Perfeccionar a los santos

El pasaje de Efesios 4:11-16 nos regala una gran pieza de información, que debiera ser de enorme utilidad para la Iglesia hoy:

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

¿No sería más eficiente que una sola persona dirija a la iglesia? Al fin y al cabo es un sólo Dios quien dirige toda la obra divina. O ya, si se quiere, un líder principal apoyado por otros. Eso no enseña la Escritura. Más bien, Pablo escribió en la carta a los Efesios que en el cuerpo de Cristo hay pluralidad de ministerios y éstos tienen tres propósitos:

  1. “Perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”
  2. “La edificación del cuerpo de Cristo”
  3. “Que ya no seamos niños fluctuantes”

Si el cuerpo (la iglesia) utiliza estos ministerios, la consecuencia es la unidad, la armonía y el crecimiento en amor.

Hay en todo este pasaje un énfasis en la importancia radical de saber identificar los diferentes ministerios. El texto parece dar por sentado que el lector ya sabe qué implica cada uno de los cinco ministerios1:

  1. Apóstoles
  2. Profetas
  3. Evangelistas
  4. Pastores
  5. Maestros

Hay discusión sobre si esta es una lista exhaustiva, es decir, si estos son los únicos ministerios de la Biblia, o si tan solo es una lista representativa y habría más ministerios (por ejemplo, el del Obispo o anciano y el diácono de los que Pablo habla a Timoteo). Dejemos pendiente esa discusión y reflexionemos sobre esto: ¿cuál es la clave para que una iglesia crezca?

¡Que haya pluralidad de ministerios!

Más específicamente, según Efesios, una iglesia crece, se mantiene unida, vive en armonía, cuando hay, al menos, “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros”.

¿Por qué se nos hace muy fácil aceptar que sigan vigentes los “evangelistas, pastores, y maestros” pero levantamos la ceja en señal de sospecha cuando alguien se presenta como el “apóstol fulanito”? Es muy probable que sea por la locura en la que los llamados “apóstoles” y “profetas” de esta época han convertido a cientos de comunidades. Vale decir que la Escritura no pone una fecha de caducidad a esos ministerios. Cuando en 1 Corintios 13 Pablo habla del cese de ciertas manifestaciones, no lo refiere a los ministerios de Efesios 4. Si hace mucho ruido que hoy existan apóstoles o profetas, digamos que, como mínimo, esos ministerios siguen vigentes. Sí, es una acrobacia semántica, lo sé. Pero la Biblia dice lo que dice.

Un primer descubrimiento, entonces, es que en cualquier comunidad cristiana donde exista un sincero deseo de crecer una sola persona haciendo todo el trabajo no es suficiente. Pero, ¿qué es crecer? El mismo pasaje lo dice con meridiana claridad:

1 “Perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”
Pablo nos va a decir que esos cinco ministerios sirven para hacer exactos, precisos, bien entrenados a los creyentes para la obra, para servir a otros. Algunas versiones van a traducir la palabra griega καταρτισμός como “equipar”. ¿Cómo un creyente va a ayudar a otros sin un pastor que cuide o uno que le enseña a evangelizar? ¿Qué enseñanza va a compartir sin un maestro que, a su vez, le enseñe a él? Los grandes disparates y tonterías que se enseñan hoy en muchas iglesias tienen su origen en la falta de maestros de la Biblia serios y comprometidos.
Es curioso que esto, la ayuda y el servicio a los demás, sea la primera consecuencia que coloca la Escritura de tener los cinco ministerios. Un cristiano sirve a su Dios o no sirve de nada.

2.“La edificación del cuerpo de Cristo”
¿Hasta dónde hay que “edificar el cuerpo? Pablo responde: hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. De nuevo, el énfasis está en el otro. Un apóstol no está ahí para tener fama, dinero y poder, está ahí porque debe colaborar a la edificación, a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios. El crecimiento que tiene en mente la Biblia no es una cosa humana. A pesar de que suene arrogante y hasta imposible, la comunidad cristiana debiera pretender que todos y cada uno de sus miembros conozca realmente a Cristo y (esto es un salto mortal) al mismo tiempo, que crezca en perfección hasta alcanzar la plenitud de Cristo. Si en Cristo reside toda la divinidad, crecer significa, sin más, que uno va deificándose, que uno va mostrando más y más la divinidad. No se trata de ser mejores que el mundo, eso se da por descontado, se trata de ser como Dios mismo. Palabras mayores, pues.

