguen siendo perseguidos en cientos de sociedades no cristianas, también hay persecuciones no por menos físicas menos reales. La persecución interna de todos nuestros demonios, de toda nuestra ignorancia. No debemos preocuparnos porque estas palabras siguen siendo reales hoy, cuando el laicismo promete respetar todo tipo de creencias. Entonces, todavía hoy resuenan este anuncio de “preocupación” cuando uno decide seguir a Jesús… y cuando Él decide enviarnos.

 

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