El juicio hipócrita

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os volverán a medir. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí, una viga en tu propio ojo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, entonces mirarás claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros; ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Si ya antes, Jesús había acusado a los que se preocupan de las riquezas por su poca fe, ahora lo vemos en un momento que contrasta con el tono del sermón. El Maestro ahora apunta los dardos hacia los hipócritas. Así que aquellos que han considerado a Jesús más parecido a los hippies que al Mesías que vemos los cristianos tendrán acá su golpe de gracia. Jesús demanda la atención total de sus seguidores. Y también pide un comportamiento integral.

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La promesa de la providencia

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si a la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? Por tanto, no os afanéis, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; mas vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el mañana, que el mañana traerá su afán. Bástele al día su propio mal.

Seguimos con el juego de dualidades y con declaraciones evidentes. Jesús menciona aquí comida y vestido, aves y lirios, hoy y mañana, reino y justicia. Y también: las aves que no trabajan y comen, los lirios no se afanan y se visten mejor que Salomón, nosotros valemos más que ellos y, al fin, por muy ansiosos que estemos, ¿servirá de algo al final de nuestras vidas? Otra vez, la música de fondo de todo el mensaje es la muerte. Acaso lo sea de toda la cristiandad.

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Los dos amos

Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a las riquezas.

Algunas de las genialidades del Maestro consisten en enunciar lo que, de tan obvio, nadie dice. Esto ocurre con este pequeño versículo. Cualquiera que haya tenido dos trabajos puede constatar la validez de este axioma. El ser humano no tiene el don de la ubicuidad. Pero incluso si existiera alguien que dijera lo contrario, Jesús se refiere a aquellos que, llamándose cristianos, también quieren consagrar sus vidas a las riquezas.

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Los ojos y la luz

La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Mas si tu ojo fuere maligno, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¿cuánto más lo serán las mismas tinieblas?

Esta pasaje suena raro a los oídos actuales. ¿Por qué habla de ojos, luz y cuerpo cuando el contexto tiene que ver con riquezas? Esta inserción es francamente extraña. Pero, he aquí la importancia de la historia, nos dicen que los ojos eran una imagen para la avaricia / generosidad. A los discípulos reunidos en ese monte les hizo mucho sentido escucharla inmediatamente después de la enseñanza del tesoro en el cielo. Dicho de otra manera, Jesús dice que un avaricioso y envidioso tiene una terrible oscuridad en sí mismo. Lo contrario, un hombre generoso es un ser lleno de luz. Y la pregunta final es intrigante. También es un anuncio: que la oscuridad de un humano puede ser tan sólo el preludio de algo todavía peor. Si los infiernos de este mundo son de angustia y temor, los del otro mundo son peores.

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Tesoros en el cielo

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan. Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla, ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Mis queridos amigos emprendedores, esos que tienen el deseo escondido de ser reyes midas, tienen algunos problemas con esta Escritura. ¿Es la receta para la mediocridad? ¿Jesús no quería a los ricos? ¿O tenía una forma sui generis de asegurar fortunas? Creo que solemos olvidar la hipérbole que está usando el Maestro en estas palabras. Y también nos saltamos el último enunciado: donde está mi tesoro ahí está mi corazón.

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Ayuno en secreto

Y cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; que demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro; para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público.

El ayuno es una de las prácticas piadosas más malentendidas. Algunas veces yo lo he denostado, he pensado que esta sí que es una de esas obras de las que tanto sospechaba Lutero. Incluso he oído a hermanos que me dicen «voy a ayunar por tal cosa». Entre ayunar así e irse de rodillas a algún templo sólo hay diferencia de grado. Así que algunas veces he concluido que el ayuno no es para los cristianos. Pero el Maestro no está aboliendo la práctica de dejar de comer. Lo que condena es la forma, al igual que en la parte de la oración y de la generosidad.