3.“Que ya no seamos niños fluctuantes”
Aquí, Pablo va a usar más palabras, va a contrastar, va a decir qué cosa no debe ser un creyente. ¿Qué es un niño?: alguien que fácilmente cae en los engaños de los hombres malvados. Estos engaños son de palabra, de doctrina. Con estratagemas, se aprovechan de las “artimañas del error”. Al contrario, un cristiano maduro, sigue la verdad en amor y crece en (y como) Cristo. Este crecimiento es integral: “crecer en todo”. La frase en griego (αὐξήσωμεν εἰς αὐτὸν τὰ πάντα) podría traducirse como “debemos crecer en Él (Cristo) en todo”. Cada creyente, en cada célula de su cuerpo espiritual debe aspirar a crecer, a madurar, a ser Cristo.
Aquí, por supuesto, viene una trampa que utilizan las iglesias de todo calado. Dicen algo así: “la Biblia dice que no debes cambiar de doctrina, que eso, cambiar de doctrina, en realidad te delata como un niño”. Con este argumento, con la repetición que todo lo bueno se le debe a esa iglesia, los creyentes siguen presos en las doctrinas que esas comunidades enseñan como verdades reveladas. Pero Pablo aquí dice que son justo esas enseñanzas que se alejan de la verdad revelada (la Biblia) las que están equivocadas. ¿La doctrina de su iglesia está alejada de la Biblia? ¡Aléjese de esa iglesia y regrese a la doctrina bíblica!

Hay que notar cómo este pasaje va jugando con la dicotomía creyente-comunidad. Los cinco ministerios entrenan a cada creyente individual para el trabajo en equipo. Cada uno debe crecer para que, entonces, el cuerpo (la iglesia) vaya creciendo. Por eso, no es casualidad que el pasaje termine con un regreso al origen: no hay que olvidar quién, en realidad, es la cabeza, el único líder, el modelo, el principal ministro, es decir, Cristo Jesús:

…la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

¡Bellísimo pasaje! Usted puede pensar que su trabajo es insignificante, pero no es así. La uña del dedo pequeño del pie izquierdo sigue contribuyendo al crecimiento. Si una célula del párpado derecho falla, todo el cuerpo sufre. Pero no sólo eso: todos se ayudan mutuamente, según lo que saben hacer. Así, el cuerpo crece, se construye en amor.

¿Nota la responsabilidad personal de cada creyente en la edificación de la Iglesia? Cuando se dice que la Iglesia es de todos, no es un discurso populista. Pero sí lo es cuando en realidad sólo se fomenta, premia y reconoce uno sólo de los cinco ministerios. Si el predicador monopoliza la asamblea de los creyentes, ésta ni es asamblea ni necesariamente está creciendo. Las iglesias se vuelven propiedades o empresas personales de los líderes cuando éstos y no todos los creyentes, llevan las riendas. ¡Eso es precisamente lo que practican miles de iglesias!

No. En una iglesia que está creciendo, existen esos cinco ministerios y, en realidad, en la práctica diaria, todos son responsables del cuerpo. Todos y cada uno. El predicador, el pastor, el apóstol, son en realidad un miembro más. La estampa que nos queda de una iglesia así es la de un cuerpo sano, en forma, activo y en armonía. Lo que siempre debió ser la comunidad de creyentes.

¿Y de dónde sacamos esos cinco ministerios?

Parece cliché, parece ser una no-solución, pero la Escritura lo dice con todas sus letras: él mismo constituyó Así de sencillo. La Iglesia no necesita talleres para generar pastores ni convocatorias para contratar profetas. No. Dios ya los constituyó. La frase καὶ αὐτὸς ἔδωκεν τοὺς μὲν se traduce más recientemente con el simple: “él dio a algunos (el ser)…”. Esos son regalos a la iglesia que Dios envía.2 Aunque suene muy poco alentador, pero si Dios no los provee, no intente formarlos artificialmente, de lo contrario, su iglesia3 tendrá un crecimiento artificial. O los regalos vienen de Dios o no son.

Un comentario final. ¿Dónde están los números de creyentes a la alza en este pasaje? ¿Se puede inferir de esta escritura (y de otras) que la salud del cuerpo se puede medir por el número de personas que llegan a la comunidad? No. De hecho, ese tipo de “crecimiento” ni por asomo se encuentra aquí. La siguiente ocasión que su predicador de cabecera le diga que una iglesia sana crece, pregúntele a qué se refiere con eso. Si su respuesta es que es el proselitismo, que una iglesia sana crece de los cien a los mil y de ahí a los diez mil, ámelo, dele un beso santo y en ese amor, corríjalo. Ganará tesoros en el cielo.


