Preguntas sobre la iglesia I

En las últimas semanas, hermanos de gran corazón y gran curiosidad me han hecho un montón de preguntas. Es mi deber servir a Dios y no a los hombres. Ese Dios me pide poner la otra mejilla y dar la capa si alguien, en pleito, me pide la túnica (Mateo 5:39ss). En el contexto semítico, eso significa que si alguien quiere aprender, hay que dar generosamente. Así que, acá voy.

Como muchas preguntas se repiten, quiero agruparlas. El primer grupo trata sobre la iglesia, tanto la que dejé como «la nueva». En este post, intentaré responder a las preguntas sobre por qué dejé la congregación.

¿Por qué te fuiste de la iglesia?

Más

Otro cristianismo es posible

Está el cristianismo de tradiciones bellas, de parroquia adornada, de cumplimiento de normas, reglas y sacramentos, de contemplación de estatuas, imágenes y hojas de papel. Y está el cristianismo que mira sólo a Dios y en esa contemplación descubre al prójimo y lo ama como a sí mismo; el que se maravilla de ver cómo Dios añade más y más personas a una comunidad cuyas características hacen vanidad el intento de contarla. Está el cristianismo de paja, con puertas y ventanas cerradas y el de tabique, con puertas, ventanas y techo abierto. El que construye en la arena y el que lo hace en la roca. El que se aletarga con la voz del hombre y el que vive en las palabras de Dios. El que dice amar y el que ama con pasión desenfrenada.

Carta abierta a la Iglesia de Cristo en México AR (ICMAR)

[Escribí esta carta a la comunidad que pertenecí y la hice pública el 11 de febrero de 2013.]

Queridos hermanos,

He pasado 16 años de mi vida en esta comunidad cristiana y hoy anuncio la salida mía y de mi esposa. Escribo estas líneas para tratar de explicar lo que han significado todos estos años ahí, para tratar de transmitir lo que estoy pensando ahora mismo. La mitad de mi vida la he pasado en la ICMAR. No tengo palabras para agradecer a Dios todo lo que me enseñó estos años. Aquí conocí a mi esposa, a mis mejores amigos, a seres extraordinarios, llenos de fe y gracia. Fue dentro de la ICMAR donde pasé los años más fascinantes de mi vida; llegué a la mitad del bachillerato, cursé todos mis estudios profesionales, obtuve mi primer empleo; de ser un muchacho a la mitad de la pubertad a ser ahora un adulto con responsabilidades. ¡Cómo no sentirme conmovido por eso! ¡Cómo no recordar a la ICMAR con gran emoción y gratitud! Es más, fue aquí mismo donde mi sed de Dios, mi hambre espiritual inició. Toda mi formación religiosa se la debo a la ICMAR.

Cambio 5. Identifica lo esencial

El quinto cambio propuesto por Leo Babauta en el libro 52 Cambios trata sobre identificar lo importante y ponerlo como prioridad. ¿Cuánto tiempo de tu vida estás desperdiciando en cosas que ni te importan ni te gustan ni son relevantes?

EL CAMBIO

Elabora una lista pequeña de las cosas que son más importantes para ti

CÓMO

  1. En el Día 1 de esta semana, haz una lista de todas las cosas que haces en tu vida, todos tus compromisos, así como las cosas que desearías hacer (cosas que realmente amas pero que no tienes tiempo para ellas). Esta es tu lista larga.
  2. En el Día 2, toma las 4-5 cosas que están arriba en tu lista. Sólo las cosas que más amas. Esta es tu lista corta. (Mi lista corta: escribir/ayudar a las personas, leer, correr/ejercicio, y mi familia. No en ese orden).
  3. En el Día 3 observa qué cosas que haces estos días están en tu lista corta y cuáles no.
  4. En el Día 4, considera enviar un correo electrónico o hacer una llamada para salirte de algo que haces que no está en tu lista corta, incluso si parece muy importante. ¿La vida seguirá si cancelas ese compromiso? ¿Es valioso cancelar para que tengas espacio para las cosas de tu lista corta?
  5. En el Día 5, planea un bloque de tiempo en tu calendario para algo que está en tu lista pequeña y que no tienes tiempo suficiente para ello. Considera esta cita como sagrada.

52 cambios

Acabo de comprar un libro que promete ser muy interesante: 52 changes. Su autor, Leo Babauta, es partidario del budismo zen, vegetariano y padre de seis hijos. Lo cierto es que, como religión oriental, el budismo tiene su encanto pero principalmente, su utilidad. En este blog somos cristianos, lo saben, pero estamos abiertos a revisar, dialogar y construir con otras creencias.

52changes

El libro propone un cambio simple y sencillo cada semana. Lo iremos revisando y comentando. Miren lo que dice su introducción:

Mi nombre es Leo Babauta. Muchos de ustedes pueden conocerme como el creador de Zen Habits y por ser alguien que escribe sobre simplicidad y la formación de hábitos.

¿Qué me califica para escribir este libro. Brevemente: he transformado mi vida usando algunos principios sencillos. He aprendido cómo hacer cambios y pasarla bien mientras los hago. Hago pequeños experimentos, uno o dos meses, y veo qué pasa. Me quedo con los cambios que se sienten bien, y dejo aquellos que no trabajan muy bien para mi. Eso es lo que te sugiero que hagas.

En los útltimos 7 años (desde 2005), he hecho pequeños e incontables cambios; y sí, los pequeños cambios son los que funcionan mejor. Empecé a correr, después corrí un maratón a finales de 2006 y dos más en los siguientes dos años, además de varias carreras y triatlones y cosas así. Empecé a comer saludable, y ahora soy vegetariano, y he perdido 31 kilos.

Empecé a levantarme temprano, meditar, aprendí a enfocarme y a dejar de perder el tiempo, pagué un montón de deudas, empecé a ahorrar y a invertir, cree un sitio en internet muy popular, escribí varios libros y creé algunos cursos populares, empecé a viajar, me mudé con mi esposa y seis hijos a San Francisco de Guam (¡eso fue un problema!), dejé nuestro segundo vehículo en Guam, y entonces dejé de usar el auto en San Francisco y así y así.

He hecho todos los cambios que vienen en este libro en un momento u otro, aunque algunas veces he tenido que revisitar algunos de ellos. Sí, está bien dejar ir algunos de ellos cuando sientes que es mejor para ti y después vuelves a ellos cuando sientes que debes regresar.

Los cambios en este libro no son una forma de mejorar tu vida. Déjame enfatizar esto: este no es un libro de autoayuda. Es un libro de experimentación. Es un laboratorio de cambios. Es una manera de explorarte a ti mismo, de ir descifrando qué te funciona mejor, de salir de tu zona de comodidad, de aprender a cambiar y de estar bien con el cambio. Y eso es lo más importante: aprender cómo estar bien con el cambio.

Se trata de vivir una vida de una forma que te de la mayor satisfacción, que te ayude a ayudar al mundo y que vivas más plenamente y en el presente.

Presento 52 Cambios con gratitud a ti por estar leyéndolo.

Pues vamos leyéndolo y cada semana iremos presentando sus propuestas de pequeños, simples y significativos cambios.

Una modesta reflexión de Navidad

Primero los lugares comunes:

  1. La noche del 24 de diciembre la civilización cristiana recuerda el nacimiento de Jesús de Nazareth.
  2. Jesús de Nazareth no nació el 25 de diciembre del año cero.
  3. Navidad se ha convertido en las sociedades capitalistas en una celebración tanto familiar como de consumismo.
  4. Sí: es cierto que hay componentes de culturas no cristianas en todo el numerito: que si el árbol de navidad, que si santa clós (o el festejo del «sol invictus, etc).

Muy bien. Ahora lo que no es tan obvio. Si poner el árbol de navidad es un acto que reúne a la familia (o a los room-mates), que si en la cena del 24 de diciembre nadie se acuerda de Jesús pero sí llegan a casa de los abuelos todos los tíos y se la pasan bien, que hay comida, abrazos, cariño: ¿Jesús de Nazareth va a llegar a derribar el pino de navidad? ¡Por supuesto que no!

La navidad (sí, con minúscula) se convierte en un festejo más o menos secular y salvo algunos tradicionalistas que «arrullan al niño», en realidad es el pretexto para pasarla bien. A Jesús, en todo caso, no se le experimenta cada año, sino cada día. Y ese libro que los cristianos leemos dice que «todo me es permitido pero no todo conviene»; «para el puro todo es puro pero para el corrompido…». En fin, si me preguntaran a mí qué sentiría si el 19 de marzo festejaran mi cumpleaños y todos brindaran y descansaran de sus trabajos a pesar de que nací cinco meses después, ¡qué importa! ¡Viva la convivencia!

