Algunas propuestas para la ICMAR

¿Puede la ICMAR salir del hoyo en el que ha caído? ¿Puede realmente rescatar algo de lo perdido? ¿Sus líderes pueden “competir” frente a la personalidad de los discípulos de Kip?

Una visión fatalista dirá que no, que el futuro cercano, ahora que suenan los tambores de guerra, sólo depara meses y hasta años de violencia verbal, divisiones, salidas masivas, reparto de culpas (y de botines), y sí, verdaderas caídas de la fe. Esta es la respuesta más sencilla cuando un mira los hechos. Casi treinta años después, la ICMAR no ha logrado dar un salto de madurez para consolidar la institución. Siguen dependiendo de las ocurrencias, cada vez más aburridas y predecibles, de sus “evangelistas”. Dependen de las enseñanzas, cada vez más una repetición, de su único maestro. Y dependen de los olvidos y la memoria de los hermanos. Me refiero que hay quien todavía recuerda la época dorada de los noventa y suspira por ello. Y hay quien el nombre “Kip McKean” no le dice nada. Estas dependencias no le hacen bien y quitarlas luce algo complicado.

Pero hay otra salida, creo, para su crisis. Y es el camino de todos los que realmente cambiaron en la Biblia. Zaqueo, aquel cobrador de impuestos, lo hizo: reconocer todos sus pecados, actuar en consecuencia a tal confesión de parte, y seguir al Maestro. Quienes deben empezar, por supuesto, son sus líderes principales. Los de Kip tienen un as bajo la manga: dicen que los líderes de la ICOC (la casa matriz de la ICMAR) mintieron en cuanto a la caída de su caudillo. ¿Por qué eso suena tan verosímil? Porque de esos líderes, tristemente, sí se espera que mientan, que escondan detalles, que no cuenten toda la historia. No estoy diciendo que el argumento de Kip sea cierto. Estoy diciendo que parece cierto. Los líderes de la ICMAR deberían de empezar a responder: ¿por qué suena realista esa evidente mentira de Kip? Y la respuesta no es agradable: porque en el pasado lo han hecho. Y deben empezar a dejar de hacerlo. ¿Cómo? Aquí unas propuestas:

  1. Empezar una temporada en que dejan atrás sus sermones aburridos y francamente malos (donde Michael Jordan sigue siendo un ejemplo de gran ganador) para dar paso a contar su historia. “Esto somos, hermanos, de aquí venimos”. Sin adornos, sin guardar detalles vergonzosos. Adornar y pulir la historia para que cuadre en una visión romántica donde todo es maravilloso y sólo hay unos anecdóticos tropezones, no ayuda. Ahí deben responder ¿cómo hemos llegado a esta situación actual?
  2. Eso implica que ellos (“los cuatro fantásticos”) reconocen interiormente todos sus abusos y todas sus mediocridades y todas sus limitaciones. Pero de verdad. Sin falsos dramas ni desorbitados optimismos. ¿Hace falta quién les haga el diagnóstico? Me propongo. ♥ Mi punto es que si los hermanos (todos, sus congregaciones en pleno, no su grupo de líderes, no sus discípulos, no quienes les aplauden y dicen que sí a todo) si los cristianos no sienten que ellos realmente están reconociendo la crisis, simplemente sus horas como iglesia unida están contadas.
  3. Este es el paso más complejo. Si los de Kip están equivocados (y lo están), los líderes ICMAR deben tener claro qué los diferencia. El riesgo que se corre es que vuelvan a esa época en donde desde el púlpito se enseñó que eran la única verdadera iglesia. Pero si no dejan claro por qué ellos no coinciden con Kip, la confusión va a reinar entre los hermanos. Y si en el camino deben de marcar también sus diferencias entre super-regiones y entre liderazgos, lo deben hacer. Basta de amistades simuladas, de uniones hecha a base de papel estraza. Si Mario no soporta a Vargas y si Arturo no soporta a ninguno, lo deben hacer explícito (y si Andoreni… bueno, él debe pedir consejo antes de hacer nada). Lo contrario llevará a una situación similar a lo que pasa en Neza, donde la guerra entre sus líderes clama al cielo (¿quieren insultar a uno de los dos que dirigen ahí? ¡Llámenle con el nombre del otro!). Reconocer esas diferencias ayudará a reconciliarse entre ellos. Aquí deben responder la pregunta: ¿qué realmente nos hace diferentes a Kip?
  4. Tienen que reconocer y dejar de presionar y mandar maldiciones o de hacer la ley del hielo a quienes se van de su iglesia. Esto no está en el ADN de la ICMAR, que considera traidor, débil, caído a quien se va. Pero si sinceramente dejan la puerta abierta y con honestidad dicen “seguimos siendo hermanos”, evitarán, al menos, una violencia espiritual innecesaria. Además, harán que la cara de los discípulos de Kip se caiga de vergüenza porque ahí sí que las pedradas al “antiguo movimiento” y a todo “lo religioso” están presentes todo el tiempo (aunque digan lo contrario). Y esto, evitar rencores y competencias entre supuestos cristianos, no es cosa menor.
  5. La ICMAR debe cuidar de verdad a las “iglesias de provincia”. Al menos a las que formalmente supervisa. Lo que en un inicio era un aparente cuidado, terminó siendo un lugar de vacaciones de tal forma que se cuenta cómo al discipulador de Cancún le encantaba ir a discipular esa iglesia pero no Mérida (¡mira tú, tan bonita Mérida!). No. Ahí se cocinan conflictos dramáticos que, no porque sean diez o veinte los miembros de esas iglesias, son menores. Si no preparan algo con ellos, a largo plazo veremos ya no sólo la capital sino todo el país compitiendo por con quién se va… y si Kip suelta dinero (como ocurre), también perderán ese flanco.

Nada de lo que acabo de describir es fácil o sencillo. En realidad es doloroso. Pero si no hacen algo realmente importante, el dolor que pasarán cientos de hermanos será peor y más intenso. Pidan perdón, retírense a hacer sólo aquello para lo que Dios los llamó (incluso si Dios los llamó a hacer congresos de solteros), den pie a que en su iglesia entre aire limpio. Revisen con alguien más que con Arturo temas como los noviazgos (¿de veras creen que la Biblia dice que no se pueden casar más que entre ICMARs? ¿Un matrimonio entre los de Kip y los de la ICMAR es válido?), el dinero, el discipulado, el evangelismo, el liderazgo (el pagado y el no pagado). Den una vuelta de tuerca.

Aunque no lo crean, tienen una feligresía noble, inteligente, madura, humilde y espiritual (deberían ver cómo me hablan en privado estos hermanitos de buen corazón, cómo los defienden). A pesar de sus líderes…

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