  1. Hay un debate sobre si son cinco o cuatro ya que las últimas dos palabras podrían indicar que en realidad es uno solo: el de pastor-maestro. 
  2. Es interesante notar que el texto no dice ni regalo ni ministerios. Estas son etiquetas que se colocan a posteriori. 
  3. Por supuesto, la frase “su iglesia” es ya reveladora de la visión que se tiene de la iglesia. Si existe algo como “su iglesia”, seguro no existe la iglesia de Dios. 

El sistema tóxico kipmaquiano

La Iglesia de Cristo en México AR (ICMAR) es un producto de importación. Un señor llamado Kip McKean fundó un grupo religioso que en inglés se llamó International Churches of Christ (ICOC). Cuando a principios del siglo XXI algunos de sus antiguos camaradas se rebelaron y lo sacaron, Kip se fue a fundar otro grupo religioso. Le puso International Christian Church (ICC). Además de su obsesión por lo “internacional”, Kip no cambió su “teología básica”. Tampoco sus prácticas privadas: sigue siendo un ser más o menos hipócrita que dice algo en el púlpito y otra cosa debajo. Sigue medrando de los dineros que sus feligreses le dan (muy el dinero de sus feligreses, eso sí). Sigue diciendo que para ser cristiano usted debe ser bautizado por inmersión en agua, si usted nunca jamás ha sido bautizado en agua, no es cristiano. Seamos más específicos: si usted nunca se ha bautizado EN ALGUNO DE LOS MOVIMIENTOS CREADOS POR KIP MCKEAN, usted no es cristiano. Kip sigue creyendo que toda iglesia debe tener un líder central (o sea, él). En el colmo de la locura, llama perdidos a sus propios hijos (los de la ICOC). Su unidad es esta: “vengan, ICOCs, vengan y sujétense a mi liderazgo”. Si esto le suena al papa romano, es usted muy perspicaz.

La única manera en que Kip perdonara a sus antiguos hijos es que ellos lo volvieran a instalar en su puesto. Sí. Como lo leyó. El problema, según Kip, es que, al alejarse de él, sus hijos de la ICOC perdieron el rumbo (que él había trazado «movido por el espíritu»). Todos los vicios y todas las crisis actuales tienen su origen en 2003, cuando le quitaron su puesto de líder principal de todas las iglesias del mundo. A partir de ahí, se desviaron. ¿Por qué llama “remanentes” a los de la ICOC que quieren regresar con él? La respuesta es obvia: porque estos creen que la teología de Kip es correcta y que la ICOC se desvió. En otras palabras, usted demuestra que es todavía santo (y verdadero) si cree que la de Kip es la única, mejor, verdadera doctrina cristiana.

¿Cuál es el error de estos “remanentes”? ¿Ya lo vio?: la ingenuidad (o torpeza) de creer que la ICMAR (ICOC) estaría mejor ¡con lo que dice Kip! Tan delirante como esto. No se dan cuenta que la ICC terminará igual que la ICOC por la misma razón: la teología envenenada de Kip McKean. Él es el creador del sistema. Les miente cuando dice que la crisis de la ICOC vino después de que se fuera él. Como el mismo Satanás, Kip empieza sus explicaciones así: “con que sus líderes les han dicho esto… pues aquí va mi verdad”. No. Muchos de esos “remanentes” no se dan cuenta que la crisis vino desde antes, mucho antes de que Kip fuera separado. Suena exagerado decir que esa crisis inició desde finales de los años setenta cuando él y su hermano fueron expulsados de una comunidad cristiana acusados de dividir. ¡Nada nuevo bajo el sol! Y cuando ellos, los “remanentes” piensan que van a estar mejor con Kip que con sus líderes ICMARs son tan ingenuos o tan necios como si una persona con una pierna amputada creyera que por cambiarse de zapatos le fuera a crecer la pierna cercenada. Absurdo como se le quiera ver.