Pero la navidad tiene, también, un componente espiritual. Claro que a pocos les importa. Vaya, si no les importa la exactitud del nacimiento del Mesías. Pero resulta que el hijo de Dios se hizo hombre para que todos los hombres tuvieran una relación con Dios. Jesús es la reconciliación, el camino para acercar el más acá y el más allá. Jesús se hizo hombre para que todos pudieran servir al Rey. Hacer eso supone un compromiso entre el creyente y el Dios que Jesús le hace accesible. «Compromiso», he ahí la palabrita que cada vez está más pasada de moda.

Los padres creyentes que conozco enseñan a sus hijos que las Escrituras dicen que Jesús nació en Belem, que pudo haber sido en algún momento de septiembre, pero que la navidad es un momento especial en que «recordamos» al Mesías. No, no es su cumpleaños; pero esos padres les enseñan a sus hijos algo más importante que el pinito o el santa o los reyes magos; les enseñan a creer, a amar y a vivir con intensidad bajo la guía de Dios. Yo veo a mis amigos festejando Navidad cada día.

Dicho lo cual: felices navidades.

El poder evangelístico del discipulado

Acabo de leer estos párrafos. Creo que deberíamos reflexionar sobre el tema.

Si una congregación contratara al predicador más celoso, más efectivo de todos los tiempos, éste nunca podría cubrir la efectividad de un discípulo totalmente comprometido y dedicado a construir a la manera de Jesús. Si el predicador fuera muy efectivo y bautizara una persona a diario por un periodo de 32 años y el discípulo bautizara y discipulara hasta la madurez a una persona el primer año y, después del primer año, los dos discípulos convirtieran cada uno y se invirtieran en una persona y cada año siguiente cada discípulo hiciera lo mismo por 32 años, esto es lo que pasaría.
Primeros cuatro años
Año– Predicador –Discípulo

1. — 365 — 2
2. — 730 — 4
3. — 1095 — 8
4. — 1460 — 16

Siguientes cuatro años
5. — 1825 — 32
6. — 2190 — 64
7. — 2555 — 128
8. — 2920 — 256

En el año 13
13. — 4745 — 8192

En el año 32
32. — 11680 — 4.3 mil millones

Esta ilustración simple demuestra el poder evangelístico del discipulado. Un predicador enfocado en convertir grandes cantidades de personas genera más crecimiento a corto plazo, pero como la tortuga y la liebre, el estilo de Jesús funciona mejor a lo largo del tiempo. El discipulado no solo agrega miembros, multiplica los trabajadores y los líderes. Cada discípulo es un trabajador para el Señor y por medio del discipulado se equipa para serlo. La gran comisión, cuando es obedecida, tiene el poder de alcanzar el mundo.

F. Barton Davis, Closer than a brother.

Hablar sobre la iglesia

La iglesia no es teoría, es vida. Si leemos el Nuevo Testamento en el orden que tienen prácticamente todas las Biblias actuales, es decir, si iniciamos en Mateo, ¿hasta cuándo aparece la palabra iglesia? Aparece hasta el capítulo 16 de Mateo, en el famoso pasaje donde Jesús le dice a Pedro: “sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Luego, en Mateo 18:17: “Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia”. Y de ahí, parece que a los evangelistas se les pasó el detallito de hablar de la iglesia. No aparece hasta que Lucas lo escribe en Hechos 5:11: “y gran miedo vino sobre la iglesia al escuchar estas cosas”. A partir de ahí, el término aparece aproximadamente 70 veces. Alguien podría decir que después de Jesús vino la iglesia.

Pero no es así. El Nuevo Testamento respira comunidad, relaciones, familia. Aunque no hay una elaboración teológica compleja, la Iglesia sí está ahí. Una cuarta parte de los escritos neotestamentarios tiene un destinatario individual; es decir, siete de los veintisiete escritos del Nuevo Testamento van dirigidos a una sola persona: Lucas escribió a Teófilo y Pablo a Tito, Filemón, Timoteo; 3 de Juan es dirigida a Gayo. El resto, los veinte restantes, tienen implícita una lectura en comunidad. Ciertamente, el cristianismo se vive dentro de una comunidad de personas. Hay varias referencias de los unos a los otros (“aménse los unos a los otros”), Jesús habló muchas veces en plural y, en general, hay un reconocimiento bíblico a vivir más allá del individualismo ramplón moderno. Sí: la iglesia es una realidad espiritual y humana.

Muy humana. Me he descubierto hablando, teologizando, teorizando sobre la iglesia más que viviendo y gozando el grupo de personas que Dios colocó a mi alrededor para que yo sirva y para que ellos me acompañen en mi crecimiento en Cristo. Hay momentos en que los cristianos nos pasamos horas organizando la iglesia mientras que solo gastamos unos minutos dentro de esa iglesia. Como si nosotros fuéramos los arquitectos, esa manía humana de jugar a ser Dios se apodera de nosotros disfrazada de ministerio piadoso. ¿Por qué no entendemos que solo somos barro en las manos del Señor? ¿En qué momento se nos escapa el mensaje del Espíritu de que el dueño se encarga del rebaño? Nosotros no somos más que encargados, mayordomos, sirvientes. Todas palabras bonitas que yo he pronunciado mientras me desvelo “preocupado” por las necesidades de la iglesia. Cuando alguien me dice que el mismísimo apóstol Pablo padeció esta preocupación (2 Corintios 11:28), uno debería preguntar a Pablo y a quien argumenta: “oiga hermano, ¿qué ya olvidó que es el Espíritu que hace crecer la iglesia y que su evangelio enseña a confiar en el Padre que no deja de cuidar a sus hijos?”. Además, para hacer justicia a Pablo, el contexto de esa escritura tiene que ver más con una disputa con los que se creían más que Pablo que con una preocupación “santa”:

“Me he portado como un loco, pero ustedes me obligaron a hacerlo. Porque ustedes son quienes debían hablar bien de mí, pues en nada valgo menos que esos superapóstoles. ¡Y eso que yo no valgo nada!” 2 Cor. 12:11.

No olvido las necesidades de cada congregación cristiana. Por supuesto que hay problemas, dudas, debilidades. Han existido desde el inicio. Por eso se escribió el Nuevo Testamento. Hay que buscar la guía de Dios para servirle mejor a Él y a sus santos. Pero cuando nos pasamos horas, días, meses y años hablando de “la iglesia”, cuando terminemos de hacerlo, los creyentes nos habrán dejado para reunirse en torno a quien siempre debe ser el Pastor: Jesucristo. La iglesia no es ni el edificio ni la reunión en sí misma de los creyentes: es la comunión íntima, la hermandad entre los que hacen a Cristo Jesús el Señor de sus vidas.

Domingo de Pascua (1 de 3)

Ahora Barclay empieza el comentario del capítulo 24 de Lucas.

¿POR QUÉ BUSCÁIS ENTRE LOS MUERTOS AL QUE VIVE?
Lucas 24:1‑12
El shabat judío, nuestro sábado, es el séptimo día de la semana, y conmemora el descanso de Dios cuando completó la Creación: El domingo cristiano es el primer día de la semana, y conmemora la Resurrección de Jesús. Aquel primer domingo cristiano, las mujeres fueron a la tumba para llevar a cabo los últimos quehaceres del amor y embalsamar el cuerpo de su amado muerto con aromas y ungüentos. En Oriente, las tumbas se hacían muchas veces en la roca. El cadáver se envolvía en largas tiras de lino, como vendas, y se colocaba en un poyo de la roca. Luego se cerraba la tumba con una gran piedra circular. Cuando llegaron las mujeres se encontraron con que la piedra no estaba en su sitio, y la tumba abierta.

Aquí nos encontramos con una de esas discrepancias en los relatos de la Resurrección a las que dan tanta importancia los que no quieren creer. En Marcos, el mensajero de la tumba es un joven con una túnica larga blanca (16:5); en Mateo, es un ángel del Señor (28:2). Aquí son dos varones con vestiduras deslumbrantes; y en Juan son dos ángeles (20:12). Es cierto que hay algunas diferencias de detalle; pero también es cierto que lo que importa está muy claro y siempre igual: el hecho de la tumba vacía. Si, como algunos sugieren, todos estos relatos se inventaron para presentar algo que no había ocurrido, habría sido facilísimo ponerse de acuerdo en los detalles también. Ningún juez espera que los testigos presenciales coincidan en todos los detalles de su testimonio. Si dos firmas son exactamente iguales, una por lo menos es falsa. Las diferencias son una prueba de la honradez de los evangelistas, y de la verdad de la Resurrección.

