Las dos puertas

«Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.Jesús distingue dos caminos: el angosto y el amplio. Al final de uno está la vida y al final del otro la perdición. Cuando invitamos a alguien a conocer el evangelio deberíamos procurar darle el panorama completo: ser cristiano en el mundo de hoy no es lo más cómodo, fácil y bonito que exista. De hecho es todo lo contrario.

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Regla de oro

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres os hagan, así también haced vosotros a ellos; porque esto es la ley y los profetas.

¡Que principio tan sencillo y al mismo tiempo tan útil para la convivencia entre seres humanos! Libros enteros se han escrito con sólo este versículo que parece encerrar el secreto de la paz mundial en sí mismo. Y qué olvidado es al momento de vivir el día a día. Pasa como el Quijote: todos lo citan pero pocos lo han leído. En este caso es peor porque hay todavía una minoría dentro de esa minoría que lo practica. Y si se necesita un libro completo para entender la profundidad de estas palabras, sólo queda concluir que somos necios o duros de entendimiento.

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Buscar y encontrar

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Y qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo le pidiere pan, le daría una piedra? ¿O si le pidiere un pez, le daría una serpiente? Y si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en el cielo dará buenas cosas a los que le pidan?

Esta última parte del discurso abunda en axiomas, esas afirmaciones que no necesitan explicación. Ahora Jesús compara al Padre celestial con cualquier padre de familia. Si incluso el más malo de los hombres no daría sino cosas buenas a sus hijos, ¿cómo será el Padre bueno que diario se preocupa de sus hijos? ¿Y cómo saber qué quiere un hijo si él no lo pide? ¿No es algo evidente?

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El juicio hipócrita

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os volverán a medir. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí, una viga en tu propio ojo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, entonces mirarás claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros; ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Si ya antes, Jesús había acusado a los que se preocupan de las riquezas por su poca fe, ahora lo vemos en un momento que contrasta con el tono del sermón. El Maestro ahora apunta los dardos hacia los hipócritas. Así que aquellos que han considerado a Jesús más parecido a los hippies que al Mesías que vemos los cristianos tendrán acá su golpe de gracia. Jesús demanda la atención total de sus seguidores. Y también pide un comportamiento integral.

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La promesa de la providencia

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si a la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? Por tanto, no os afanéis, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; mas vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el mañana, que el mañana traerá su afán. Bástele al día su propio mal.

Seguimos con el juego de dualidades y con declaraciones evidentes. Jesús menciona aquí comida y vestido, aves y lirios, hoy y mañana, reino y justicia. Y también: las aves que no trabajan y comen, los lirios no se afanan y se visten mejor que Salomón, nosotros valemos más que ellos y, al fin, por muy ansiosos que estemos, ¿servirá de algo al final de nuestras vidas? Otra vez, la música de fondo de todo el mensaje es la muerte. Acaso lo sea de toda la cristiandad.

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Los dos amos

Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a las riquezas.

Algunas de las genialidades del Maestro consisten en enunciar lo que, de tan obvio, nadie dice. Esto ocurre con este pequeño versículo. Cualquiera que haya tenido dos trabajos puede constatar la validez de este axioma. El ser humano no tiene el don de la ubicuidad. Pero incluso si existiera alguien que dijera lo contrario, Jesús se refiere a aquellos que, llamándose cristianos, también quieren consagrar sus vidas a las riquezas.

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