De hecho el problema de la ICMAR fue (es) que está pegada a los paradigmas de Kip. No lo van a reconocer nunca, pero lo cierto es que no hicieron nada por diferenciarse de los narcóticos espirituales inyectados por Kip McKean. Y Kip (y los suyos) lo saben. Tan lo saben, que su propuesta es volver a lo que la ICMAR perdió: la cultura de la culpa, la intromisión a las vidas de los creyentes, la iglesia como única manera de ir a Dios, los líderes como puentes únicos (como vicarios) para tener una mejor vida espiritual. ¿Recuerdan cómo era la ICMAR en la época del reinado de Kip? “Llena de amor” responden los más. ¿Y cómo es el “nuevo movimiento”? “Lleno de amor”, responden los más. Es una repetición nauseabunda que terminará como terminó (o como está terminando) el sistema en la ICMAR: fraudes, escándalos, politiquería entre líderes, traiciones, divorcios, retiros de solteros, matrimonios endogámicos, mujeres humilladas, líderes vilipendiados. Y la razón es clara: el sistema, la doctrina, lo que promueve Kip McKean es tóxico, es venenoso.

Y sí: hoy todo es muy bonito, como en “el inicio”. Todos lo buscan y lo tratan bien, como en “el inicio”. Todos hablan de lo bonito y hartísimo maravilloso que es estar con los hermanos como en “el inicio”. La iglesia “crece”, como en “el inicio” (verdad a medias, a todas luces, sólo analicen sus estadísticas). Y como en el inicio, hay ahí abusos emocionales, autoritarismo, sectarismo, torceduras de las escrituras que claman al cielo, hermanos expulsados y humillados. Y la verdad, pregunten a Kip que cuál es su concepto de nuevo cuando su “nuevo movimiento” lleva más de 10 años. Pregunten cuánto necesitan para que deje de llamarle nuevo, porque en una de esas, ya está siendo odre viejo, viejo. Y entonces, cuando vuelvan a la decepción, igualita o peor que en la ICMAR (ICOC), por favor, por amor a ese Dios en el que dicen creer y por el cual se meten en sectas destructivas, ¡sean libres del oscuro Kip y de su sistema! ¡Cristo no es exclusivo de su microscópico grupo religioso!

«Hermanos, les ruego que se fijen en los que causan divisiones y ponen tropiezos, en contra de la enseñanza que ustedes recibieron. Apártense de ellos, porque no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a sus propios apetitos, y con sus palabras suaves y agradables engañan el corazón de la gente sencilla.» (Romanos 16:17-18)

“Anímense con estas palabras…”

¿Para qué se reunían los cristianos en el primer siglo? Lo que nos llega de las Escrituras podría no ser una lista exhaustiva, pero, volvamos al tema de ser bíblicos, y preguntémonos mejor:

Lo que usted y su iglesia hacen ¿se parece, al menos de lejos, a lo que usted lee en el Nuevo Testamento?

Trate de ser honesto. Aunque duela.

Yo solía asistir a un grupo religioso que presumía de ser bíblico. Dejemos de lado que tenían un lema un poco riesgoso “donde la Biblia calla, nosotros hablamos” y digamos que para ellos eso de ser bíblicos era tener actividades que se parecieran a lo que la Biblia decía. El gran peligro (para quien enseñaba tal cosa) era que cualquiera que viera la lista de preocupaciones de los líderes y las comparara con aquellas del texto bíblico descubriría que las prioridades e incluso las actividades tenían poco que ver. Acá una lista:

