Creer en la luz

Juan 12:27-36

El Maestro no es inmune a las emociones. Se acercaba la hora final. No quería, su deseo luchaba con su deber. “Para eso precisamente he venido”. No debía retroceder aunque sentía cariño por sus amigos, aunque su amor estaba con aquellos doce, aunque sus seguidores lo adoraban. Su camino lo conducía ineludiblemente a la cruz. Y en un momento único en el Nuevo Testamento se escucha la voz de Dios, el Padre que parece responder y consolar a su hijo: “ya lo he glorificado y lo seguiré haciendo”.

El Maestro se encarga de inmediato de corregir. Esa voz (hay que añadir otra confusión a la serie de malos entendidos) había sido por ese auditorio de opiniones ligeras. Da pistas sobre lo que habría de venir y su significado. Y de nuevo las dudas.

¿Quién era ese Hijo de hombre que habría de morir? Jesús responde con la metáfora de la luz. Él era la luz y mientras estuviera ahí que lo aprovecharan. Entonces se va. Como si dijera “síganme”. Nosotros, creyentes del siglo XXI, pensamos: ¡qué privilegio tener a la Luz ahí! ¡Qué palabras tan llenas de sentido común! Caminar en la oscuridad no sólo es más difícil sino peligroso. Él estaba ahí para guiar y dar sentido a las vidas de todos ellos.

Pero pronto nos daremos cuenta que justo por haber sido “levantado” es que hoy podemos estar cerca de Él. Ahí tenemos otro misterio de la fe.

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Un comentario

  1. Ese faro, una luz en la oscuridad que nos guia hasta su costa..

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