Sobre el aborto

Quise escribir alguna reflexión sobre el tema del aborto. Quizá lo haga. Pero, mientras, les paso estos vínculos. Leo Zuckermann escribió tres artículos esta semana que resumen la visión que tengo sobre el tema. Son buenísimos y cómo me hubiera gustado escribirlos.

Que quede claro: esta es MI postura y no pretendo que sea la voz oficial de ningún otro cristiano. Sé que me arriesgo a ser criticado con acidez. Antes de eso, lean con cuidado el artículo de Zuckermann y luego debatimos. Aquí transcribo el último párrafo:

Regreso, entonces, a mi posición. Mientras no haya un consenso de cuándo comienza la vida, el aborto es un problema moral que el Estado no puede resolver y que, por tanto, debe dejar en manos de cada individuo. Los grupos pro vida, en lugar de estar queriendo imponer su visión a toda la sociedad a través de una prohibición legal, deberían dedicarse a persuadir a las mujeres a que no aborten. Si lo logran, bien por ellos. Si no, que respeten la postura de gente que piensa diferente que ellos. Y si creen que Dios castigará a las mujeres que abortan por haber cometido un pecado, pues que le dejen ese trabajo a la autoridad divina y no a la terrenal.

Y aquí los tres artículos (espero que no los quiten):

Argumentos pro vida
Argumentos pro legalización
Conclusión

Festejo, cumpleaños diez

Seré breve: hace diez años fui bautizado por immersión y desde entonces me hago llamar cristiano. Sigo a Jesús, Cristo, Salvador, Señor.  Con todos los riesgos que eso representa. Pronto pondré un artículo más amplio para quien quiera leer más.

Hoy, hace diez años, Jesús y su evangelios me convirtieron… y soy feliz.

Ex vocero defiende a jesuita

A Rubén Aguilar se le conoce en México por ser el vocer del expresidente Fox. Aguilar salía a corregir al presidente cada que este cometía errores verbales. Se llegó a popularizar la frase «lo que el presidente quiso decir…». También lo ubican por el personaje que interpretó un comediante «el Tata» en un programa que terminó muy mal. En fin, Rubén Aguilar es una figura fascinante: primero fue seminarista, luego fue guerrillero, luego vocero y ahora académico. Aquí un artículo que rescata esas raíces que, por cierto, nunca negó. Vale la pena, nomás de pasada, notar que el Vaticano no da signos de cambio de rumbo. La heredera de la Inquisición mete un calambre a un teólogo de la liberación. Uno puede estar a favor o en contra de la Teología de la liberación. Habrá quien diga que ni es teología ni libera, pero el Vaticano no termina de entender que esas censuras no son más que una forma de dar publicidad a sus condenados y de dotarlos de una aureola de martirio que, en algunos casos, de plano no corresponde. Los hace mártires y los hace atractivos para gente que, de otra forma, no los habría conocido.

Sale nota en El Universal:

Condena a Jon Sobrino, S.J.
Rubén Aguilar Valenzuela
22 de marzo de 2007

Me duele y entristece como creyente lo que ahora vive Jon Sobrino, S.J. Lo conocí en mis años de jesuita. Desde entonces lo admiro y respeto por su calidad humana, su profunda espiritualidad y por la coherencia y lucidez de su trabajo intelectual.

El curso de cristología que tomé con Javier Jiménez Limón, S.J., ya fallecido, fue con base en el libro del padre Sobrino, Cristología desde América Latina (1977), editado por el Centro de Reflexión Teológica (CRT) de los jesuitas mexicanos. Alguna vez hice ejercicios espirituales dirigidos por el padre Sobrino. Ahí tomé decisiones fundamentales.

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Reflexión sobre el día del amor. 14 de febrero

La palabra amor se ha vendido tanto que hoy parece ser muy barata. Desde China hasta México, pasando por Europa, África, Asia y Oceanía, este día se festeja con corazones rojos, con rosas, con tarjetas, con besos. Hay abrazos y regalos por todos lados. Según el país donde uno viva, es el día de San Valentín, el día del cariño, el día de los enamorados, día del amor y de la amistad. Para los católicos piadosos, no es más que el día en que se conmemora el martirio de un sacerdote que casaba en secreto a parejas y que fue muerto por órdenes imperiales. Para los comerciantes no es más que uno de los mejores días para vender de todo, desde un chocolate hasta una noche (u horas) en el hotel. ¿Todo esto es el amor?