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Reciprocidad

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros. Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

¿Ley del talión revisitada? Es más bien el principio de reciprocidad. El famoso «ojo por ojo» se refiera a delitos. Esta parte concentra la atención, una vez más, al otro, a la importancia de estar en paz con el prójimo y apela, en última instancia, a la humildad. Porque no hay otra manera de perdonar sino por medio de la humildad. Jesús repite dos veces la parte del perdón de ofensas en un mismo tema (la oración). ¿Cómo podríamos orar al Dios cuyo sinónimo es amor si estamos llenos de rabia y resentimiento? No seríamos más que vulgares actores, protagonistas de un bello pero vacío rito.

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No nos metas en la tentación

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre. Amén.

¿Por qué hay que pedir a Dios para que no «nos meta» en una tentación? ¿Tenemos un Padre al que le gusta probarnos? ¿Tiene la capacidad de «dejarnos caer»? Quizá lo que el Maestro enseña tiene una resonancia en el Edén. Puede estar diciendo: «no dejes que seamos como Adán y Eva, no dejes que la serpiente se acerque, ayúdanos a ser obedientes». En todo caso, ¿por qué no habría de «meternos en tentación»? ¿Acaso un maestro no examina a su alumno? Dios, en su soberanía absoluta, podría permitir que uno de sus ojos pase cerca de una tentación. Quien lo tienta no es Dios sino lo interior del hombre. Pero si ese creyente recuerda a su Señor antes que sus gustos y placeres egoístas, entonces la prueba será superada.

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Perdona como nosotros

Y perdónanos nuestras deudas (ofensas, pecados), como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores (los que nos ofenden, nos hacen mal).

Esto se llama reciprocidad. Si somos hechos a imagen y semejanza de Dios, es entendible que tengamos la capacidad de hacer lo mismo que Él. Es decir, si somos culpables ante el Padre a causa de nuestras transgresiones, ¿cómo podríamos ser absueltos? Sólo por medio de su perdón. No hay forma de pagar una multa para resarcir nuestra falla. Jesús personificará esta multa y con ello nos dará la salvación. Esta es una verdad doctrinal. Sin embargo, lo que vemos en este versículo es más que una sesuda reflexión teológica, es más bien un profesión simple: así como nosotros pedimos, así también debemos dar. Si solicitamos perdón, también tendremos que darlo.

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El pan nuestro

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

«De cada día»: nos dicen que es una expresión extraña que puede ser traducida de diversas maneras, una de ellas podría ser «necesario». Cuántas referencias y reflexiones saldrían de este pequeñísimo versículo. Podríamos empezar, de nuevo, con el pronombre posesivo en primera persona del plural. La petición es colectiva. Es el pan que todos nosotros necesitamos y por el que pedimos. No es un asunto egoísta. No se pide por «mi» pan. El Maestro enseñó a pedir también por el prójimo. Qué contradictorio habría sido enseñar a respetar al otro y luego orar sólo por las necesidades egoístas del creyente. Si hay que pedir, pidamos también por los compañeros de ruta.

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Venga tu reino

Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra, así como en el cielo.

La primera petición, luego de la doxología, es que su reino se haga sentir en la tierra así como ocurre en el cielo. La segunda petición implícita en este corto enunciado es una renuncia al egoísmo del ser humano: primero su voluntad y luego la nuestra. No nosotros sino Él.

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Santificado sea tu nombre

Ustedes, pues, oren de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tu nombre.
Este es el inicio de la pequeña oración.

Dejemos a un lado las especulaciones su origen y centremos nuestra atención a lo que más importa: la síntesis del caracter cristiano que inicia con una profesión de fe que da cuenta del caracter social del Nuevo Camino. Porque a lado de «Padre» viene un pronombre posesivo en primera persona del plural. Aprecio y respeto a los cristianos que cuando oran dicen «mi Dios». Sin embargo, la enseñanza del Maestro es muy clara: la espiritualidad alcanza su mayor y más acabada expresión en la comunidad. No es mi dios particular, es el Padre universal.

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La oración

Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Y al orar, no usen ustedes repeticiones sin sentido, como los Gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no se hagan semejantes a ellos; porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que ustedes lo pidan.