Las mujeres volvieron con la mejor noticia de la Historia, pero los apóstoles no las creyeron. Aquello les sonaba a cuento. La palabra que se usa en el original se emplea en las historias médicas para referirse a las tonterías que se dicen en un estado febril agudo o de locura. Sólo Pedro se lanzó a comprobar si aquello era cierto. Esto dice mucho de Pedro. El que negara a su Maestro no se podía haber mantenido oculto; y, sin embargo, tenía el coraje moral necesario para enfrentarse con los que conocían su vergüenza. El que había actuado como “una paloma incauta”, se iba convirtiendo en “una roca”.
La pregunta ineludible y desafiante de esta historia es la que dirigieron a las mujeres los mensajeros: “¿Cómo es que estáis buscando donde se ponen los muertos al que está vivo?”

Todavía hay muchos que buscan a Jesús entre los muertos.

(i) Hay quienes le consideran el hombre más grande y el más noble héroe que haya habido jamás, y el que vivió la vida más encantadora que se haya vivido en la Tierra pero que murió hace mucho tiempo. Eso no es. Jesús no está muerto: ¡está vivo! No es meramente un héroe del pasado, sino una realidad viviente del: presente.

(ii) Hay quienes consideran a Jesús meramente como un hombre cuya vida hay que estudiar, cuyas palabras hay que examinar y cuya enseñanza hay que analizar. Esto se ve claramente en los muchos grupos de estudio que proliferan mientras desaparecen las reuniones de oración. Sin duda, el estudio es necesario; pero Jesús no es meramente un objeto de estudio, sino Alguien con quien puede uno encontrarse y vivir cada día. No es meramente el personaje de un libro, ni siquiera del mayor libro del mundo, sino una presencia viva.

(iii) Hay quienes ven en Jesús el modelo y ejemplo perfecto. Y lo es; pero un ejemplo perfecto puede ser algo descorazonador. A algunos de nosotros nos daban en el “cole”un cuaderno de caligrafía a la cabecera de cuyas páginas había una línea de escritura perfecta que teníamos que reproducir. ¡Qué pobre era el resultado que lográbamos en nuestro esfuerzo para reproducir aquel modelo perfecto! Pero, a veces, el maestro se nos acercaba, se sentaba a nuestro lado, nos cogía la mano en la suya, y nos guiaba los trazos. ¡Qué bien nos salían entonces, y con qué concentración nos mordíamos la lengua! Eso hace Jesús con nosotros: no se limita a ser un dechado perfecto que nunca podremos reproducir, sino que nos guía y fortalece para que podamos seguir su ejemplo. No es sólo un modelo de vida; es también una presencia que nos ayuda a vivir.

Podría ser que nuestra vida cristiana careciera de este elemento esencial porque hemos estado buscando al que está vivo entre los muertos.

Tomado de: Comentario de William Barclay al Nuevo Testamento (v. 4. Lucas)

¿Qué es una iglesia sana?

“pues Cristo no me mandó a bautizar, sino a anunciar el evangelio, y no con alardes de sabiduría y retórica, para no quitarle valor a la muerte de Cristo en la cruz.” (1 Corintios 1:17)

He aquí una pregunta difícil y polémica. Vamos a tratarla en el contexto del evangelismo, tema que hemos venido abordando estos días. Quizá el texto que acabamos de citar suene raro en los oídos de aquellos acostumbrados a sólo escuchar Mateo 28:18-20. Al parecer es una provocación de Pablo. Pero volvemos al punto que hemos tratado antes: evangelizar significa que anunciamos a Cristo vivo y resucitado. Alguna vez quise mostrar a uno de mis queridos líderes esta Escritura. Le dije que él hacía mucho énfasis en aquello de que una iglesia sana debe bautizar a tantos como Dios lo permita (con una ayudadita del hombre, añadiría yo), sin embargo, el mismísimo Pablo decía algo diferente. No recuerdo qué me dijo, pero estoy casi seguro que me respondió algo como: “no uses las Escrituras para justificar tu falta de espiritualidad y tu evidente falta de amor por los perdidos. Si no has bautizado a nadie, no estás dando fruto y no eres un buen cristiano”. ¿Será?

Otra breve historia. Un líder respetadísimo escribe en su página que está organizando un domingo evangelístico, una conferencia donde quiere mostrar la gloria de Dios. Son cien personas en su congregación y pide a Dios que lleguen más de 300 en ese domingo especial. Llega el día y en la noche anuncia: “estoy impresionado por el poder de Dios pues pedimos por 300 y el total fue 440. ¡Gloria a Dios!”. Un hermano amado lee eso y me dice: “mira, ellos sí están haciendo el trabajo, no como aquí que dicen estudiar las Escrituras pero se la pasan peleando entre líderes y no crecen”. Volví a preguntar, ¿será cierto?

Creo que pensar que una iglesia es sana sólo porque el número de miembros aumenta es un error. Quizá sea una mala interpretación de la comparación de la Iglesia con el cuerpo. Romanos 12:4-5, 1 Corintios 10:17, 12:12-27; Efesios 1:23, 5:29-30; Colosenses 1:18, 2:19; etc, etc. son Escrituras que comparan claramente a la Iglesia con el cuerpo de Cristo. Fijemos nuestra atención en la última:

“Ellos no están unidos a la cabeza, la cual hace crecer todo el cuerpo al alimentarlo y unir cada una de sus partes conforme al plan de Dios” (Colosenses 2:19)

Pablo está hablando de algunos hermanos que se hacen pasar por muy religiosos pero en realidad no lo son. La clave para aclarar el punto de la “salud” de una iglesia está en la parte de que la Cabeza, es decir Cristo, hace crecer el cuerpo al alimentarlo y unir cada una de sus partes. ¿Se está refiriendo Pablo a los de afuera? Es decir, como Dios ya tenía un plan, quizá “unir sus partes” no sea más que una suerte de rompecabezas divino y la misión de los cristianos sea buscar a los que de antemano Dios ya había destinado a ser parte de ese cuerpo. Esta idea del rompecabezas podría parecer ofensivo para algunos lectores, pero no pretende ser más que un ejercicio de lo que una mala interpretación puede hacer. Porque se podrá decir que si esto fuera cierto, ¿para qué buscar a Dios si Él de por sí nos va a encontrar? Y si esto es cierto, la misión de la Iglesia no sería ir y hacer discípulos porque ya estarían hechos. ¿Absurdo? Puede ser. Concedamos, pues, que unir las partes no se refiere a los no conversos. Unir las partes en el contexto de este pasaje tiene que ver con los cristianos.

Entonces, ¿quién hace crecer el cuerpo? ¡Cristo! Es Cristo quien la alimenta. Veamos con claridad el proceso: la cabeza alimenta al cuerpo y éste crece. O al revés: el cuerpo crece cuando la cabeza lo alimenta. ¿Significará alimentar, multiplicar el número de miembros? La multiplicación de miembros no aparece en la Escritura. En todo caso, entiendo que cuando uno se alimenta, fortalece un cuerpo que en realidad ya posee. Yo no como diariamente porque quiero tener tres brazos. Me gustaría encontrar un alimento que fortalezca los ojos que ya tengo (enfermos, por cierto), pero no para tener cuatro ojos (los lentes no cuentan). Así, Cristo alimenta y da salud a un cuerpo que en realidad ya existe. Si se trata de medir la salud del cuerpo (la iglesia), debemos buscar cómo ese cuerpo está siendo alimentado. Si ese cuerpo no está sano, la cabeza no existe o es otra diferente a Cristo porque, lógicamente, la cabeza debe estar sana y nadie en su sano juicio dirá que Jesús no está alimentando a su iglesia. Lo más probable es que esa iglesia no esté siendo regida por Cristo.

Aunque seguimos sin contestar la pregunta de qué es una Iglesia sana, ya sabemos que, de acuerdo a la Escritura, la Cabeza (Cristo) alimenta, cuida y da salud al cuerpo (la Iglesia). No es una conclusión menor: si Cristo alimenta la iglesia, ¿no sería redundante preguntar si tal congregación es sana? Si Cristo está en la Iglesia, ¡por supuesto que es sana! Investiguemos, entonces, algunas señales de esa salud, misión que vendrá en los próximos artículos.

