Pobres de espíritu

Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos

El gran discurso de Jesús inicia con un mensaje de alegría y esperanza dirigido a los que esta sociedad generalmente subestima. Y de entre todos ellos, los primeros que deberían sentir ánimo son los pobres de espíritu. A ellos, el Maestro los promete el reino de los cielos. Aquí, en estos pocas palabras están los temas recurrentes en el evangelio de Cristo: los necesitados y el reino espiritual.

Pero, ¿a qué pobres se refiere Jesús? No a quienes no tienen posesiones materiales sino a aquellos que lo son de «espíritu». He aquí una señal que no debemos olvidar. Sólo sin ese espíritu egoísta el ser humano podría recibir al verdadero Espíritu, el que viene de Dios. Ahí está el fundamento del evangelio y, al final, de la salvación. Si uno quiere tener una relación con Dios, si quiere recibir esa herencia que se llama «reino de los cielos», deberá hacer morir su ego.

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Mateo 5:1

Y viendo las multitudes, subió al monte; y sentándose, sus discípulos vinieron a Él. 

Los discípulos de Jesús: este fue el auditorio, el grupo al que enseñó y predicó el Maestro este sermón. Según los versículos anteriores, aquí Jesús ya tenía un grupo de seguidores a los que antes había prometido convertirlos en pescadores de hombres (Mateo 4:18). Pero además de estos cuatro hermanos (Pedro y Andrés, Santiago y Juan), había gente atraída por la fama de aquel sanador de Galilea que además de exorcizar, proclamaba «arrepiéntanse porque el Reino de los cielos ha llegado». El galileo decía que esta era una buena noticia. El Rabí hacía y decía, enseñaba y actuaba. Pero, ¿de qué tenían que arrepentirse?, ¿qué era ese Reino de los cielos?, ¿quiénes eran sus súbditos?, ¿quién era el Rey? Acaso pocos de los que estaban en ese monte querían saber las respuestas. Quizá sólo deseaban ver el espectáculo: «¿verdades doctrinales?, ¡eso es para los teólogos! Dame de comer, quítame esta enfermedad, consuélame, resucita a alguien…».

«Los discípulos se acercaron». Sus seguidores , aquellos a los que algunos años después les llamarían cristianos, la comunidad de los cercanos de Jesús; ellos fueron los que escucharon este mensaje. Jesús evangelizó en primer lugar a sus seguidores. ¿Por qué se nos olvida ese mensaje a sus seguidores del siglo XXI?

Pequeño gran artículo

Este es un gran artículo. Bueno, una pequeña reflexión que, viniendo de quien viene, tiene mucha trascendencia. El gran problema de muchos protestantes es que nos olvidamos de dos mil años de historia. Un pater de la iglesia ortodoxa me decía la otra vez que los protestantes somos en general ignorantes de la patrística y de la historia y resoluciones de los concilios. Si estudiáramos todo eso junto con la Biblia y nos olvidáramos de nuestros tabúes, mitos y prejuicios, seguro que nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza dogmáticos. También en la praxis. Porque la historia de la teología, incluso de la más especulativa, tiene que ver con la praxis. Casi diría que primero son los problemas de la vida real, de lo que pasa en la congregación y luego la explicación de eso.

Vale la pena echarle un ojo a este artículo. Nosotros, provenientes de las iglesias de Cristo y su énfasis en el bautismo, no escuchamos mucho de esto. Pero hoy por hoy, los grupos con mayor crecimiento dentro del protestantismo son aquellos que tienen  raíces en Estados Unidos. La doctrina de salvación es básica: «Cree en Jesús y serás salvo». También podría decirse: «Confiesa a Cristo como tu Señor y Salvador y serás salvo.» Otra: «Recibe a Cristo en tu corazón y serás salvo». Pero, como bien reflexiona el autor del siguiente texto, el camino de la salvación que anuncia Jesús es mucho más que una simple frase, más que un arrebato emocional o incluso racional: la fe es el sí a Dios. Pero decirle sí a Dios es mucho más que hacer el show de pasar al frente y recibir el perdón. Ya habrá tiempo para continuar con esta reflexión. Por lo mientras dejo este artículo. Recomiendo visitar este sitio con más artículos. Nuestros amigos evangélicos están invitados a comentar el artículo:

Jesus and the Sinner’s Prayer
What Jesus says doesn’t match what we usually say
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David P. Gushee | posted 3/06/2007 08:31AM

Is it permissible to reopen the question of salvation? If we do, how will Jesus’ teachings stand up to our inherited traditions?

These questions came to me acutely not long ago. I was getting ready to preach. As the worship leader was finishing the music set, he offered some unscripted theological reflections. He said something like: «The only thing required of us is to believe that Jesus’ blood saves us. Nothing more. It’s nothing but the blood of Jesus.»

In my Baptist context, we’ve heard these thoughts a thousand times. The problem was that I had in my pocket a message in which Jesus himself had a very different answer to the question of salvation. Más

Sigue el debate sobre tumba de Jesús

Y seguirá. Aquí la Sociedad Arqueológica Bíblica emprende el camino de la apología. Este es un artículo interesante. Se debe leer completo para entenderlo. La liga aquí y ahora su párrafo de conclusión:

The identification of the Talpiot tomb as the tomb of Jesus and his family contradicts the canonical Gospel accounts of the death and burial of Jesus and the earliest Christian traditions about Jesus. The claim is also inconsistent with all of the available information—historical and archaeological—about how Jews in the time of Jesus buried their dead, and specifically the evidence we have about poor, non-Judean families such as that of Jesus. It is a sensationalistic claim without any scientific basis or support.