¿Cómo no tener en mente «las repeticiones sin sentido» que escuchamos en los rezos de muchos creyentes de hoy? ¿Es un asunto de liturgia? ¿Y cómo pasar por alto los grupos de cristianos que se reúnen en las esquinas de las calles y oran con visible fervor ante la mirada atónita (o acaso indiferente) de los transeúntes? En lugar de oraciones fervorosas demostramos actitudes arrogantes.

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Limosnas e hipocresía

Por eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

La Versión Popular traduce: «que ni tu amigo más íntimo se entere». ¿Por qué ayudamos a los necesitados? ¿Para presumir a otros lo bueno que somos? ¿Para que escuchemos los aplausos de amigos? ¿Para limpiar nuestra conciencia? No. El cristiano se da a sí mismo en el secreto de la soledad porque Dios bendecirá sobre todas las cosas. Los seguidores del Maestro debemos huir del aplauso, por muy bien intencionado que este sea.

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El sentido de la piedad

Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos.

¿A qué justicia se estará refiriendo Jesús? ¿No nos había dicho antes que nuestra luz debía brillar delante de los hombres? Sí, pero a lo que se refería en esa cita era a las obras. Aquí está hablando de prácticas piadosas. Visto en retrospectiva, es decir, desde la cruz, de lo que habla es de cómo vivir la salvación puesto que ésta sólo viene por medio de la justificación. O en otras palabras, aquí tenemos la interpretación de Jesús sobre la praxis. Y, lo veremos, ésta no es sino una actitud personal, íntima, de cercanía con el Dios al que también oraba Jesús.

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Amar al enemigo

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en el cielo; porque Él hace que su sol salga sobre malos y buenos; y envía lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también así los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los publicanos? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en el cielo es perfecto.

Ese último versículo resuena en los oídos de los seguidores de Jesús como la alarma que despierta almas dormidas. Con eso termina esta primera etapa del sermón, donde las relaciones entre hermanos están en el centro del blanco. La hipérbole perfecta: ser como Dios. ¡Vaya desafío del Rabí de Galilea!

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La otra mejilla

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis el mal; antes a cualquiera que te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y a cualquiera que te demandare ante la ley y tomare tu túnica, déjale tomar también la capa; y cualquiera que te obligare a ir una milla, ve con él dos. Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no le rehúses.

Esta es una de las escrituras que más provoca mofa entre creyentes y no creyentes. Para unos es la muestra de la ingenuidad total, para otros es una regla prácticamente imposible de cumplir. Unos quieres aprovecharse de ella y otros violarla. El Maestro ha abrogado la famosa ley del talión y en su lugar ha impuesto un principio superior: mantén cualquier relación en paz. No es que estas palabras signifiquen sólo sumisión total, también quieren decir paz entre hermanos. Jesús parece decir: detén cualquier pleito a cualquier precio. Hay un recuerdo de la bienaventuranza a los pacíficos.

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El juramento

Además, oísteis que fue dicho por los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Mas sea vuestro hablar: Sí, sí: No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

Jesús visita ahora el tercer mandamiento. Ahora se trata de cambiar por completo el concepto de la integridad. Es sentido común, y así lo interpretaron los religiosos de la época, que si uno jura, uno debe cumplir. Sin embargo, el Maestro también deja ver su pragmatismo: ni siquiera jures. El grado de juramentos iba del cielo a la cabeza de uno mismo. Hoy mismo podemos escuchar a algunos que dicen «te juro por mi madre…», «te juro por Dios». ¿No saben lo que están diciendo o se hacen los occisos? Para que no quedara duda, Jesús lo explica claramente. Si uno jura por lo más divino, está poniendo de albacea a un Dios más grande que cualquier promesa superficial. Si lo hace por uno mismo, de poco sirve pues poco control se tiene sobre el destino personal. Así que aquí queda establecida la integridad de un cristiano: ha de cumplir con lo que dice. La sola palabra debiera bastar para respaldar la acción futura de un seguidor de Jesús.

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Adulterio y deseo

Oísteis que fue dicho por los antiguos: No cometerás adulterio. Mas yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea lanzado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que uno de tus miembros se pierda, y no que todo tu cuerpo sea lanzado al infierno. También fue dicho: Cualquiera que repudiare a su esposa, déle carta de divorcio. Pero yo os digo que cualquiera que repudiare a su esposa, salvo por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la divorciada, comete adulterio.