Vamos a la calle, ¿o no?

“Todos los días enseñaban y anunciaban la buena noticia de Jesús el Mesías, tanto en el templo como por las casas” (Hechos 5:42)

Es claro que se debe anunciar el evangelio en cualquier parte. En Hechos 8:4 se nos dice que los cristianos exiliados de Jerusalén “anunciaban la buena noticia por dondequiera que iban”. Entonces, ¿lo anunciamos o no en las calles, en las delegaciones, en los palacios municipales, en el autobús, en el metro? ¡Sí! Por supuesto que sí. Solos o acompañados, en medio “campañas evangelistas” o sin ellas. El cristiano tiene una buena noticia que anunciar al mundo y no puede quedarse callado. El regalo de Dios es tan grande, extraordinario y poderoso, que el verdadero cristiano no puede ir por el mundo guardándolo como si fuera un secreto de gran valor. Pero se trata de anunciar el evangelio, la gracia, el perdón, la salvación. Quizá ese sea mi punto en estos artículos. Lo que veo constantemente en varias iglesias es una promoción descarada de esa iglesia y no la promoción agresiva del evangelio.

Hay, claro, una visión (una teología, si se prefiere el término) de la iglesia en todo esto. La iglesia es la familia de Dios, el cuerpo visible de Cristo en la tierra. Cuando dos o más cristianos se reúnen en el nombre de Jesús, ahí está Él (Mateo 18:20). Además, la Escritura enseña que no existe el Rambo espiritual, ese guerrero solitario todopoderoso y toda debilidad al mismo tiempo. El cristiano existe dentro de una comunidad. Entiendo que cuando invito a alguien a una reunión cristiana lo estoy llamando a conocer a Cristo. Lo que me preocupa es que otros queridos hermanos confundan los términos y terminen siendo vendedores de una franquicia (“la iglesia fulanita”) y de un producto (“la salvación”). No es malo ni hay que desechar por inútiles las “campañas evangelísticas” pero habría que darles un nuevo sentido. Y ese sentido no puede ser otro más que Cristo y su evangelio.

Las llamadas “campañas evangelísticas” sirven (y mucho) cuando cumplen el verdadero propósito: que otros conozcan a Cristo. Porque, ¿de qué sirve que dos cristianos traigan a su reunión a cien personas si ninguna de ellas conoció a Cristo? Porque ciertamente, el mundo conoce de Cristo, sabe los datos generales porque se enseñan desde niños. Pero, ¿conoce nuestra sociedad a Cristo vivo y resucitado? No lo sé, pero lo dudo. Sin embargo, para eso está la iglesia: para conocer, vivir, experimentar a Cristo. Una campaña con muchas invitaciones, mucho espectáculo, muchos espejitos y lucecitas es igual de efectiva que una simple invitación de un cristiano a un no cristiano. Pero tiene más poder (en términos de que otros vivan a Cristo) cuando hay toda un soporte espiritual detrás y cuando las miles de almas se quedan en la familia de Dios. A mí no me impresionan los números que lleguen a una reunión cristiana, me alegraría más saber cuántos de esos números se convierten en almas que llegan al cielo. Si me piden un indicador de “éxito” de una conferencia, no diría qué tantos llegan, o qué también estuvo la escenografía o qué bien lo hizo el predicador. No, mi indicador sería cuántas almas se salvan. ¿Más difícil de medir? Quizá. Pero también más realista. Dicho sea de paso: lo que el libro de los Hechos reportan no es el número de visitas a las reuniones; esos tres mil (Hechos 2:41), esos cinco mil (Hechos 4:4) son el número de los salvos. ¿Cuántas “visitas” tuvieron que llegar para que tantos se salvaran?

Pero aquí hemos llegado a otro punto un tanto polémico. ¿Cómo medimos el éxito, la salud, de una iglesia? Si Dios nos da fuerza y entendimiento, trataremos este tema en los siguientes artículos. Baste decir por el momento que la Escritura es muy clara en llamar a los discípulos a hacer más discípulos donde sea, como sea y con quien sea. Hacer más discípulos quiere decir llamarlos a ser parte de la familia de Dios, es decir, presentarles el plan de Dios para ellos, decirles que el perdón de pecados y el regalo del Espíritu Santo les espera en las aguas bautismales. Ah, y la anexión al cuerpo de Cristo, que no es, de lejos, el regalo menos importante.

La Gran Comisión revisitada

«Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan pues a la gente de todas las naciones y háganlas mis discípulos, bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.» (Mateo 28: 18-20).

He aquí el caballito de batalla del proselitismo religioso más agresivo. Su argumento dice que así como Jesús mandó a los Doce, así manda a cada generación a hacer discípulos de de todas las naciones. Después del bautismo, continúa un proceso de enseñanza que en nuestra iglesia se llama «discipulado». Pero la clave no está en esto último sino en aquello de «ir a la gente de todas las naciones». Se enfatiza «gente», «todas» y «naciones» para decir, «vámonos a la misión» que traducido quiere decir, «engordemos nuestras iglesias (o denominaciones)». El argumento mezcla verdades contundentes con opiniones y pierde de vista algunas obviedades.

Vamos por partes. El evangelismo es «enseñar todo lo que yo [Jesús, el Cristo] les he enseñado». Es decir, evangelizar es anunciar lo que Jesús anunció. Evangelismo es llamar a todo individuo a ser discípulo (seguidor) de Jesús. Es así como podemos decir que el “discipulado” no es otra cosa sino evangelismo porque se está anunciando o enseñando aquello que Jesús mandó. No se puede decir que uno no está cumpliendo con la Gran Comisión si está enseñando a Cristo a otro hermano de fe pero no trae visitas a la iglesia. Medir el éxito de un cristiano por el número de amigos que trae a cada reunión es tratarlo como un simple vendedor que gana más comisión si vende más. Esto no es lo que enseñó Jesús.

¿No hay que ir a la calle y anunciar el mensaje? Ciertamente, la primera generación de discípulos predicaba las buenas noticias a luz del día y cuando no se pudo hacer porque la persecusión arreciaba, lo hicieron también en las tinieblas de las catacumbas. Pero debemos notar que lo primeros cristianos, aquellos Doce, primero evangelizaron a sus familias. Los evangelios tienen varios ejemplos de eso: Juan y Andrés van a ver a Jesús, luego, Andrés va con su hermano Pedro y le presenta al Maestro (Juan 1:41-42). Luego, Jesús llama a Felipe quien va a buscar a un amigo cercano, Natanael (Juan 1:44-45). Juan y Santiago eran hermanos (Marcos 1:19). Y cuando enferma la suegra de Pedro, Jesús la sana (Marcos 1:30-31). ¿Y qué decir de la familia de Lázaro (Juan 11)? ¡Familia por todas partes! Si no somos capaces de anunciar a Cristo con nuestras familias, que nos conocen al menos en forma externa, ¿por qué ir con los desconocidos de la calle? La respuesta es simple: porque ellos no nos conocen, porque el fruto del Espíritu Santo no es conocido por ellos. Puesto que el primer ministerio de un cristiano es la casa (1 Timoteo 3:5) el evangelio debe ser anunciado, en primer término, a la familia.

Pero sigo sin responder si no se debe hacer ningún tipo de proselitismo callejero. En el siguiente post hablaré de esto. Baste repetir una vez más que el Nuevo Testamento (y con mucho mas fuerza, el Antiguo) nos enseña que el primer grupo de personas a las que un cristiano tiene que evangelizar es su propia familia.

¿Números santos?

«Iglecrecimiento» han traducido al español un término anglosajón que se refiere a una tendencia eclesiástica según la cual entre más gente albergue una iglesia más saludable es. Y podrían añadir: es mejor, más santa y más espiritual que las pequeñas congregaciones que no «crecen» en años. Claro, ellos no lo dirán así jamás (no en público) y le quitarán las comillas a la palabra crecimiento. Porque para ellos, fuera las complicaciones, crecer es igual a tener el número más grande de miembros. No los cuestiones porque dirán: «es la misión que nos dio Cristo», «¿no has leído Hechos, los tres mil, los cinco mil?». Te citarán Mateo 28:18-20, Juan 15, Hechos 4:4. Te dirán que la iglesia es un cuerpo y que todo cuerpo debe crecer, si no muere.