  • Luces y sonido. Sí, quizá una de las principales preocupaciones cuando nos reuníamos era que no fallara el micrófono. Cuando nos robaron el equipo de audio, el líder estaba en la tristeza total. Lo mismo cuando proyectábamos algo: el proyector siempre fallaba cuando no tenía que hacerlo. La verdad es que era una ansiedad terrible que alguien quisiera presentar un power point o un video al público, no fuera a fallar el equipo a la mera hora.
  • Campañas evangelísticas. Se nos enseñaba que el crecimiento era sinónimo de nuevas personas convertidas. El silogismo era simple: una iglesia sana crece (en número de miembros), una iglesia enferma no crece. Con esto en mente, los debates sobre días, temáticas, nombres de las campañas, impresión de propaganda, programa, invitados especiales, eran interminables. A veces poníamos nombres de telenovelas o películas de moda (no dudo que alguien hoy en día dijera algo como “Escuadrón Suicida para Dios” o una cosa similar. No se rían, es serio), otras veces los predicadores nos fallaban, algunas discutíamos si poner un baile o mejor al hermano que cantaba bonito… ¡qué inmisericorde forma de perder el tiempo!
  • Recolección de dinero. Este tema quizá compite con cualquier otro en importancia. Un dicho común era que para Dios el dinero no era importante, pero para el mundo sí, y como nosotros estábamos en el mundo, pues necesitábamos monedas. Vi muchas veces la cara de preocupación en líderes que veían cómo el dinero escaseaba. Se hacían planes, se exaltaba a los hermanos que daban sus cuotas, se regañaba y amenazaba con maldiciones (bíblicas, obvio) a quien no diera. El dinero era un verdadero dolor de cabeza cuando no había y una gran alegría cuando abundaba.
  • Talleres para solteros, casados, adolescentes, madres solteras y un largo etcétera. En algún momento se creyó que era buena idea separar por edades o por estado civil a la iglesia. Esto sólo generó divisiones, pero además, la atención que la iglesia daba a cada grupo dependía del estado y el ánimo del líder en turno. Cuando un líder principal era soltero, el ministerio de solteros tenía mucha relevancia; ese mismo líder se casaba, ahora los matrimonios eran importantes; tenía hijos, la enseñanza para padres se convertía en lo relevante; los hijos eran adolescentes, pues el grupo de adolescentes se fortalecía. ¿Se adivina el resultado? Una iglesia que da bandazos, que un día quiere una cosa, otro día quiere lo contrario. Y recursos ingentes se gastaban para mantener esos grupos con cierta salud “espiritual”. Por supuesto, había “fiestas de solteros”, “fiestas de casados”, retiros de jóvenes y así ad infinitum.
  • Ministerios de música y una lista larga de otros ministerios. Si el sonido ocupaba gran atención en los servicios, la música tenía también su propio lugar. El coro era un rompecabezas que iniciaba por cuestiones técnicas (¿a capella o con instrumentos?) y terminaba en primeros auxilios emocionales (el líder del coro ya está viendo con ojos de lujuria a la hermanita del coro o viceversa). De ahí a los interminables ministerios que surgían. Llegó a existir un ministerio de poner y quitar sillas… que peleaba con el ministerio de la música que tenía que llegar temprano y se quejaban de los ruidos que hacían los del ministerio de sillas, que a su vez se quejaba con el de Santa Cena porque desordenaban las filas y éstos a su vez se enfadaban con el cuidado de niños porque los responsables no lo eran tanto y los niños gritaban como posesos a la mitad de la oración… y un largo viacrucis para que en el momento del sermón hubiera cierto orden y armonía y el predicador no se enojara y lanzara anatemas desde el púlpito al ministerio del sonido…

Esos son sólo algunos ejemplos de prioridades en una iglesia. A cambio, sólo como ejemplo, el Apóstol San Pablo dice a los Tesalonicenses: “Por tanto, aliéntense los unos a los otros con estas palabras (1 Tes. 4:18)”. ¿Cuáles eran esas palabras? ¡La resurrección de los muertos! Y si revisamos 1 Corintios, veremos una lista de los asuntos y problemas que aquejaban a esa iglesia y que interesaban poner por escrito a Pablo:

  • Divisiones en el que los grupos en pugna tomaban a su propio caudillo.
  • Relaciones sexuales (oh sí, matrimonio, prostitución e incesto desfilan en las páginas de 1 Corintios).
  • Problemas entre cristianos que terminaban en pleitos legales ante jueces no-cristianos.
  • Qué era y cómo se tenía que tomar la Santa Cena.
  • Los dones milagrosos y las manifestaciones espirituales.
  • La manera en la que se debían ordenar las reuniones cristianas.
  • La resurrección de los muertos.
  • La ofrenda para los santos.

¿Se parece esta lista a las preocupaciones de su iglesia? O quizá ya somos de una generación tan madura y tan espiritual, que eso que Pablo escribió ya está muy fuera de moda y pues solo sirve para pasar un rato de sano esparcimiento espiritual. Quizá, si Pablo escribiera hoy, tendría una línea para el ministerio de niños y otra para el equipo de audio de los inmuebles donde se reúne la iglesia. ¿Será?

MEDITE: ¿Y si nuestras prioridades como iglesia no son las prioridades ni de la Biblia ni del Maestro ni de Dios? Cuidado con ser odre viejo.

Diez cosas que los padres responsables deberían saber sobre Kip McKean y su movimiento

Tomado de: http://www.exicc.org/2014/10/concerned-parents-kip-mckean-icc.html Traducción libre:

10. Dos terceras partes de la Iglesia Cristiana Internacional (ICC, por sus siglas en inglés) está compuesta por estudiantes universitarios de entre 18 y 22 años. Muchos son echados de la universidad porque son incapaces de gestionar la escuela y la rigurosa agenda de la iglesia que cada miembro tiene la obligación de cumplir: iglesia el domingo, servicio a mitad de semana el miércoles, charla bíblica el viernes discipulado (D-Times en inglés), reuniones, evangelismo o «compartir» varias horas al día, estudios bíblicos con nuevos reclutas, «servir» a líderes pagados haciendo labores de limpieza de su casa, cuidado de niños, recados para ellos, etc. Si no se cumplen estas exigencias, los estudiantes son sometidos a sesiones de quebrantamiento donde se les hace sentir que tienen un mal corazón y que son egoístas por no poner a la iglesia en primer lugar y como resultado se ponen en riesgo de ir al infierno.