El problema no es la belleza, ni que una mujer use atuendos sensuales. Tampoco es que vivas en el trópico, en una ciudad calurosa donde lo más cómodo sea vestir con ropa ligera. Lo malo no es que pase una mujer o un hombre desnudo frente a ti. Jesús convivió con prostitutas, así que sabía lo que decía. El pecado no está en el otro sino en ti. La mujer no es culpable de usar vestidos o blusas cortas. No. Jesús responsabiliza al mirón y lo condena con firmeza: codiciar a una mujer es caer en adulterio.

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El odio, el enojo y el homicidio

Mateo 5:21-26

Oísteis que fue dicho por los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare estará expuesto a juicio. Mas yo os digo que cualquiera que sin razón se enojare contra su hermano, estará en peligro del juicio; y cualquiera que dijere a su hermano: Raca, estará en peligro del concilio; mas cualquiera que le dijere: Fatuo, estará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si trajeres tu ofrenda al altar, y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra ti; deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve, y reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Concíliate presto con tu adversario, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante

Jesús ha venido a darle plenitud a la ley de Moisés. Esa plenitud viene de amar al prójimo como a uno mismo. Es más importante cuidar las relaciones entre hermanos que un rito religioso. A partir de esta enseñanza, el Maestro va a redefinir el sentido de los diez mandamientos. Y elige justamente aquellos que atañen al otro.

Sus palabras son duras y el patrón de comportamiento es francamente antinatural. ¡Pero justamente eso quiere decir «morir a uno mismo»! Si alguien te ofende, lo más natural es que te enojes, que lo insulte, que pelees. Cuán olvidados son estas palabras de Jesús. No es raro encontrarnos con pleitos en la calle, cuando uno va en el auto, o cuando va caminando. Hay algunos que rezan todos los días, que se cuelgan, pegan, tatúan símbolos cristianos y, sin embargo, insultan e injurian a… ¡los que también llevan símbolos cristianos! Creyentes y violentos, tiene en su boca las palabras dios y jesús pero pelean igual que los que no siguen a Jesús.

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La ley y Jesús

Mateo 5:17-21
No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo sea cumplido. De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Siempre me ha intrigado este pasaje. Lo leí por primera vez hace más de diez años y sentí una especie de vértigo luego de leer las bienaventuranzas. ¿Qué quería decir Jesús con eso de que no venía a abolir la ley? ¿Por qué Pablo parece contradecir este pasaje? ¿No leemos en la interpretación paulina que la Ley y los profetas se resumen en Jesús? Si abolimos la circuncisión, el sabath, el diezmo, ¿no estamos quebrantando la ley y los profetas? Y todavía más punzante: ¿debemos ser más estrictos en el cumplimiento de la ley que los «odiosos» fariseos y escribas? Más de uno podría concluir que para entrar al reino de los cielos uno debe ser sumamente religioso. Estas palabras no son de digestión sencilla.

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Salados e iluminados

Mateo 5:13-16

Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.

Dice la famosa wikipedia: «La sal es el condimento más antiguo usado por el hombre y su importancia para la vida es tal que ha marcado el desarrollo de la historia en diversas fases». Para Jesús sus seguidores deberían ser el condimento más importante, los que marcan la historia, quienes dan sabor a la historia. Los discípulos del Maestro galileo son importantes y él lo enfatiza en este pasaje.

¿Por qué Lutero se asustó tanto de las «obras»? La respuesta daría pistas sobre el momento histórico de la reforma protestante y del talante teológico del monje agustino. Jesús lo dice claramente en este evangelio: el cristiano no lo es por una disposición exclusiva de la mente o el corazón (o donde se aloje la fe). Por eso las comparaciones con dos de los elementos más importantes para la vida humana. Lo que está enfatizando es la utilidad. La sal sin sabor no es más que polvo incómodo y la luz escondida es lo mismo que la oscuridad manifiesta. Así son los cristianos que se esconden detrás del amuleto de la sola fide para excusarse de las buenas obras que aquí promueve Jesús.