¿Quiénes son estos promotores de la mercadotecnia espiritual? Los propagandistas y proselitistas de su iglesia son, digámoslo sin cortapisas, herederos de la reforma protestante. Hijos quizá mal queridos de Lutero, su vocabulario está lleno de frases provenientes de la versión Reina Valera y sus métodos no son tan diferentes de una organización en pirámide. Cuando se les recuerda que el grupo que más crece es el de los mormones y el de los Testigos de Jehová y que, si seguimos sus argumentos, ellos sí que son «saludables» o en todo caso que la Iglesia cristiana más grande es la católica romana, lanzan sus adjetivos favoritos: falsos, Babilonia, superficiales, desviados. Sí, lector atento, enseñan su profundo rostro sectario. Pero no les digas eso porque es peor que ofendieras al Espíritu.

¿A qué viene todo esto? ¿Estás subestimando el evangelismo, Venegas? ¡No! Los siguientes posts hablarán del tema pero lo quiero dejar claro desde ahora: el evangelismo es un mandato que todo cristiano, y por extensión, toda iglesia tiene que cumplir. En los próximos días vamos a hablar sobre el tema, pero desde ahora lo digo: evangelismo no es sinónimo de competencia en el mercado religioso por ganar más almas. ¡No! Evangelismo es anunciar el evangelio de Cristo. ¿Qué hacemos cuando invitamos a alguien? ¿Lo invitamos a «nuestra iglesia» o lo invitamos a conocer a Cristo? El tema, sin duda polémico, nos servirá, de paso, para saber qué entendemos por Iglesia. Ni más ni menos que eso.

La comunión

Gálatas 1:4
«Jesucristo se entregó a la muerte por nuestros pecados, para librarnos del estado perverso actual del mundo, según la voluntad de nuestro Dios y Padre»

La voluntad de Dios fue librarnos. ¿De qué nos libró? ¡De un mundo perverso! Nos trajo a su Reino. La comunión nos recuerda eso pero también nos recuerda que ahora somos una nación santa, un pueblo elegido por Dios y consagrados por medio de Jesús. Cuando la tomamos, nos estamos reafirmando como pueblo elegido. Todos tomamos del mismo pan y del mismo jugo para recordar que somos uno solo, que si uno sufre, los demás también padecen.

La Santa Cena reúne al pueblo de Dios. Le recuerda a su Maestro. ¿Es gratuito que la oración más cristiana empiece diciendo “nuestro”? No. Por eso, ahora que tomes del pan y del jugo, piensa también en el hermano con quien tienes un rencor, una mala actitud o un pensamiento en su contra. Recuerda que Jesús es también su Señor. Él murió por nosotros, es decir, también por ese hermano que tú criticas. Cuando lo haces, ¿se te olvida que Jesús murió para sacarnos de un mundo perverso? En ese mundo perverso hay chismes, rencores y resentimientos. ¿Se vale que eso lo padezcamos también en la familia de Dios? No. Mil veces no. La comunión debe unir a los cristianos. Mira ese pan y ese jugo. ¿Por qué lo tomas dentro de esta reunión? ¡Porque Jesús ordenó que lo hiciéramos cuando nos reuniéramos! Él sabía que habría conflictos, pero la Santa Cena los iba a regresar al punto esencial: todos somos iguales delante de Dios.

Perdona a tu hermano por la cruz de Jesús. No lo veas a Él, ve antes la cruz de tu Maestro. En el Gólgota Jesús también murió por los apóstoles, esos que lo habían abandonado. Si Él los perdonó, ¿por qué tú no? Si Él los amó sin condición, ¿por qué tú no lo haces? Ama y perdona por la cruz.

¿Hay cambios en el protestantismo?

No deja de ser paradójico que los hijos de la Reforma sean los más reacios a los cambios eclesiásticos. Las comunidades protestantes prefieren dividirse antes que cambiar. Y mire que, salvo excepciones, estos cambios no suelen ser espectaculares. El resultado es un cristianismo dividido, disperso y confundido.

En apariencia, el protestantismo no es anquilosado. Al poner el énfasis en la responsabilidad individual y al dejar que cada creyente vaya a las fuentes, los protestantes son más plurales en su forma de vivir el cristianismo. Pareciera que cada comunidad tuviese sus propias reglas donde todos son felices porque ellos, los miembros, se dieron tales normas. Pero esta fotografía es borrosa.

La realidad es que estas iglesias se sienten incómodas con el disidente. Parece una vieja historia: una persona lee blanco donde la comunidad lee negro, lo expresa, no le hacen caso, la persona ahora lo grita, la iglesia lo calla, él se va con su grupo y la calma vuelve a la congregación. Y, claro, una nueva iglesia nace: la iglesia principal se llama La puerta de oro, la nueva El portón dorado. Ambas se lanzarán indirectas y, aunque no lo digan, se considerarán mejores que los otros. Tendrán miles de escrituras para autojustificarse.

¿Será un gen propiedad de Lutero lo que provoca todo esto? La Reforma protestante ha dejado de ser Reforma para solo convertirse en protesta. Y un cristiano en protesta permanente no parece tener futuro.

¿Debemos aspirar a ser una iglesia del Nuevo Testamento?

Valdría la pena preguntarse si realmente la iglesia moderna debe parecerse a la iglesia primitiva. La iglesia es la institución más antigua del Occidente: ¿no hay nada bueno qué aprender de dos milenios? La otra cosa es preguntarse, ya desde la exégesis, si lo que Dios quiere es que imitemos a esos primeros cristianos. En esta reflexión hay, debemos decirlo, un componente de la modernidad: la noción del progreso. Y, ya lo sabemos, la modernidad se nos presenta como antítesis de la religión y al cristianismo como su enemigo a vencer. Hay algo de parricidio en estos modernos. Pero debemos reconocer que la modernidad ha dejado el principio de progreso como positivo: ser progesista es, en la sociedad del siglo XXI, infinitamente mejor que ser conservador. O al menos, es más chick, ser «progre» es saber venderse en este mundo.

Pero volvamos a la pregunta inicial: ¿debemos aspirar a ser la copia exacta de la iglesia primitiva? O más: a la iglesia neotestamentaria. La primera dificultad que un lector atento del Nuevo Testamento va a encontrar es que no existe el concepto «la» iglesia como entidad monolítica, unificada y uniforme. Lo que sí hay es una pluralidad de iglesias. La iglesia de Jerusalén parecía tener poco en común con la iglesia de Corinto y ésta a su vez menos con la de Roma. Ese poco, dirán con razón los lectores, es mucho: creían todos en la obra y enseñanza de Jesús de Nazareth. Más allá de eso, quizá, no había más.

Lo que sí vemos muy claramente en las escrituras griegas es una serie de principios. O mejor: hay algunas doctrinas, algunas prácticas y algunas «estructuras» que todos los creyentes practican desde entonces. Hay que encontrar esas tendencias generales y aplicarlas en el contexto moderno de la iglesia.

La pregunta viene a colación porque hay una suerte de obsesión en algunas iglesias descendientes de la Reforma. Dígame usted si no: la idea de que la iglesia moderna debe ser una copia de la iglesia primitiva o, en el extremo, de la iglesia del Nuevo Testamento permea infinidad de grupos. Esta teología ha llevado a situaciones bochornosas: grupos de cristianos que se visten como ellos creen que se vestían en el siglo I, que hacen de esas minucias un verdadero dogma que, en la práctica, se ponen encima de la soteriología. Una mujer que crea en Jesús, que practica sus preceptos y que en general es piadosa pero que se vista de pantalón y se maquille es vista poco menos que «ramera», adjetivo preferido de estos restauracionistas trasnochados.

Pero hay aquí un error de interpretación y de profunda ignorancia en las escrituras. Acomodan las escrituras a su antojo: ¿por qué exigir los atuendos en mujeres pero no en hombres? Porque si a esas vamos, los hombres deberían ir por este mundo en sandalias y túnicas. Y todavía más: deberían hablar, al menos, en griego koiné. También deberían tener una teología peculiar de la Trinidad, que no se desarrolló sino hasta al menos tres siglos después de Cristo y deberían resolver el asunto de la organización: ¿elegimos el modelo de Jerusalén o el paulino? Pero, más dramático aun: ¿qué Escrituras leemos y consideramos inspiradas?

