Fracasos generacionales

El líder fundador explicaba su método de manera muy simple:

  1. Misioneros extranjeros plantan una iglesia.
  2. Los miembros locales crecen, vigilados por esos misioneros.
  3. A su debido tiempo, los misioneros regresan a casa o se van a plantar otra misión y los locales son nombrados líderes.
  4. Estos líderes nacionales entrenarían a su vez a nuevos y así hasta alcanzar toda la nación y todo el mundo.

No suena mal… hasta que se puso en práctica y lo que ocurrió fue que esos líderes nacionales crecieron mal, medio torcidos, medio ególatras, medio medio. Llevaron de tal manera las cosas que se pelearon entre ellos, sacaron a algunos (¡sacaron hasta a su padre fundador!), metieron a otros y al final, con la iglesia hundida en una de las peores crisis de su corta historia, todos esos primeros “grandes líderes” nacionales se derrumbaron. De esa generación antigua no quedan más que uno o dos.

¿Qué pasó? ¿Qué hicieron mal? Me parece muy simple: el sistema estaba diseñado para tener un líder supremo al que todos se debían plegar. Cuando intentaron dividir el poder entre cinco, la cosa se salió de control porque simplemente el diseño original de su grupo no cambió. En cierta manera, era un acomodo piramidal que, al quererlo hacer trapezoide, reventó. Meter a un vocho 89 el motor de un Beetle 2013 no es buena idea. Tunearon la nave intentando hacer un auto del año y les salió un Simpson móvil.

Ante esto queda reflexionar en el fracaso de una generación que no pudo formar líderes que llevaran al grupo hacia el nuevo siglo. La realidad les pasó por encima. Ahora, como siempre, tienen dos opciones:

  1. Regresan a las prácticas más duras y rebasan por la derecha a su líder fundador (que parece gozar de buena salud), o
  2. Revolucionan todo y clausuran de una vez la franquicia para renacer como una nueva iglesia.

En ambas opciones hay costos elevados. Quizá el que más les duela (porque está en su ADN) es que muchos hermanos saldrán de ahí. Porque cada que un grupo cristiano sufre de este tipo de crisis, muchos creyentes sufren con ellos. Será a estos creyentes a los que se les deberá apoyar y orientar.

Por lo mientras, los que se quedan harán bien en poner sus barbas a remojar y harían bien en reconocer públicamente que se equivocaron. Sería el preámbulo para algo nuevo. Esperemos, pues.

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