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El día de Pentecostés

Hechos 2

Lo diré desde el principio: no vas a encontrar definiciones absolutas en esta reflexión. No sé si este evento sólo fue una vez o si se tiene que repetir, no sé si aquí se inauguró la iglesia o si ese evento fue antes, tampoco si debemos aspirar a tener el don de la glosolalia o si hablar en español (o en tu idioma) baste y sea suficiente. Tengo mis propias creencias al respecto pero jamás llegaremos a un acuerdo con los que creen lo contrario. Ambos podemos decir siempre «la Biblia dice» o «la Biblia no dice» y de ahí no movernos hasta la llegada de Jesús. Así que no me importa si eres carismático, de los que creen que los dones han cesado o si estás a la mitad de esos caminos. ¿Crees en Jesús? Yo también.

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Dónde está oh muerte tu aguijón

1 Corintios 15:55-57

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo.

Ateos y agnósticos lo deben reconocer: no hay salvación en este mundo. La ética más elevada, la más noble, toda es temporal y, por lo tanto, se derrumba ante la muerte. Por eso entre ateos la muerte es más «respetada» que Dios. Como un hecho palpable, la muerte representa la barrera infranqueable que ningún ser humano ha podido violar. Todos podemos ir de aquí a allá pero nadie lo hace de allá para acá. El más allá no es científicamente comprobable. Lo único comprobable es que el cuerpo humano se deshace, se corrompe; huesos y carne llenos de gusanos, olores nauseabundos, ahí termina la experiencia humana. Y, por lo tanto, ahí terminan las ideas de los más grandes pensadores de la humanidad.

El llanto de la muerte. El llanto que es egoísta. Lloramos porque ya no vamos a ver y sentir. Si vas a morir, ¿por qué llorar? Porque te gusta, porque aparece el egoísmo. En todo el proceso luctuoso hay ego. Yo, yo, yo: los «tanatólogos» tratan de paliar ese yo con el «otro». Déjalo ir, tú no eres culpable, vive y deja vivir, frases para el yo. Si alguien murió, ¿por qué lo lloras? Lo mismo: soy yo quien ya no lo voy a ver, soy yo el que no va a gozar de esta persona. El egoísmo pulula en el ser humano. El orgullo es el cáncer del alma humana.

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Los perseguidos por causa de Jesús

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Regocijaos y alegraos; porque vuestro galardón es grande en el cielo; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Aquí está la parte que muchos quisieran saltarse. La parte comprometedora del mensaje. El círculo se cierra: Jesús es la verdad y por la verdad vale la pena ser insultado y perseguido. Es el compromiso máximo de un seguidor. Un discípulo de Cristo lo seguirá cuando esté en las buenas y, principalmente, en las malas. Los grandes hombres han sido siempre perseguidos, incluso los profetas, personas que «el mundo no merecía», fueron acerrados por la mitad, apedreados, maldecidos por la sociedad. Jesús mismo padecería la más ignominiosa de todas las muertes imaginables en esa sociedad del siglo I.

Es cierto que estas verdades son universales. Escuchemos al crítico que, con el Eclesiastés dirá, no hay nada nuevo bajo el sol, ya Buda lo había enseñado antes. Quizá. Pero lo que el Maestro está diciendo aquí es una prevención contra los malos entendidos: este es el camino que el Hijo de Dios está trazando y sus seguidores deberán pasarlo les guste o no. Ahí, en obedecer al Señor, se demuestra quién es cristiano de verdad y quién cristiano de teatro. Porque, hasta la bienaventuranza anterior, todo el mundo podría estar de acuerdo. Podríamos crear un programa ético y cultural basado en estas pequeñas sentencias. Está de moda aquello del multiculturalismo, tolerancia, responsabilidad social. Pues bien, el programa del Maestro podría ser planteado por un no creyente y todos aplaudirían. La izquierda diría que ese es el programa histórico de los movimientos progresistas de todas las épocas. La derecha diría que ese es el objetivo final de toda política pública. Secularicemos el sermón de la montaña y seamos felices.

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