Porque los restauracionistas no han podido responder con eficacia algunas preguntas:
1. ¿Por qué, desde el punto de vista exegético, hay que copiar la primera iglesia?
2. ¿Qué consideramos «iglesia primitiva»? ¿Qué periodo histórico comprende? ¿Qué conocemos con certeza histórica de tal periodo?
3. ¿Qué aspectos de esa iglesia copiamos y por qué?

En querer regresar a nuestras raíces hay un sentimiento de insatisfacción actual, una añoranza por los viejos y buenos tiempos. “Todo tiempo pasado fue mejor» es igual a decir que hay una edad de oro de la cristiandad. Pero es una idea romántica, parcial e ingenua. Hermanos y hermanas: vivimos en el año del Señor 2009.

Estoy convencido que las Escrituras son la base, los límites, los bordes en donde cada comunidad de cristianos debe construir su propio edificio, uno que es parte de un vecindario noble, antiguo, con zonas rojas, negras y grises, pero ese edificio se construye aquí y ahora. Eso, la idea clara de líderes cristianos de adaptarse a su situación histórica, social, cultural y política, es el elemento clave para entender cómo seguimos hablando hoy de ese carpintero llamado Jesús, proveniente de Nazareth.

Sobre la influenza y el fin del mundo (2)

Partamos por eliminación. No creo que haya secta o grupo serio que afirme que ya estemos en la segunda o tercera fase. Sinceramente, el conjunto del pueblo cristiano ha pasado más de dos mil años esperando la llegada de Jesús, esa señal que él mismo anunció en ese capítulo 24. Tampoco se ha convertido el sol en oscuridad. La luna sigue dando su esplendor (al menos en luna llena). ¿Qué decir de la predicación del evangelio a todo el mundo? Aunque algunos cristianos quisieran pensar lo contrario, el cristianismo sigue sin existir en muchas partes en todo el mundo. O dicho de otra manera, Jesús no es conocido por millones de seres humanos. Así que concluyamos que, si hay que elegir una fase del fin, esa sería la primera.

Cierto: hay guerras, pestes, falsos profetas, terremotos, hambre. Y lo que falta. Al decir que estamos experimentando las señales del fin, caemos en un problema: pensamos que somos los únicos que han padecido esto en los últimos dos mil años. ¿Guerras entre naciones? ¿Hay un conflicto más grande y mortífero que la Segunda Guerra Mundial? ¿Cómo justificamos la peste negra, la gripe española o la epidemia del SIDA? ¿Falsos profetas? ¿Y los Borgia en la mismísima Roma, capital del cristianismo en la Edad Media? ¿Terremotos? ¡La Tierra vive en un perpetuo estado telúrico! El hambre mató a miles en Irlanda, en el siglo XIX y lo ha hecho en toda la historia de la humanidad.

Ubiquémonos, por un momento, en un habitante de Londres en 1940. Con hambre, huyendo de la destrucción que provenía del cielo, con enfermedades causadas por todo aquello, ¿no se sentía que el fin del mundo estaba cerca? Y el habitante de la ciudad de México en 1918, en medio de la destrucción de la Revolución, de la gripe española, de la profanación de templos por grupos de rebeldes, sin agua, sin provisiones para cubrir sus necesidades básicas: ¿no sentiría que los sellos de los que habla el apocalipsis ya estaban siendo abiertos?

Así que no vayamos muy de prisa en esto. Los cristianos han pasado dos milenios con estas pruebas. El fin ha estado en sus corazones, pero no llega. Esta epidemia no es más que eso: una enfermedad provocada por un virus de nombre H1V1. Así de sencillo.

¿Enemigos de la civilización?

Confieso que los primeros párrafos del artículo que reproduzo abajo me causaron cierta incomodidad. Las citas de Nietzsche son siempre sospechosas no por él sino por quien las cita, cosa que ocurre casi siempre fuera de contexto. Pero Vattimo hace una reflexión tan profunda que estoy seguro que muchos cristianos la suscribirán. No sólo los «contreras», los insurgentes espirituales que tanto incomodan a las jerarquías. No. Creo que un examen frío de la historia y de las repercusiones públicas y privadas de las religiones institucionalizadas (cuyos efectos se dejan sentir en todo el mundo) ayudaría a tener una conclusión quizá a favor de la tesis de este autor. La sombra de la institución es larga y perdurable.

¿Es necesaria la institución? El filósofo responde que no. ¿Qué piensan ustedes?

¿Es la religión enemiga de la civilización?

GIANNI VATTIMO 01/03/2009 

Todos recordamos seguramente la famosa frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. Y también su cláusula: Dios seguirá proyectando su sombra en nuestro mundo durante mucho tiempo. ¿Qué pasaría si aplicáramos la frase de Nietzsche también, y sobre todo, a las religiones? En muchos sentidos, es verdad que, en gran parte del mundo contemporáneo, la religión como tal está muerta, pero todavía proyecta sus sombras en numerosos aspectos de nuestra vida privada y colectiva. Por cierto, dejemos claro que el Dios cuya muerte anunció Nietzsche no es necesariamente el Dios en el que muchos de nosotros seguimos creyendo; yo me considero cristiano, pero estoy seguro de que el Dios que estaba muerto en Nietzsche no era el Dios de Jesús. Incluso creo que, precisamente gracias a Jesús, soy ateo. El Dios que murió, como dice el propio Nietzsche en algún lugar de su obra cuando le llama «el Dios moral», es el primer principio de la metafísica clásica, la entidad suprema que se supone que es la causa del universo material y que requiere esa disciplina especial llamada teodicea, una serie de argumentos que tratan de justificar la existencia de ese Dios o esa Diosa frente a los males que vemos constantemente en el mundo.

Más

Una lección de Herodes Antipas (2 de 2)

3. La reacción: calla al profeta

Si uno está escuchando un programa en la radio y no le gusta, normalmente apaga el aparato. Nadie siente remordimientos al hacer esto. Es superficial. Herodes, el todopoderoso rey, creyó que la forma de terminar con su pecado era… ¡que no se lo dijeran! Es como si el hombre más feo del mundo quisiera resolver su problema destruyendo todos los espejos del mundo.

No está claro que Herodes quisiera matar a Juan. En Mateo 14:5 leemos que Herodes quería hacerlo. Sin embargo, en Marcos 6:19ss vemos que Herodías era quien odiaba al Bautista y que el Rey protegía a Juan. Como fuera, el hecho es que Herodes sabía que Juan predicaba la verdad y lo mandó a encarcelar. Pretendió quitar el carácter público y popular del Precursor. Con Juan en la cárcel, el pecado real sería constantemente expuesto.

Los evangelios coinciden en un punto: Herodes ebrio promete a la hija de Herodías el reino mismo si ella se lo pedía. Era una promesa típica de borracho arrogante. Arrogante y libidinoso. Porque la Escritura dice que a él le gustaba la hija de su esposa, que la deseaba. En una fiesta ya de por sí pecaminosa, Herodes manda a cortar la cabeza de Juan. Con todo y sus remordimientos, el Rey firma su condena: morirá en pecado.

4. Una segunda oportunidad: el encuentro con Jesús

Herodes pensó que, al fin, se había quedado libre para continuar con sus prácticas. Sin embargo, luego de Juan vino Jesús. Y nuevamente Herodes se siente observado. La Escritura no dice que Jesús hablara directamente sobre el rey, pero éste incluso llega a creer que Juan ha resucitado. La predicación de Jesús alcanzó al poderoso tetrarca.

Herodes envió a sus emisarios a preguntar sobre el pago de impuestos para poner una prueba a Jesús quien responde: «dar al Emperador lo que es del Emperador y a Dios lo que es de Dios». El mensaje para Herodes era, otra vez, claro: debía dejar su pecado para honrar al Dios de sus antepasados.

Sin embargo, Herodes continuó con sus intenciones de matar a Jesús. Como con Juan, el tetrarca pensó en eliminar a aquel que lo estaba confrontando. Incluso previenen al Maestro de que el rey lo quiere matar. En Lucas 13:32 leemos: «Vayan y díganle a ese zorro: Mira (…) tengo que seguir mi camino hoy, mañana y el día siguiente». En otras palabras, Jesús decía que él debía obediencia a su Padre y no a un personaje adúltero y con poca legitimidad como Herodes.