Más

Carta abierta a la Iglesia de Cristo en México AR (ICMAR)

[Escribí esta carta a la comunidad que pertenecí y la hice pública el 11 de febrero de 2013.]

Queridos hermanos,

He pasado 16 años de mi vida en esta comunidad cristiana y hoy anuncio la salida mía y de mi esposa. Escribo estas líneas para tratar de explicar lo que han significado todos estos años ahí, para tratar de transmitir lo que estoy pensando ahora mismo. La mitad de mi vida la he pasado en la ICMAR. No tengo palabras para agradecer a Dios todo lo que me enseñó estos años. Aquí conocí a mi esposa, a mis mejores amigos, a seres extraordinarios, llenos de fe y gracia. Fue dentro de la ICMAR donde pasé los años más fascinantes de mi vida; llegué a la mitad del bachillerato, cursé todos mis estudios profesionales, obtuve mi primer empleo; de ser un muchacho a la mitad de la pubertad a ser ahora un adulto con responsabilidades. ¡Cómo no sentirme conmovido por eso! ¡Cómo no recordar a la ICMAR con gran emoción y gratitud! Es más, fue aquí mismo donde mi sed de Dios, mi hambre espiritual inició. Toda mi formación religiosa se la debo a la ICMAR.

¿Hay cambios en el protestantismo?

No deja de ser paradójico que los hijos de la Reforma sean los más reacios a los cambios eclesiásticos. Las comunidades protestantes prefieren dividirse antes que cambiar. Y mire que, salvo excepciones, estos cambios no suelen ser espectaculares. El resultado es un cristianismo dividido, disperso y confundido.

En apariencia, el protestantismo no es anquilosado. Al poner el énfasis en la responsabilidad individual y al dejar que cada creyente vaya a las fuentes, los protestantes son más plurales en su forma de vivir el cristianismo. Pareciera que cada comunidad tuviese sus propias reglas donde todos son felices porque ellos, los miembros, se dieron tales normas. Pero esta fotografía es borrosa.

La realidad es que estas iglesias se sienten incómodas con el disidente. Parece una vieja historia: una persona lee blanco donde la comunidad lee negro, lo expresa, no le hacen caso, la persona ahora lo grita, la iglesia lo calla, él se va con su grupo y la calma vuelve a la congregación. Y, claro, una nueva iglesia nace: la iglesia principal se llama La puerta de oro, la nueva El portón dorado. Ambas se lanzarán indirectas y, aunque no lo digan, se considerarán mejores que los otros. Tendrán miles de escrituras para autojustificarse.

¿Será un gen propiedad de Lutero lo que provoca todo esto? La Reforma protestante ha dejado de ser Reforma para solo convertirse en protesta. Y un cristiano en protesta permanente no parece tener futuro.

¿Debemos aspirar a ser una iglesia del Nuevo Testamento?

Valdría la pena preguntarse si realmente la iglesia moderna debe parecerse a la iglesia primitiva. La iglesia es la institución más antigua del Occidente: ¿no hay nada bueno qué aprender de dos milenios? La otra cosa es preguntarse, ya desde la exégesis, si lo que Dios quiere es que imitemos a esos primeros cristianos. En esta reflexión hay, debemos decirlo, un componente de la modernidad: la noción del progreso. Y, ya lo sabemos, la modernidad se nos presenta como antítesis de la religión y al cristianismo como su enemigo a vencer. Hay algo de parricidio en estos modernos. Pero debemos reconocer que la modernidad ha dejado el principio de progreso como positivo: ser progesista es, en la sociedad del siglo XXI, infinitamente mejor que ser conservador. O al menos, es más chick, ser «progre» es saber venderse en este mundo.

Pero volvamos a la pregunta inicial: ¿debemos aspirar a ser la copia exacta de la iglesia primitiva? O más: a la iglesia neotestamentaria. La primera dificultad que un lector atento del Nuevo Testamento va a encontrar es que no existe el concepto «la» iglesia como entidad monolítica, unificada y uniforme. Lo que sí hay es una pluralidad de iglesias. La iglesia de Jerusalén parecía tener poco en común con la iglesia de Corinto y ésta a su vez menos con la de Roma. Ese poco, dirán con razón los lectores, es mucho: creían todos en la obra y enseñanza de Jesús de Nazareth. Más allá de eso, quizá, no había más.

