Una reflexión sobre las sectas

[Este artículo apareció primero en la revista electrónica, El Sembrador, un nuevo proyecto que suena muy interesante. Apareció recientemente su primer número. Uno no necesariamente está de acuerdo con los artículos pero el ejercicio es loable]

Uno de los temas más difíciles de tratar es el de las sectas. Para empezar, la palabra tiene una carga negativa aunque su sentido original no sea necesariamente así. En los estudios sociológicos, por ejemplo, se habla de sectas como una clasificación de grupos religiosos. En inglés hay una palabra que sí tiene una carga negativa, incluso de peligro: “cult”. No tiene sentido traducirlo al español porque la palabra “culto” tiene otro significado diametralmente distinto. Acá si alguien dice “voy al culto” no está diciendo que va a una secta peligrosa sino simplemente que ve a un servicio religioso.

Digamos entonces que cuando decimos “secta”, de manera general, nos referimos a grupos cerrados que abusan del individuo y que de hecho, se colocan encima del individuo: “el grupo (iglesia) es más importante que el creyente”. Estas sectas transformarán al individuo, lo harán renegar de toda su vida pasada, lo harán sentir mejor y único. Antes estaba en una cloaca y ahora está en el paraíso en la Tierra gracias a la secta. Por lo tanto, su vida, su tiempo, su dinero le pertenecen a la secta. Los que quedan atrapados en estos grupos tienen un miedo tremendo a estar fuera porque eso significa perder todos los supuestos privilegios que hoy tienen. Expulsar a un miembro de la secta es quizá el peor de los castigos que se pueda concebir. El congregante de esas sectas le debe todo a su secta… y a sus líderes.

Los líderes de las sectas suelen ser carismáticos y no en el sentido bíblico sino a la manera que clasificó el sociólogo Max Weber una de las fuentes del poder. Es decir, los líderes apelan a una revelación personal, única y exclusiva. Aunque no es la regla, la gran mayoría de esos líderes ven con desconfianza a quien estudia e investiga en las Escrituras. Su interpretación es la única. Ellos tienen la verdad. Tener acceso a ellos significa estar más cerca de las nuevas revelaciones. El adepto a la secta está ansioso si el líder no lo ve, no lo saluda, no lo considera. Y al revés igual: “el amado líder me saludó, se acuerda de mi nombre, oró por mi”. La estructura de liderazgo puede dar la impresión de ser abierta pero no lo es. Hay un pequeño grupo, si no es que sólo hay un único y exclusivo líder, cerrado, elitista y enquistado en el poder. Enseñan que dirigir una iglesia no es un asunto democrático y que ellos han pasado sacrificios inenarrables: no sólo tienen una revelación divina única, se la han ganado. Cualquier intento de crítica, de cambio es visto como traición, herejía, meterse con el ungido. Muchas veces el crítico termina siendo el criticado y los errores del líder son en realidad, los errores de los testigos: la secta es perfecta, los imperfectos son los sectarios.

En todo esto hay una distorsión de la realidad, de la historia, de la Biblia. Llegar ahí requiere grandes dosis de manipulación, de ambición por el poder y de inyectar miedo, mucho miedo. Los enemigos de las sectas no son los ateos sino el mundo religioso. La secta enseña que todas las otras expresiones religiosas están equivocadas y que son esas iglesias las responsables del lamentable estado de cosas del cristianismo. El discurso de la secta es de reivindicación, de rescate, de salvación del mundo religioso. Hay sectas que afirman que son las sucesoras del cristianismo del Nuevo Testamento, que son las que rescatan a quienes traicionaron ese cristianismo por ahí del sigo II. Hay sectas que salen de otras sectas porque la secta madre se desvió. Si el mundo está en oscuridad es porque los hijos de la luz se han apagado: la secta encenderá ese mundo. Su problema, su enemigo real es la religión fría, tibia o mediocre.

Generalmente, las sectas no tienen teólogos. A los líderes les conviene la ignorancia porque eso provoca dependencia. El congregante de una secta depende de los líderes. Si el líder no sabe griego o hebreo es mejor. Dicen que son esos “maestros hipócritas” los que han desviado al pueblo. El que conoce algo más que el promedio siempre es sospechoso. Desde el púlpito se lanzarán invectivas en contra de “los sepulcros blanqueados”. No usarán la palabra “hereje” porque saben que ellos mismos lo son, pero la esencia es la misma: los traidores son los peores porque, habiendo saboreado las mieles de la secta, se fueron. Son herejes dentro de herejes, peligrosos porque sus palabras pueden desviar el corazón de los hermanos… y, claro, los líderes tendrían poco o nada que hacer.