Habría una última oportunidad para este personaje. Cuando arrestaron a Jesús y lo llevaron ante Pilato, éste decide enviarlo a Herodes. Lucas 23:8ss dice que Herodes se puso muy contento porque quería conocer a Jesús para verlo hacer milagros. Quizá tenía todavía en mente la imagen de la cabeza del Bautista en la charola. Herodes preguntó muchas cosas a Jesús, pero él no contestó ninguna. El Rey quería el espectáculo, no el mensaje de arrepentimiento que anunciaba Jesús. Luego de burlarse, envía de regreso a Pilato. Había perdido su última oportunidad.

Conclusión

Herodes murió deportado en lo que hoy es Francia, acusado de traición al imperio y sin la corona de «rey de Judea». Era claro que necesitaba un cambio de mente y corazón, pero no lo quiso hacer. Tuvo la oportunidad de experimentar la metanoia que predicaban tanto Juan como su primo. En lugar de ello, Herodes mandó asesinar a uno y no defendió al otro. Como dice Lucas 3:20, «Herodes, a todas sus malas acciones añadió otra: metió a Juan a la cárcel». En lugar de avivamiento hubo muerte. Pocos personajes en el Nuevo Testamento tuvieron la oportunidad de cambiar y a pocos les predicaron los dos grandes profetas, Juan y Jesús, y nadie tuvo de cerca tanto al precursor como al Mesías.

La metanoia es, al final, la decisión de continuar en el camino que lleva a la muerte o al que lleva a la vida. Herodes heredó lo peor de Roma y nada del judaísmo piadoso. Al final de su vida sus protectores lo enviaron lejos donde murió con su pecado a cuestas.

Una lección de Herodes Antipas (1 de 2)

En la Biblia tenemos ejemplos a seguir y ejemplos de lo que no se debe hacer. Casi siempre los más nombrados en sermones son los buenos ejemplos, los personajes que realizaron una proeza en el nombre de Dios , que tuvieron fe, que cambiaron para agradar a Dios. Sin embargo, también podemos aprender de aquellos hombres y mujeres que no son precisamente los mejores en la moral o en sus acciones. Se aprende también de los malos.

El personaje que vamos a estudiar para ilustrar lo contrario a la metanoia es el de Herodes Antipas, gobernador de Galilea y Perea desde el tiempo en que Juan anunciaba su mensaje y hasta después de la crucifixión de Jesús. De pocos personajes en el Nuevo Testamento se puede decir que fueron influidos por dos profetas y que, incluso así, no cambiaron. Pues bien, Herodes escuchó la predicación de Juan y de Jesús, y no cambió. Murió lejos de su pueblo, acusado de traición a Roma.

1. Su necesidad: arrogancia y adulterio

Herodes era heredero de los Macabeos, esos héroes judíos que se habían enfrentado a los griegos unos 200 años antes de Cristo pero que ya en la época de la predicación del Bautista se hallaban en plena colaboración (o dependencia) con el imperio romano. Herodes no sólo tenía el idioma y la cultura romana, también tenía su relativismo moral y una absoluto egoísmo que le hacía construir grandes obras arquitectónicas, incluido el templo, y que, al parecer, le hacía olvidar su desapego a la Ley de Moisés.

Herodes pecaba por haberse proclamado rey de los judíos sin ser descendiente de David. Él estaba en el trono sólo porque así lo habían aceptado los romanos. No tenía la legitimidad de las Escrituras. Pero lo realmente patético era la relación amorosa con su cuñada. Herodes traicionaba a su hermano y a su esposa. Herodías era la lepra en la piel de Herodes y en los tiempos de Juan era la noticia más escandalosa de la región.

2. La voz del profeta: Juan

Dice Lucas 3:18 que Juan el Bautista «reprendió a Herodes» por la relación incestuosa que estaba cometiendo (porque Herodías, además, era su sobrina). En Mateo 14:4 se resume la reprensión de Juan: «no debes tenerla como tu mujer». Así de claro.

¿Era esta reprensión una idea del profeta? ¿Era algo que a él no le gustaba, propio de sus fobias y filias? Claro que no. Levítico 18:6 dice: «Ningún hombre debe acercarse a una mujer de su propia familia para tener relaciones sexuales con ella». Y los versículos 16 y 17: «No deshonres a tu hermano teniendo relaciones sexuales con su mujer. No tengas relaciones sexuales con una mujer y con la hija de esa mujer (…). Esa es una conducta depravada, pues son de la misma sangre». Juan no venía a innovar, a implantar nuevas reglas morales o sociales. Lo que Juan decía a Herodes no provenía de su mente sino de lo que Dios mandaba a su pueblo.
Para los romanos, Herodes era el Rey de los judíos. Para Dios y su pueblo, no era más que un depravado, adúltero y arrogante. Juan el Bautista se lo dijo con todas sus palabras.

Bendiciones para el 2009

El mundo se prepara para recibir una de las crisis más anunciadas de los últimos años. Por aquí y por allá escuchamos noticias de caídas, de temblores, de explosiones. Los nubarrones se ven amenazantes. Pero a Jesús le prometimos ser fieles en la prosperidad y en la adversidad.

Este año, casi seguro, miles querrán conocer al Dios que parece lejano en la tormenta pero que en realidad está más cerca de lo que pensamos. Almas sedientas y hambrientas de llenar un vacío que engañosamente cubrieron en la abundancia. ¿Qué les diremos? ¿Les hablaremos bonito o les proclamaremos el evangelio cristiano?

Les diremos que el Maestro no ofrece un calmente, una píldora que se toma en caso de necesidad. Les diremos que ese Maestro pide todo de nosotros y que promete vida eterna. Les recordaremos que en la tumba todos somos iguales y que a los cristianos no nos intimida la idea de morir no por ser suicidas o deprimidos sino porque la muerte es la santificación, el encuentro con el Padre. Todo eso y más habremos de predicar este año. Y quizá lo hagamos mientras recitamos el Padre Nuestro o aquel Salmo que tiene de número 23 y que empieza así:

Jehová es mi pastor

nada me faltará...

Bendiciones, queridos lectores, y nos vemos mañana en la batalla.

«La ciencia no deja mucho espacio para Dios»: Hawking

Dice esta nota de El País:

El científico Stephen Hawking confió ayer en que pronto la ciencia dará, en lugar de las religiones, una respuesta definitiva a cómo comenzó el universo. Las leyes por las que ésta se rige, según Hawking, «no dejan mucho espacio para milagros o para Dios». Y recalcó: «La cuestión es: ¿el modo en que comenzó el universo fue escogido por Dios por razones que no podemos entender o fue determinado por una ley científica? Yo estoy con la segunda opción».

¿Será? ¿No puede ser que acaso la religión del nuevo milenio no tendrá que ver con el universo sino con el ser humano y su trascendencia? ¿No tiene que ver con el más allá? ¿Es el universo ese más allá? ¿No será el más acá? Por otro lado, creo que un ser humano puede ser científico y religioso, que ambos roles no son autoexcluyentes y que, al fin, la salvación no está en este mundo. Max Weber se lo dijo a sus alumnos de sociología hace cerca de 100 años: quien busca la salvación en la ciencia o en la política, está perdido. 

Stephen Hawking en España
Stephen Hawking en España

Sobre amor y verdad

De Schopenhauer en su «Metafísica del amor»:

… puesto que sin verdad no hay arte cabal: «No hay nada bello sino lo verdadero; sólo lo verdadero merece amarse» (Boileau)

Evangélicos ¿a favor de la minifalda?

Ya no entendí. La nota que reproduzco más abajo dice que la Confraternice, donde se agrupan varias iglesias evangélicas, acusa de fariseos a los jerarcas católicos que sugieren que por andar en minifalda una mujer provoca su violación. A mí esta opinión sobre las minifaldas, sin más, me parece estúpida. Pero que sea un pastor evangélico quien califique a los pastores católicos sobre este tema me parece «hipócrita y fariseo». El estereotipo de la mujer evangélica es aquella que va a la iglesia con velo y largas faldas. Ellos, los evangélicos, se han encargado también de propagar estas prácticas «anti-tentación». Es cierto, Jesús llama al corazón (y a la mente, añadiría yo), entonces, ¿dejarían a las mujeres evangélicas entrar de minifalda, sin velo y con maquillaje a sus iglesias?Ahora, el asunto de las prendas podría parecer trivial, pero no lo es. No podemos disociar la carne del espíritu. Y tan es así, que en el Nuevo Testamento hay ordenamientos sobre la vestimenta. Sin embargo, conozco a cristianas que provocarían infartos a evangélicos y católicos por su manera de vestir pero que, lo creo de todo corazón, serían aprobadas por el Señor.

