El líder fundador explicaba su método de manera muy simple: Misioneros extranjeros plantan una iglesia. Los miembros locales crecen, vigilados por esos misioneros. A su debido tiempo, los misioneros regresan a casa o se van a plantar otra misión y los locales son nombrados líderes. Estos líderes nacionales entrenarían a su vez a nuevos y […]

¿Qué quieren decir los cristianos cuando dicen que tal cosa es «bíblica»? En el mundo protestante, se dice que algo «es bíblico» para vestirlo con legitimidad. Al ser la Biblia la máxima autoridad, el libro sagrado, todo debe tener una referencia al texto. Pero las preguntas se acumulan. ¿Qué es «todo»? ¿Todo lo que la […]

Si uno quería tener novia, el proceso que tenía que pasar era un tanto tortuoso. Empezaba con ir con su discipulador quien le contaba al líder. Éste le decía a la discipuladora de la hermana quien, a su vez, iba con la líder. Ellas dos (o solo la discipuladora) le preguntaban a la hermana. Si […]

Suponga que yo convenzo a cuatro personas de que cada una me regale cien pesos. ¿Qué les doy a cambio?: una fórmula, forma, método o técnica para que ellas a su vez convenzan a otras cuatro personas de que les den cien pesos. En un solo paso, yo habré tenido 400 pesos. Si ellas convencen […]

Descubrimos algo: las iglesias institucionales tienen la necesidad de inventarse legiones de fantasmas y castigos porque, frente ese mundo salvaje de «afuera», les urge que el creyente las considere indispensables y únicas protectoras.

En ese momento muchos hermanos se quiebran. Como los israelitas en el desierto, prefieren la comodidad de la esclavitud (al menos tenían seguro techo y comida) que la libertad del desierto, donde comían siempre lo mismo y no parecían tener claro el rumbo. Extrañan lo bonito que, definitivamente, hay en sus jaulas religiosas: sus amigos, fiestas, excursiones, abrazos, risas. Olvidan que _eso_ les quitó y les desvió de otro propósito: construir una relación personal con Dios. No estamos en una iglesia porque haya amigos sino porque esos amigos nos ayudan a crecer y a conocer en y con Dios.

Cuando un grupo religioso decide unilateralmente poner palabras a la Escritura, cae en la categoría de demoniaco. Por muy buenas intenciones que parezcan.