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Küng, Ser Cristiano, notas I

El cristianismo es una religión, dicen algunos. Otros, bajo el influjo de Barth (incluso aunque ellos no lo sepan) lo niegan. Unos más afirman que el cristianismo es un humanismo, y un grupo más afirma que no es más que opio de los pueblos. Hans Küng nos dice que es una decisión. Más precisamente, que Dios es una decisión racional, necesaria y eficiente del ser humano conciente frente a una realidad que, sin Dios, carece de sentido.

Küng sigue el ejemplo de Pablo a los Romanos (¿quién no?) y empieza su Ser Cristiano negando toda posibilidad de salvación en este mundo. Claro, nos dice, no se trata de satanizar el más acá. Es tomar al toro por los cuernos y afirmar lo siguiente: ni la revolución, ni la técnica, ni la nostalgia, ni los reformadores han podido sacar al hombre del vacío existencial que irremediablemente trae una sociedad moderna y, acaso, la misma condición humana: “los reformadores liberales y los desengañados revolucionarios se dan cita ante la tumba de sus esperanzas”, escribe el teólogo suizo.

Entonces, como Marcuse, como Habermas, como Camus, ¿estamos condenados a esperar el fin de la historia, que no es esa que pensó Fukuyama? El “regreso al hombre” no es más que el reconocimiento de una realidad que, por lo demás, no ha ido más que volviéndose más compleja. Demasiadas guerras, millones de seres vivos asesinados por el ser humano, muertes y sufrimiento en nombre de dioses (cristianos, humanos y de todo tipo) nos hacen concluir que el ser humano ha podido pero no ha querido salvarse. ¿Puede salvarse? Küng responde: puede decidir darle un sentido fundamental y mayor a este sinsentido que es la realidad sin Dios.

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Ciencia, atea o creyente

Milenio publica un artículo sobre ciencia y religión. El articulista repite un lugar común pero luego menciona un asunto de primer orden. Hay que leerlo y también los dos libros que cita: Francis Collins, The lenguaje of God y Richard Dawkins, The God delusion. Al final, el articulista se cura en salud, pero, en fin, son temas peliagudos. Aquí dos fragmentos.

En primera, el lugar común. Se ve, de inmediato, que no se dio a la tarea de investigar más sobre, por ejemplo, teología:

En ciencia, es fundamental entender cómo se sabe lo que se sabe. La religión, en cambio, se basa fundamentalmente en la fe. Sobre todo las religiones teístas (que creen en un dios personal, creador y controlador del mundo), que cuentan con revelaciones divinas en forma de libros, profetas y demás líneas de comunicación con el mandamás universal. Cualquier discusión se zanja, finalmente, recurriendo a la “palabra de dios”, en la que hay que creer por fe, sin que tenga caso cuestionar cómo se sabe lo que se sabe.

Y luego un punto interesante:

Basta abordar temas donde la naturaleza humana entre en cuestión ¿anticoncepción, aborto, eutanasia, clonación, células madre, derechos de homosexuales? para que la guerra se desate.

Acerca del Calvario

Tras arduas horas al frente de mi maquina para poder subir este post, por fin logro subirlo y poner mi grano de arena en este blog. El problema que tenia no residía en mi maquina, pues mi maquina tiene una gran capacidad de almacenamiento, una memoria ram de moderada, un procesador y placa Intel genuinos, todo lo que muchos desearían. Sin embargo, tengo que conectarme desde mi casa con un modem a 45,2 kbps. Tanta tecnología para que a la hora de l prueba sea un fiasco. Pero vamos a lo importante

Me encontré en mi casa con una revista titulada: una mirada profunda hacia la Pasión de Cristo. Es una revista que salio hace tiempo con motivo del estreno de la polémica y por todos conocida película de Mel Gibson. Me encontré con un articulo al cual los editores llamaron “El Poder del Calvario” y el cual fue extraído del libro llamado “El Jesús que nunca conocí”, escrito por Philip Yancey. Lo dejo aquí, con interés lo leí y ahora lo dejo aquí a su consideración. Dejen sus comentarios.