Todo un tema este de cómo deberían vestirse los cristianos.

Evangélicos critican postura católica de prohibir uso de minifalda

Por: Redacción | Nacional Martes 19 de Agosto de 2008 | Hora de publicación: 02:59

La Confraternidad de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice) manifestó su desacuerdo con la postura de la Arquidiócesis de México en torno a que el uso de minifaldas invita al abuso sexual contra las mujeres.

El presidente de Confraternice, Arturo Farela, dijo que la Iglesia Católica pretende imponer a las féminas atavíos de la época medieval; «sólo falta que quieran imponer instrumentos como el cinturón de castidad que obligaban portar a las mujeres».

Indicó que estas posturas reflejan que la Iglesia Católica no se da cuenta de que el fondo del problema radica en el corazón del hombre, en el cual, las iglesias deben hacer una transformación espiritual.

«Jesucristo nuestro Señor y Salvador dice que el problema está en el corazón del hombre o de la mujer, no en el atavío; a nosotros nos parece hipócrita y fariseo, por decir lo menos, que se pretenda culpar a la mujer de los abusos en su contra por su forma de vestir», recalcó.

Destacó que, si bien, las autoridades no pueden inmiscuirse en la vida interna de las iglesias, sí debería hacer un recordatorio a la católica sobre que México es un Estado laico y no confesional.

Fuente: Crónica

Blancarte pregunta: ¿son los evangélicos más conservadores que los católicos?

Me permito copiar aquí la columna de hoy de Roberto Blancarte, toda una autoridad en historia del catolicismo en México y en sempiterna pelea contra la jerarquía y su conservadurismo. Su desatención del protestantismo, sin embargo, hace que su pregunta sea de una retórica chocante. La respuesta se sabe de inmediato y sólo los que no conocen los llamados Nuevos Movimientos Religiosos se sorprenderían de lo altamante conservador que es el movimiento evangélico y protestante en general en México. Incluso la minoría liberal dentro del protestantismo sería etiquetada como conservadora por los estudiosos como Blancarte.

Es más, ¿no es la religión la eterna defensora del status quo? ¿No mira siempre al pasado y cuando lo hace hacia delante sus ojos están en el cielo? La marcha, que aquí documentamos, de hace un año contra el aborto unió a jerarquías católicas y protestantes.

Aventuro una respuesta: los evangélicos son algunas veces más conservadores que los católicos. Otras ocasiones son iguales y unas cuantas, de índole meramente inter-religioso, son menos. Esta afirmación podría documentarse, pero en sí misma no representa ningún hallazgo. Es una respuesta sencilla y obvia. Es una perogrullada. Lo mismo se podría decir del catolicismo. Lo que a mí me intriga, sin embargo, es la lealtad a la agrupación. El sentido común dictaría que cada grupo se una según sus intereses y su forma de pensar. Pero resulta que antes de ser de izquierda, derecha o centro dentro de una iglesia, está primero su identad como parte de dicha organización. Y en esa estamos.

¿Ustedes qué piensan de este artículo?

¿Son más conservadores los evangélicos que los católicos?

Martes, 12 Agosto, 2008

Mi artículo de la semana pasada titulado «El sida, la Biblia y el condón», en el que hablé sobre la campaña de «Católicas por el derecho a decidir» para que los jóvenes usen el condón, utilizando frases del Cantar de los cantares, suscitó algunas reacciones. Pero no las que yo esperaba, es decir, las del Arzobispado católico, al que critiqué por sus absurdos argumentos condenatorios, sino las de algunos evangélicos, igualmente preocupados por el asunto de la castidad y el sexo fuera del matrimonio. Me «acusan» de sacar al Cantar de los cantares fuera de contexto, de hacer una lectura parcial y de no leer suficientemente la Biblia. Defienden una versión conservadora de la exégesis o interpretación bíblica, lo cual no les impide criticar a los sacerdotes católicos. Omito los nombres y sus bendiciones, porque no estoy seguro de que ellos quieran aparecer públicamente, pero repito sus argumentos, los cuales, estoy seguro, ellos reconocerán:

«Usted hace mención a lo que dice el Cantar de los Cantares respecto a la relación entre una pareja, pero creo que le falta ver un poco más allá de lo que dice Salomón a su amada y viceversa. Para poder entender lo que Dios quiere acerca de una pareja debe usted leer otros libros, no solo el Cantar…, puede usted empezar por el Génesis… La Biblia es un libro de sabiduría o inclusive un ‘manual de vida’ en el que Dios nos dicta qué debemos hacer en cada momento… nos dice cómo planificar nuestras finanzas, o cómo educar a nuestros hijos, o… lo que usted quiera, nada más que necesita leerla, estudiarla y vivirla. Y por cierto, los sacerdotes católicos no son los más indicados para explicarla, de hecho me atrevería a firmar que no la conocen bien, como tampoco el pueblo católico, pero esa es otra historia.

«El sexo es un don que nos dio Dios para disfrutarlo con nuestra pareja, pero en matrimonio… el Cantar nunca habla de relaciones sexuales fuera del matrimonio, aunque no lo dice explícitamente, por eso le digo que tiene que leer otros libros de la Biblia para entender por qué le digo que es en el contexto del matrimonio, pero por favor, no se lo pregunte a los sacerdotes católicos, ¿cómo van a entender algo que no practican? ¿Cómo pueden hablar de matrimonio si no se casan? Ahora bien, usted puede estar o no de acuerdo con que el sexo sea para practicarlo nada más en el matrimonio, pero eso es lo que quiere Dios. Usted puede tomar la decisión que quiera, (o cuestionárselo a Dios), porque Él nos da un libre albedrío. En su palabra nos dice qué es lo que debemos hacer, como en los diez Mandamientos, que por cierto no es lo único que nos pide, pero también nos da oportunidad de decidir.»

Otro lector me dice: «Dr. Blancarte, lo único que me gustaría aclarar de su columna, es sin duda que Ud. esta cometiendo el mismo error que achaca a la Jerarquía Católica, Torcer las escrituras para dar a conocer un punto. Aclaro que no soy católico, mas bien mi confesión es de tipo protestante-evangélico, por lo cual creo que la Biblia es la Palabra de Dios y me da gusto que se proclamen sus verdades en Publico, en especial algo que se ha torcido durante tanto tiempo, la valía de la Relación de Pareja, y la bondad del Creador al Regalarnos esto a los Seres humanos, como una imagen del Amor que nos tiene. Le comento que usted esta usando la escritura de forma incompleta porque Menciona en su columna: ‘Porque proponer la abstinencia es precisamente querer apagar el amor y la pasión que la propia Biblia consigna en el Cantar de los cantares.’ Es un argumento falso, porque la Escritura en General y el Cantar de los cantares en específico hablan del contexto para el cual Dios creo el Sexo, el Matrimonio. Véalo por si mismo. Se trata de Dos esposos de quienes se desprende este hermoso texto acerca del amor de pareja. El Sexo es bueno, Dios lo creo, pero esta diseñado para que su disfrute en plenitud sea entre dos personas comprometidas en matrimonio. Sin las consecuencias tristes de las enfermedades y embarazos no deseados (el control Natal no es condenado por la Escritura, solo la conciencia de cada persona le redargüira)[sic].»

Las cartas y argumentos siguen y me parecen muy valiosos, sinceramente. Pero me voy a permitir insistir en mis argumentos: por supuesto que la Biblia, en general, habla del sexo como algo que sucede en el matrimonio. Lo que nosotros conocemos como «la Biblia» no es, sin embargo, un solo libro, sino un conjunto de textos escritos a lo largo de muchos siglos, casi todos en el primer milenio antes de Cristo. Luego los Evangelios al parecer fueron escritos hacia el final del Siglo I de nuestra era. Se trata de textos que en buena media regulan la actividad de sociedades constituidas esencialmente de agricultores y pastores, con una idea naturalmente conservadora acerca de la función de la sexualidad, del papel de las mujeres y del tipo de relaciones permisibles. Pero aún así, por la misma razón, la Biblia no menciona ni la radio ni la televisión, ni la Internet. Tampoco el condón ni la anticoncepción de emergencia. No se puede, a menos que hagamos una lectura muy conservadora en la actualidad, condenar lo que allí no se condena. ¿Tomarán ahora los evangélicos el papel conservador que tuvo durante siglos la Iglesia católica?

blancart@colmex.mx

Fuente: Milenio