666

Ya que hemos leído a Eco, ya que estamos vivos, ya que pasó no sólo las 6 horas, 6 minutos, 6 segundos, del día 6 del mes 6 del año…. 2006, ya que el trabajo continúa (o el desempleo), ya que no se acabó el mundo: ¿todavía queda un ingenuo que crea en la numerología popular?

El 666 es, según la mayoría de las versiones, pero no todas, el número que Juan asocia con una bestia en el libro de Apocalipsis. En el capítulo 13 (seguimos con las referencias a la mala suerte), versículo 18, se puede leer:

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Una interpretación de la parábola del buen Samaritano

Volvamos al tema del evangelio lucano y la influencia, para mí más que evidente, de Pablo sobre éste. Muchas veces leemos que Lucas está dirigido a los cristianos gentiles de la primera generación. Uno no comprende esto hasta que lee en esa “clave” los hechos que ahí se relatan.

A diferencia de la parábola del hijo pródigo, en ésta, la del buen samaritano, parece más evidente el conflicto entre el universalismo de Pablo y el parroquialismo de los judíos. Para éstos, el Templo, la Torá, acaso la sinagoga, son elementos de la vida religiosa de primer nivel. Al menos esta es la impresión que nos quiere transmitir Lucas. Por eso, cuando dos representantes de la jerarquía religiosa van hacia Jerusalén, presumiblemente hacia el Templo, pasan de lado, rodean a una víctima del delito. Esta víctima era judío, los raptores quizá también eran judíos y el sacerdote y el levita eran judíos, por lo tanto, “prójimos” del desvalido. Y, sin embargo, se fueron.

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Una interpretación sobre la parábola del hijo pródigo

(Lucas 15:11-32)

Esta escritura tiene (es obvio decirlo, ¿o no?) muchos significados. Hay que entenderla en su contexto. Lucas está pensado para “gentiles”. Aquí también hay resonancias de la problemática (¿la dialéctica?) entre el pueblo de Israel y los gentiles. Según Romanos, los gentiles también tuvieron la oportunidad de conocer y de respetar a Dios, pero se perdieron. Los gentiles están representados por el hijo menor que se aleja, que despilfarra, que “gasta el dinero con prostitutas”, que come con los cerdos (uno de los animales más despreciados por los judíos). Pero, en un acto de arrepentimiento, estos gentiles vuelven a la casa del Padre. ¿Cuál es el Dios que vemos en esta escritura? ¡El Dios del amor y del perdón! La fiesta se celebra con el sacrificio de un cordero. Hay que recordar que Jesús es visto como el “Cordero de Dios que quita los pecados”. El hermano mayor es, claramente, el pueblo judío, el que siempre ha estado con Dios, el que ha trabajado duramente. A este hijo, Dios le “ruega” que entre a la fiesta del perdón (la Eucaristía) pero él se niega. Los judíos, en la visión de Pablo, se han torcido, pero siguen siendo el pueblo elegido. Así que no están excluidos del “banquete”. Es más, de ellos es la herencia del Padre. Pero los gentiles (el hijo pródigo) merecen una fiesta. La reconciliación siempre es vista en Pablo como un evento especial, poderoso (en otro pasaje habla de la marcha triunfal de Cristo). Así es visto también aquí.

La parábola (he aquí otra obviedad) pone de relieve el amor, el perdón y la reconciliación con Dios. Pero también, si la tomamos alegóricamente, pone de relieve a los dos pueblos presentes en la teología de Pablo. Está la fiesta, el gozo, la alegría del arrepentimiento de los gentiles y su regreso a la casa del Padre. Pero la parábola no termina ahí. La última parte es el papel de los judíos, el pueblo elegido que se enoja (no olvidar los alegatos de Pablo a los gálatas contra los judeanizantes) por el mensaje de la reconciliación. No es curiosidad que del hijo mayor se enfaticen los celos y la envidia. La parábola termina con las palabras del Padre. Del hijo mayor no se dice más. Quizá es una invitación para que los judíos recuerden que siguen siendo el pueblo elegido.

Sería interesante revisar el evangelio de Lucas que leería Marción. Seguramente sí estaría esta parábola y seguramente se resaltaría la falta de compasión de los judíos. También se haría notar que Dios perdona sin importar. ¿Una parábola antisemita? Quizá.

Lo curioso de esta parábola es que sirve, si la tomamos literal, para ilustrar la condición humana y el Dios de amor que los cristianos predican. Lo demás puede ser un código entendible en su contexto histórico. Es interesante que la forma de cristianismo que resultó ganadora supiera inmunizar este contenido político-histórico y convirtiera la parábola del Hijo Pródigo en el referente del arrepentimiento y del perdón genuino. Creo que la mayoría olvida el mal humor del hijo mayor. De ser un velado ataque anti-judeanizante, la parábola se transformó en un mensaje de restauración que incluso los no cristianos utilizan. Ironías de la historia.

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