Lo que sí vemos muy claramente en las escrituras griegas es una serie de principios. O mejor: hay algunas doctrinas, algunas prácticas y algunas «estructuras» que todos los creyentes practican desde entonces. Hay que encontrar esas tendencias generales y aplicarlas en el contexto moderno de la iglesia.

La pregunta viene a colación porque hay una suerte de obsesión en algunas iglesias descendientes de la Reforma. Dígame usted si no: la idea de que la iglesia moderna debe ser una copia de la iglesia primitiva o, en el extremo, de la iglesia del Nuevo Testamento permea infinidad de grupos. Esta teología ha llevado a situaciones bochornosas: grupos de cristianos que se visten como ellos creen que se vestían en el siglo I, que hacen de esas minucias un verdadero dogma que, en la práctica, se ponen encima de la soteriología. Una mujer que crea en Jesús, que practica sus preceptos y que en general es piadosa pero que se vista de pantalón y se maquille es vista poco menos que «ramera», adjetivo preferido de estos restauracionistas trasnochados.

Pero hay aquí un error de interpretación y de profunda ignorancia en las escrituras. Acomodan las escrituras a su antojo: ¿por qué exigir los atuendos en mujeres pero no en hombres? Porque si a esas vamos, los hombres deberían ir por este mundo en sandalias y túnicas. Y todavía más: deberían hablar, al menos, en griego koiné. También deberían tener una teología peculiar de la Trinidad, que no se desarrolló sino hasta al menos tres siglos después de Cristo y deberían resolver el asunto de la organización: ¿elegimos el modelo de Jerusalén o el paulino? Pero, más dramático aun: ¿qué Escrituras leemos y consideramos inspiradas?

Porque los restauracionistas no han podido responder con eficacia algunas preguntas:
1. ¿Por qué, desde el punto de vista exegético, hay que copiar la primera iglesia?
2. ¿Qué consideramos «iglesia primitiva»? ¿Qué periodo histórico comprende? ¿Qué conocemos con certeza histórica de tal periodo?
3. ¿Qué aspectos de esa iglesia copiamos y por qué?

En querer regresar a nuestras raíces hay un sentimiento de insatisfacción actual, una añoranza por los viejos y buenos tiempos. “Todo tiempo pasado fue mejor» es igual a decir que hay una edad de oro de la cristiandad. Pero es una idea romántica, parcial e ingenua. Hermanos y hermanas: vivimos en el año del Señor 2009.

Estoy convencido que las Escrituras son la base, los límites, los bordes en donde cada comunidad de cristianos debe construir su propio edificio, uno que es parte de un vecindario noble, antiguo, con zonas rojas, negras y grises, pero ese edificio se construye aquí y ahora. Eso, la idea clara de líderes cristianos de adaptarse a su situación histórica, social, cultural y política, es el elemento clave para entender cómo seguimos hablando hoy de ese carpintero llamado Jesús, proveniente de Nazareth.

¿Enemigos de la civilización?

Confieso que los primeros párrafos del artículo que reproduzo abajo me causaron cierta incomodidad. Las citas de Nietzsche son siempre sospechosas no por él sino por quien las cita, cosa que ocurre casi siempre fuera de contexto. Pero Vattimo hace una reflexión tan profunda que estoy seguro que muchos cristianos la suscribirán. No sólo los «contreras», los insurgentes espirituales que tanto incomodan a las jerarquías. No. Creo que un examen frío de la historia y de las repercusiones públicas y privadas de las religiones institucionalizadas (cuyos efectos se dejan sentir en todo el mundo) ayudaría a tener una conclusión quizá a favor de la tesis de este autor. La sombra de la institución es larga y perdurable.

¿Es necesaria la institución? El filósofo responde que no. ¿Qué piensan ustedes?

¿Es la religión enemiga de la civilización?