En una autobiografía de los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, Pierre Van Paasen nos habla de un acto de humillación que realizaron las tropas de choque nazis que habían detenido a un anciano rabino judío y lo habían llevado al cuartel general. En un extremo de la misma sala, dos colegas estaban golpeando a muerte a otro judío, cuando los que habían detenido al rabino decidieron divertirse a su costa. Lo desnudaron y le dijeron que predicara el sermón que había preparado para el sábado siguiente en la sinagoga. El rabino pidió que le dejaran ponerse su casquete, a lo que los nazis, burlones, accedieron. Hacían las bromas más cómicas. El tembloroso rabino comenzó a predicar el sermón con voz ronca acerca de lo que significaba caminar en humildad delante de Dios, mientras los ululantes nazis lo atizaban y lo acicateaban, y mientras se oían en el otro rincón de la sala los gritos agónicos de su colega.

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Oswald Chambers, En pos de lo supremo [fragmentos]

Nomás como aperitivo o como postre, dependiendo cómo sea el estudio personal, les dejo estos fragmentos de Chambers:

Si una crisis  te ha sobrevenido en cualquier área, somete absoluta e irrevocablemente tu voluntad a Jesús.

Cree que Dios siempre es el Dios que tú has conocido cuando estás muy cerca de Él, y luego piensa en lo innecesaria e irrespetuosa que es la preocupación.

Esta es la manera en que Dios nos habla, no con visiones y sueños, sino mediante palabras. Cuando un hombre llega a Dios, lo hace por la vía más sencilla: las palabras.

Paradojas de la compasión

La palabra compasión no me gustó por mucho tiempo. Se me hacía peligrosamente similar a lástima y esta palabra, por razones que ya ni siquiera recuerdo, me causaba repulsión. Dice la Real Academia:

lástima.
(De lastimar).
1. f. Enternecimiento y compasión excitados por los males de alguien.
2. f. Objeto que excita la compasión.
3. f. Quejido, lamento, expresión lastimera.
4. f. Cosa que causa disgusto, aunque sea ligero. Es lástima que no hayamos venido más temprano.

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Sobre el Nuevo Testamento. Reflexión cortada

Hoy, a la distancia de dos mil años, creemos en la Biblia como la única fuente de revelación dada por Dios. Pero no siempre fue así. No existía uniformidad en la práctica de lo que Jesús enseñaba (ni siquiera había acuerdo en la vida misma de Jesús). La esencia del cristianismo es un hombre, Jesús. Pero los cristianos de toda la historia no se han puesto de acuerdo en cómo vivir. Con el Nuevo Testamento hoy tenemos miles de iglesias que afirman (o creen) que ellos sí practican el verdadero cristianismo. Si esto es con una fuente fija, ¿cómo fue con los seguidores de Jesús en esa época en que con trabajo había un canon hebreo y solo algunos textos con autoridad? ¿Cómo se vivía el cristianismo sin el Nuevo Testamento?

Decir que la muestra de que el Nuevo Testamento es en sí misma la prueba de su autenticidad, que su supervivencia (y la del cristianismo de ellos se desprende) es la decisión eterna de Dios para lo que él quiere, creer pues en un destino manifiesto, es la manera más fácil y tácita de cerrar la puerta de la fe a otros invitados, eso es satanizar la razón, el intelecto y todas las otras herramientas que el mismísimo Dios puso en el ser humano.

Cierto: hay que creer para conocer. Pero esto no quiere decir que hay que ser ortodoxo para, entonces, explicar y defender esa ortodoxia. Deberíamos decir: “yo creo en Dios y por eso pienso. Cuanto más pienso más creo”.

Cierto: la forma específica de cristianismo que prevaleció probó ser la más efectiva si por efectividad entendemos supervivencia.

Reflexión brevísima sobre Pablo

Pablo no fue un testigo presencial pero sin duda fue el apóstol más influyente en las historia del cristianismo. A él se le debe la misión a los gentiles y a él, en gran medida, se le debe la primera organización de la iglesia. Por él, que anunciaba al Cristo / Mesías, se les llamó cristianos a los seguidores de Jesús. Como movimiento separado de los judío, como una nueva forma de entender la Tanakh, Pablo puso los bases de lo que ahora se llama cristianismo.

Judío de nacimiento, ciudadano romano, fariseo, conocedor de la filosofía griega, Saulo inició su predicación tiempo después de un encuento mísitico con Jesús. De perseguidor se convirtió en perseguido. ¿Quién lo perseguía? Sus antiguos correligionarios., los fariseos que pronto se dieron cuenta de las implicaciones religiosas y políticas del mensaje de Pablo.

