¿A Dios le gusta ver morir a sus santos?

Mucho le cuesta al Señor ver morir a los que lo aman (Salmo 116:15)

Este es uno de los versículos que ejemplifica con dramatismo la importancia de conocer las tradiciones detrás de las traducciones de la Biblia. En la versión Reina Valera, el salmo se lee: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”. De ahí se podría concluir sin problema que a Jehová le gusta ver morir a sus santos. No me extraña, entonces, escuchar el consuelo que algunos predicadores dan a los dolientes en un velorio: “no llore, Jehová tiene un colaborador más en el cielo”. Si el difunto es un bebé, se le añade una característica angelical: “un angelito está con Dios”. Pero nada de eso dice la Escritura. Ni que los niños vuelvan en forma de ángeles ni que Jehová se agrade de ver morir a sus siervos. De hecho, como traduce esta versión, a Dios le cuesta mucho ver morir a los que le aman. Dios no necesita colaboradores en el cielo, ¡los necesita en este mundo! La muerte es considerada como un enemigo, el último a vencer. De hecho, el sufrimiento y la muerte entraron al mundo por culpa de Satanás. En el plan original no estaba contemplado eso. Por eso Jesús es el redentor, el único que hace nuevas todas las cosas y nos promete la resurrección y la eternidad. Nuestro paso por este mundo tiene sus propia razón de ser, pero un día iremos a dormir para esperar el regreso de Cristo (maran athá!) cuando nos reunamos con Él. Los que tengan su nombre escrito en el libro de la vida vivirán también eternamente. ¿Es mucho pedir que el consuelo entre cristianos no pase por decir palabras bonitas pero sin sustento bíblico? He estado frente a ataúdes. Sé lo absurdo y sin sentido que es explicar palabras en griego, arameo o hebreo. Es tonto querer dar doctrina en el funeral. Pero tampoco voy a decir algo que es francamente un contrasentido. El consuelo que puedo dar a mis hermanos es decir que este es apenas un momento en la eternidad, que un día los santos van a resucitar y que ese día no habrá ni llanto ni dolor porque Dios estará en medio de todo. Aunque acaso lo mejor que pueda hacer es esto: llorar con ellos, abrazarlos y callar. Que Dios consuele a quienes sufren y que yo sea un instrumento útil para eso.

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