GIANNI VATTIMO 01/03/2009 

Todos recordamos seguramente la famosa frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. Y también su cláusula: Dios seguirá proyectando su sombra en nuestro mundo durante mucho tiempo. ¿Qué pasaría si aplicáramos la frase de Nietzsche también, y sobre todo, a las religiones? En muchos sentidos, es verdad que, en gran parte del mundo contemporáneo, la religión como tal está muerta, pero todavía proyecta sus sombras en numerosos aspectos de nuestra vida privada y colectiva. Por cierto, dejemos claro que el Dios cuya muerte anunció Nietzsche no es necesariamente el Dios en el que muchos de nosotros seguimos creyendo; yo me considero cristiano, pero estoy seguro de que el Dios que estaba muerto en Nietzsche no era el Dios de Jesús. Incluso creo que, precisamente gracias a Jesús, soy ateo. El Dios que murió, como dice el propio Nietzsche en algún lugar de su obra cuando le llama «el Dios moral», es el primer principio de la metafísica clásica, la entidad suprema que se supone que es la causa del universo material y que requiere esa disciplina especial llamada teodicea, una serie de argumentos que tratan de justificar la existencia de ese Dios o esa Diosa frente a los males que vemos constantemente en el mundo.

Más

¿Para qué un ministerio de solteros? III

III. Los héroes bíblicos fueron casados

Los grandes hombres del Antiguo Testamento son casados. Desde Adán hasta los profetas, pasando por los patriarcas y los reyes, prácticamente todos compartía su vida con una pareja. Esto sólo nos dice que a Dios no le desagrada el matrimonio. Lo que no significa que la soltería sea algo malo. Sólo quiere decir que al Dios de Israel no le importaba si un hombre o mujer estuviera casado para usar a tal ser como vía de comunicación con el resto de la humanidad. Reiteremos: los grandes hombres del AT eran, de hecho, casados.

¿Por qué todos esos personajes tenían esposa? Quizá porque en Génesis 1:28 y 2:24 la Torá establecía claramente que el plan de Dios para su creación era que tuvieran muchos, muchos hijos y que, para eso, tenían que estar casados y llegar «a ser como una sola persona». Así que para todos ellos, desde Adán, lo normal era que el ser humano, en algún momento de su vida (y no muy tarde), debía dejar a sus padres, unirse a una mujer y, entre otras cosas, tener hijos. Ir en contra de este designio podría poner en peligro la supervivencia del pueblo elegido y, casi por transitividad, no coincidir con el plan de Dios.

Más

¿Para qué un ministerio de solteros? II

II. El celibato

Si usted es un cristiano soltero y le dicen que su grupo sirve para tener pareja, ¿qué pensaría? En la entrada pasada les compartí que vi cómo los hermanos abrían sus ojos como si trataran de ver mejor a quien les estaba diciendo aquella suerte de blasfemia. Habría que agregar que además, la lección se estaba impartiendo en un lugar un tanto clandestino porque ese día no teníamos una casa donde reunirnos. Debajo de las escaleras de un edificio a punto de cerrar sus puertas, fuimos aprendiendo lo que la Biblia decía de la soltería.

Más

¿Para qué un ministerio de solteros?

En los dos últimos años he sido parte de un grupo compuesto de solteros. Esta es una tendencia en varias iglesias que se organizan de acuerdo a características comunes de sus miembros. En casi todas las organizaciones hay un grupo de jóvenes. En otras, como la mía, también hay grupos de matrimonios, de viudas y de solteros. La idea detrás de esta organización es que los integrantes del grupo pueden ayudarse porque comparten necesidades comunes.

Hace unas semanas propuse a los hermanos que nos preguntáramos ¿para qué un ministerio de solteros? Y es que muchas veces damos por hecho que las cosas son así por un mandato divino. Ciertamente la mano de Dios se mueve en toda la historia. Esta visión la heredamos los cristianos de los judíos del Antiguo Testamento. Pero también es cierto que el hombre tiene la oportunidad de tomar decisiones y con ello la responsabilidad de las consecuencias. En todo caso, no hay un modelo único de iglesia «según la Biblia»: ni Jesús, ni Pedro, ni Juan, ni Pablo nos dejaron instrucciones claras de cómo organizar la iglesia. Así que algunos proponen que ahí donde la Biblia calla, nosotros podemos hablar. Y al parecer este el caso.

Recién casado, pensé que mi respuesta a esa pregunta podría parecer sesgada. Quizá. Porque, siguiendo la propuesta de otro artículo, les dije: el ministerio de solteros existe para buscar una pareja y establecer las bases para un matrimonio sano. Más de uno (y de una) abrieron los ojos y arquearon las cejas en señal inequívoca de duda. Ahí estaba el reto y la provocación. De vez en cuando en nuestra vida cristiana debemos parar y preguntarnos lo básico ya sea para reforzar lo que estamos haciendo o para cambiar el rumbo. Si no lo hacemos, podríamos estar intentando atrapar el viento. La respuesta es sencilla. La explicación no tanto.

Más