Una interpretación de la parábola del buen Samaritano

Volvamos al tema del evangelio lucano y la influencia, para mí más que evidente, de Pablo sobre éste. Muchas veces leemos que Lucas está dirigido a los cristianos gentiles de la primera generación. Uno no comprende esto hasta que lee en esa “clave” los hechos que ahí se relatan.

A diferencia de la parábola del hijo pródigo, en ésta, la del buen samaritano, parece más evidente el conflicto entre el universalismo de Pablo y el parroquialismo de los judíos. Para éstos, el Templo, la Torá, acaso la sinagoga, son elementos de la vida religiosa de primer nivel. Al menos esta es la impresión que nos quiere transmitir Lucas. Por eso, cuando dos representantes de la jerarquía religiosa van hacia Jerusalén, presumiblemente hacia el Templo, pasan de lado, rodean a una víctima del delito. Esta víctima era judío, los raptores quizá también eran judíos y el sacerdote y el levita eran judíos, por lo tanto, “prójimos” del desvalido. Y, sin embargo, se fueron.

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Una interpretación sobre la parábola del hijo pródigo

(Lucas 15:11-32)

Esta escritura tiene (es obvio decirlo, ¿o no?) muchos significados. Hay que entenderla en su contexto. Lucas está pensado para “gentiles”. Aquí también hay resonancias de la problemática (¿la dialéctica?) entre el pueblo de Israel y los gentiles. Según Romanos, los gentiles también tuvieron la oportunidad de conocer y de respetar a Dios, pero se perdieron. Los gentiles están representados por el hijo menor que se aleja, que despilfarra, que “gasta el dinero con prostitutas”, que come con los cerdos (uno de los animales más despreciados por los judíos). Pero, en un acto de arrepentimiento, estos gentiles vuelven a la casa del Padre. ¿Cuál es el Dios que vemos en esta escritura? ¡El Dios del amor y del perdón! La fiesta se celebra con el sacrificio de un cordero. Hay que recordar que Jesús es visto como el “Cordero de Dios que quita los pecados”. El hermano mayor es, claramente, el pueblo judío, el que siempre ha estado con Dios, el que ha trabajado duramente. A este hijo, Dios le “ruega” que entre a la fiesta del perdón (la Eucaristía) pero él se niega. Los judíos, en la visión de Pablo, se han torcido, pero siguen siendo el pueblo elegido. Así que no están excluidos del “banquete”. Es más, de ellos es la herencia del Padre. Pero los gentiles (el hijo pródigo) merecen una fiesta. La reconciliación siempre es vista en Pablo como un evento especial, poderoso (en otro pasaje habla de la marcha triunfal de Cristo). Así es visto también aquí.

La parábola (he aquí otra obviedad) pone de relieve el amor, el perdón y la reconciliación con Dios. Pero también, si la tomamos alegóricamente, pone de relieve a los dos pueblos presentes en la teología de Pablo. Está la fiesta, el gozo, la alegría del arrepentimiento de los gentiles y su regreso a la casa del Padre. Pero la parábola no termina ahí. La última parte es el papel de los judíos, el pueblo elegido que se enoja (no olvidar los alegatos de Pablo a los gálatas contra los judeanizantes) por el mensaje de la reconciliación. No es curiosidad que del hijo mayor se enfaticen los celos y la envidia. La parábola termina con las palabras del Padre. Del hijo mayor no se dice más. Quizá es una invitación para que los judíos recuerden que siguen siendo el pueblo elegido.

Sería interesante revisar el evangelio de Lucas que leería Marción. Seguramente sí estaría esta parábola y seguramente se resaltaría la falta de compasión de los judíos. También se haría notar que Dios perdona sin importar. ¿Una parábola antisemita? Quizá.

Lo curioso de esta parábola es que sirve, si la tomamos literal, para ilustrar la condición humana y el Dios de amor que los cristianos predican. Lo demás puede ser un código entendible en su contexto histórico. Es interesante que la forma de cristianismo que resultó ganadora supiera inmunizar este contenido político-histórico y convirtiera la parábola del Hijo Pródigo en el referente del arrepentimiento y del perdón genuino. Creo que la mayoría olvida el mal humor del hijo mayor. De ser un velado ataque anti-judeanizante, la parábola se transformó en un mensaje de restauración que incluso los no cristianos utilizan. Ironías de la historia.

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