¿Se puede reformar una secta? No. Al contrario de lo que dice aquella ley física, una secta se crea y se destruye, pero no se transforma. Y no lo hace porque al hacerlo caerán en la categoría de lo que siempre han criticado. Vista desde dentro, una reforma siempre es una traición: para ellos, reformar la secta es volverla tibia y rebajarla al nivel de los religiosos hipócritas que ellos detestan. Reformar es un síntoma de debilidad. Muchos congregantes, azuzados por los líderes, dirán que eso de reformar es de cobardes o de traidores. Incluso cuando se les demuestre que están en un peligro, ellos van a hacer referencia a su sucia vida anterior y la compararán con el paraíso donde viven hoy. “No veo a los hombres” se convierte en una frase escudo, en un mantra que los cubre de cualquiera que les quiera enseñar lo obvio: han abusado de ellos.

Hay varias prácticas dentro de la secta disfrazadas de convicción y de Biblia:

  • no se pueden casar con gente que no sea de la secta (“qué tiene en común la oscuridad con la luz”)
  • dar dinero a la secta es dárselo a Dios (“compartían todo lo que tenían”)
  • criticar a los amados líderes es meterse con Dios (“maldito el que se oponga al Ungido del Señor”)
  • dejar de participar en sus reuniones es pecado mortal (“no dejen de faltar a las reuniones”)
  • juntarse con otros cristianos los hace perder su cristianismo (“no le den perlas a los cerdos”)
  • reclutar a más miembros para la secta es salvar el mundo (“vayan y hagan discípulos”)
  • quien no nos apoya está es nuestro enemigo (“el que no está a muestro favor…”).
  • si quieres regresar, debes pedir perdón a la secta (como el hijo pródigo).

La lista es larga y algunas sectas suben el nivel de exigencia o ponen nuevas reglas. En todo caso, hay un disfraz de cristianismo detrás de sectarismo.

Justo porque “parece” cristiano, es difícil ayudar a personas que, para colmo, han sido intoxicadas con el miedo, el castigo, la represión si piensan diferente a la secta. Ni siquiera ayuda pedirles que ellos mismos busquen información porque sus líderes les han enseñado que esa información es mala información propagada por enemigos y por traidores. Por ejemplo, cuando se habla de manipulación, ellos dirán “¿a quién de ustedes hemos obligado para hacer tal o cual cosa? ¿A quién le pusimos una pistola en la cabeza para que dijeran que sí?”. Les han enseñado que dejar la secta es como morir de hambre. La dependencia es tal, que cualquier cosa mala que les pase es un castigo de Dios por dejar a los iluminados.

Yo diría que hay tres formas de ayudar a los hermano atrapados en la secta.

  1. Orar

Dios no deja sin escuchar a su pueblo. Los que lo buscan lo van a encontrar. El cristiano debe orar por los hermanos de las sectas. Por paciencia. Por amor.

  1. Informar

Hay que propagar las Escrituras. Informar sobre las creencias históricas del cristianismo, sobre las varias interpretaciones de diferentes pasajes bíblicos. Enseñar los horrores del sectarismo en diferentes momentos de la historia. Convertirse en un maestro cristiano.

  1. Ser luz

Quizá sea la herramienta más eficaz y más compleja. Si queremos mostrar la densidad de la oscuridad de las sectas, debemos iluminar con nuestra vida espiritual. Mostrar la luz y no sólo mencionar la luz. Ser uno mismo el evangelio del amor, la libertad, la gracia, el perdón. Demostrar, con nuestra vida plena, que la secta es prima-hermana del demonio.

En cualquier caso, sólo el amor, la paciencia y el perdón podrán desenmascarar las diferentes caras del sectarismo. No es una tarea sencilla ni popular. Pero Dios sabe honrar a los que trabajan por la paz.

One comment

  1. Reblogueó esto en Místico, bárbaro, aburridoy comentado:

    Desde mi propia experiencia, esta breve reflexión.

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